
Cultivando el Amor de Cristo
Todo cristiano verdadero debe cultivar el amor de Cristo con el fin de cosechar almas para la eternidad, y lo veremos ahora.
El amor de Jesucristo es el que une a los seres humanos convertidos, con el infinito amor de Dios.
Es un amor puro, perfecto y desinteresado que forma parte de un corazón nuevo, un corazón renacido, restaurado; es el amor que sale del corazón de carne que solo Cristo puede dar a quienes esten dispuestos a recibirlo.
Un corazón capaz de obedecer uno de los mandamientos mas importantes que Cristo determinó para sus escogidos. El dijo:
«Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros«, Juan 13:34-35.
El cumplimiento de ese gran mandamiento que el Señor nos dejó antes de su partida, es el que determinará quienes son verdaderamente sus hijos, sus discípulos, sus seguidores; aquellos escogidos que tendrán el maravilloso privilegio de ser llevados al cielo, junto con El, en su segunda venida.
Cultivando el Amor de Cristo
Como discípulos de Cristo, todos debemos cultivar y hacer crecer esa maravillosa semilla del amor puro y verdadero de Cristo en nuestros corazones.
Un amor perfecto que se da sin reservas a Dios y al prójimo, del mismo modo que Cristo nos ha amado, porque ese amor debe ser el reflejo de su amor. «Nosotros le amamos porque El nos amo primero», (1 Juan 4:19).
Y por eso que el apóstol nos exhorta: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor», 1 Juan 4:7.
El reflejo y la prueba más clara del amor que le tenemos a Dios, es el amor hacia nuestros hermanos porque «si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? De tal manera que el que ama a Dios, ame también a su hermano», 1 Juan 4:20-21.
La Cadena del Amor entre Dios y los Hombres
La cadena del amor entre Dios y los hombres gracias al eslabón perfecto de unión que es Cristo, es inquebrantable e incorruptible.
Es una gran cadena reforzada, que satanás no podrá romper jamás, porque está hecha con el ingente poder de Dios y Jesucristo, para mantenernos unidos entre nosotros con Él.
Es una cadena poderosa que puede unir a todos los creyentes entre sí, y a estos con el infinito amor de Dios, creando una gran fortaleza, incapaz de albergar algún mal sentimiento humano, como el egoísmo, la obstinación, la envidia, el odio, el engaño, la traición o el resentimiento.
Porque donde reina el amor puro y verdadero que viene del eterno, ninguno de esos malos sentimientos puede existir.
Así pues que «si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nuestros corazones, y su amor se perfecciona en nosotros, porque aunque nadie ha visto jamás a Dios, si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros», 1 Juan 4:12.
Ese es el maravilloso privilegio del amor de Dios, que nos puede elevar de esa condición caída y pecaminosa, al nivel de hijos de Dios puros y santos, porque su naturaleza divina llega a ser parte de nuestra misma esencia también.
Y es un amor que se goza en el dar y el ayudar sin esperar nada a cambio, porque aprendemos a disfrutar mas de dar que recibir, por el simple hecho de poder servir o de suplir una necesidad en el otro.
Es por eso que satanás no tiene ningún poder allí, porque ante la fuerza del amor puro, desinteresado y sincero, él está perdido, y tiene que huir sin remedio.
Porque al amar como Cristo nos amó, quiere decir que estamos viviendo bajo los parámetros de Dios, sometidos a su Voluntad y cuando estamos sometidos a Dios le estamos dando la espalda al diablo, y el tiene que huir despavorido porque no tiene nada que hacer con nosotros (Santiago 4:7).
En conclusión, debemos cultivar el amor de Cristo, y lo logramos cuando nos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. Pero el que no ama no tiene nada que ver con Dios, porque Dios es amor.
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