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Amistad Con Cristo

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La amistad con Cristo es enemistad con el mundo, porque no podemos ser amigos de Cristo y del mundo a la vez. Lo veremos según la Biblia.

Cristo dijo: «Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes», Juan 15:14-15.

Jesús nos da el maravilloso privilegio de ser sus amigos en vez de sus siervos. Sin embargo, no quiere decir que exista igualdad entre Él y nosotros, ni en que podamos tratarlo con irreverencia.

Por el contrario, esa amistad se fundamenta en reconocerlo como nuestro Señor, quien por su amor y sacrificio nos da el privilegio de darnos a conocer, a través del Espíritu Santo, todo lo referente al plan de Salvación.

Ese gran privilegio de amistad con Cristo dependerá de nuestra obediencia a sus principios, de tal manera que la amistad con Cristo es condicionada, por lo que no todos pueden ser sus amigos.

Pero además, esto significa que si somos cristianos y verdaderos hijos de Dios, ya no podemos ser amigos del mundo, porque aunque tengamos que vivir en el mundo, ya no pertenecemos a él.

Amistad Con Cristo es Enemistad con el Mundo

No podemos pretender ser amigos de Cristo y amigos del mundo también, porque seguir a Cristo es renunciar al mundo definitivamente.

La Biblia es muy clara cuando dice en Santiago 4:4 que «cualquiera que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios».

Cristo nos ofrece una eternidad con El en el cielo, mientras que el mundo, regido por satanás, nos ofrece placeres mundanos que nos separan de Dios.

Veamos lo que dice en 1 Juan 2:15-16: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo».

Nada de lo que ofrece el mundo proviene de Dios y si no proviene de Dios, significa que está en contra de El, y no es de su aceptación.

Dios no quiere un corazón compartido, sino una entrega completa; nuestro valor ante Dios depende de nuestra unión con Cristo, porque en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y solo podemos estar completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad, (Colosenses 2:9).

Pero esa unión no se puede dar si seguimos aferrados al mundo y a sus vanas costumbres. Recordemos que el mundo es del diablo y si estamos en él, le estamos dando la gloria al enemigo de Dios, y le damos la espalda a nuestro Salvador.

Dios es el único que puede elevar nuestra dignidad como seres humanos al máximo, y solo a través de la justicia de Cristo que nos es imputada de manera gratuita, al arrepentirnos de corazón de nuestros pecados y someternos por completo a
su Voluntad.

Es cierto que estamos en el mundo pero si queremos la vida eterna tenemos que escoger seguir a Cristo, abstrayéndonos por completo de los frívolos placeres materiales, para que a través del Espíritu Santo podamos elevarnos a los altos niveles de pureza, santidad y perfección de nuestro amado Salvador.

Porque al escoger a Cristo, El nos da su propia gloria. El dice mientras se dirige en oración al Padre: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad», Juan 17:22-23.

Esa perfección que tenemos que alcanzar para llegar al cielo, solo dependerá de nuestra unión con Cristo. Jesús quiere que seamos uno con Él, así como Él es uno con el Padre, y eso se logra solo a través de la perfecta obediencia a sus mandamientos y principios.

En conclusión, Dios nos ha tomado de en medio de un mundo perverso y ruin para que seamos sus escogidos.

Cristo quiere que seamos sus amigos, pero entendiendo que esa amistad tiene que ver con el enorme amor que Él nos tiene y que tendrá que ser correspondido de parte de nosotros con nuestra obediencia y completa sumisión a su soberanía y absoluta autoridad.

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Esta entrada fue publicada en junio 17, 2022 por en Dios habla hoy y etiquetada con , .
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