
El Principio Inquebrantable de la Honradez
Los verdaderos cristianos que hemos nacido de nuevo, debemos ostentar una honradez inquebrantable. Lo veremos a continuación de acuerdo a la Biblia.
Los verdaderos cristianos que hemos nacido de nuevo, debemos ostentar una honradez inquebrantable en cualquier tipo de transacción, ya sea comercial, familiar o de cualquier otra índole, porque los negocios no deben apartarnos de Dios.
El Principio Inquebrantable de la Honradez
Ni la avaricia, ni la ambición, ni ninguna falta de honradez pueden formar parte de nuestros asuntos financieros porque no solamente afectan a nuestro prójimo, sino que ofenden profundamente a Dios al punto de romper nuestra sana relación con Él.
Dice en Proverbios 19:23 que «el Señor aborrece las pesas falsas y reprueba el uso de medidas engañosas«. Eso significa que Dios está en contra de cualquier clase de fraude o trato desleal.
A veces puede llegar a suceder que se nos presente la oportunidad de engañar a alguien, o tomar ventaja de este en algún negocio en el cual podamos obtener alguna ganancia sin que se dé cuenta, y nos aprovechamos de la situación pensando que no habrá ninguna mala consecuencia para nosotros, pero cuidado!!
Recordemos que Dios siempre está en control de todo, y vigila cada uno de nuestros actos. Dios ve todo lo que pasa en el mundo porque «sus ojos están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos», Proverbios 15:3.
Para el Señor no hay nada escondido, porque para Él somos libros abiertos y puede conocer nuestros pensamientos e intenciones del corazón aun antes de que actuemos.
Dios jamás aprobará ninguna conducta falsa, porque El aborrece el egoísmo y la codicia, sentimientos cuya marca solo proviene de satanás. Dios está tan en contra de las negociaciones fraudulentas, que pagará con la misma moneda a quienes actúen de esa manera.
La Biblia es muy clara cuando dice: «Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará«, Gálatas 6:7. De tal manera que si sembramos fraude y engaño, eso recibiremos de vuelta, pero multiplicado con creces.
Dios puede traer mucha prosperidad a quien trabaje honradamente y con integridad, pero su maldición recaerá sobre todo aquel que defraude a su hermano, porque Él tiene que velar sobre todas las criaturas del mundo.
La Inquebrantable Honradez de los Hijos de Dios
Debemos tener una honradez inquebrantable y basar nuestros negocios sobre los inquebrantables principios de Dios, ya que como Creador del universo que es y estando al frente de todos los intereses de su pueblo, no podremos excluirlo de ningún asunto.
El Señor es justo, siempre velando por los derechos de todos y su mano poderosa se proyecta como un escudo sobre toda criatura, de tal manera que al ir en contra de los derechos de alguien, estamos yendo directamente en contra de Dios, y eso es demasiado grave.
Toda transacción nuestra deberá estar respaldada por Dios, pues de lo contrario tendrá la repulsiva influencia del diablo, y será rechazada por el Creador.
Actuemos siempre de manera recta y con honradez, tanto en los asuntos pequeños como en los grandes. No debemos creer que si el fraude es menor, no será tan grave, porque para Dios todo lo que vaya en contra de sus principios es un pecado grave.
Las cosas pequeñas de la vida son las que al final determinan nuestro verdadero carácter, y nuestro grado de sometimiento a Dios.
Por eso Jesús dijo: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más lo será; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más lo será», Lucas 16:10.
Debemos obrar correctamente en los asuntos de mayor importancia, pero la fidelidad y el buen desempeño en las cosas mas pequeñas de la vida, nos capacitarán para ocupar posiciones de confianza y mayor envergadura.
Recordemos que somos embajadores de Cristo ante el mundo y la forma en la que nos desempeñemos en nuestros asuntos diarios, vale mucho mas para aquellos con quienes nos relacionamos que cualquier doctrina, sermón o enseñanza.
El mundo nos vigila, y si somos cristianos estará atento a cada uno de nuestros actos. Actuemos siempre con responsabilidad, y que nuestra rectitud e integridad sean el mejor testimonio que demos de Cristo ante el mundo, porque de lo contrario, estaremos negándolo de manera vergonzosa; además de estar marcando nuestro destino final lejos de su presencia.
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