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Resurrección Espiritual o Nuevo Nacimiento

La Resurrección Espiritual o Nuevo Nacimiento

La Resurrección Espiritual o Nuevo Nacimiento

La Resurrección Espiritual o Nuevo Nacimiento es el engendramiento de Dios en nosotros, y lo veremos a continuación.

Para resucitar con Cristo aquí en la tierra (es decir, resucitar espiritualmente), tenemos primero que morir. Porque si el grano de trigo no cae y muere, no se vivifica (Juan 12:24).

Es morir a las debilidades de la carne, morir a la maldad, y morir a esa naturaleza pecaminosa que traemos desde que nacemos físicamente, para resucitar a una nueva vida en Cristo.

En Colosenses 3:1-4 dice lo siguiente: «Si pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Y cuando Cristo, que es vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria».

Aquí el apóstol está hablando de nuestra resurrección espiritual en nuestro peregrinaje terrenal, pero también de la resurrección física de los muertos en Cristo, durante su segunda venida.

Y para poder resucitar en la Venida del Señor (una vez hayamos muerto), tenemos que resucitar primero de manera espiritual aquí y ahora, porque la Vida Eterna se recibe cuando resucitamos con Cristo.

Y se da cuando nacemos a una nueva vida espiritual, después de haber muerto al mundo y sus deleites; después de haber muerto a la antigua vida que solíamos tener siempre, antes de conocer a Cristo; y después de haber muerto al YO, que nos ha manejado desde que tenemos uso de razón.

Y una vez morimos con Cristo y renacemos a una nueva esencia, ya las cosas materiales deben pasar a un segundo plano y los placeres y deleites del mundo deben desaparecer por completo para nosotros.

En efesios 2:1-7 Pablo enfatiza esta verdad al expresar lo siguiente:

«Antes de conocer a Cristo todos estamos muertos en transgresiones y pecados, conforme a los poderes de este mundo y conducidos por el que gobierna las tinieblas, y que ahora ejerce su poder en los que viven en desobediencia.

Sin Cristo entonces vivíamos impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos y deseos, pero bajo la ila ira de Dios.

Sin embargo, Dios que es rico en misericordia, por su gran amor para con nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia hemos sido salvos!

Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús».

Somos pecadores por naturaleza, y nacemos literalmente condenados; nacemos muertos en delitos y pecados, pues solo cuando creemos en Jesús es que alcanzamos la redención, de tal manera que los que no creen en Él, están perdidos.

El apóstol lo aclara muy bien en Juan 3:17-18 cuando dice: «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios».

De tal manera que si no creemos en Cristo ya estamos condenados, pero si creemos, Dios nos da el derecho a ser sus hijos. Veamos lo que dice Juan 1:12-13:

«A los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios».

¿Pero qué es creer? Creer es más que reconocer que algo es real y verdadero. Creer es confiar, es seguir y es también obedecer cuando nos referimos a creer en Cristo. Creer en Cristo es someternos a su Santa Voluntad, y estar dispuestos a ser transformados por Él.

Resurrección Espiritual o Nuevo Nacimiento

Dice el Señor a través del profeta: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra«, Ezequiel 36:26-27.

El engendramiento de Dios, el ser renacidos o ser engendrados por el Espíritu Santo, es una obra sobrenatural, es un milagro que Dios hace en nosotros.

Es el resultado de creer en Cristo, de recibirle, de aceptarle y de reconocerle, no solo como el que pagó nuestros pecados, como el que saldó nuestra deuda de maldad y perversión ante Dios sino como nuestro Señor, nuestro amo, nuestro dueño, porque nos ha comprado por un incalculable precio y le pertenecemos.

La Vida Eterna se recibe cuando resucitamos con Cristo, cuando nacemos de nuevo, porque si el grano de trigo no cae y muere, no se vivifica.

La Salvación es más que una doctrina y más que una aceptación. La Salvación es y se da por la persona de Jesucristo y por eso tengo que recibirlo, aceptarlo y reconocerlo como mi Salvador, mi dueño y mi Señor, honrándolo con mis pensamientos, mis palabras y mis actos, y reflejando siempre su carácter abnegado y amoroso hacia mis semejantes.

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Esta entrada fue publicada en julio 10, 2022 por en Vida Eterna y etiquetada con , .
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