
El Poder de la Gracia
La Gracia de Cristo es la que nos reviste de poder para hacer su voluntad y transformar nuestras vidas. Lo veremos de acuerdo a la Biblia.
Mucho se habla acerca de la Gracia. Se dice por ejemplo que somos salvos por Gracia. Eso es cierto, y significa que la Salvación es un don de Dios, dado que nuestra deuda de pecado con Él es tan grande, que por obras nos habría quedado imposible ser salvos (Efesios 2:8-9), porque siempre hubiéramos quedado en deuda.
Pero muy poco se habla del poder de la Gracia, porque la Gracia de Cristo no solo nos ha justificado, sino que esa misma Gracia tiene el poder de transformarnos en una nueva criatura.
El Poder de la Gracia
Es la Gracia de Cristo la que nos reviste de poder para hacer su voluntad. No podemos vivir en un mundo cruel y despiadado como el de hoy, sin la maravillosa Gracia de Cristo para enfrentarlo.
Es su Gracia la que nos ayuda a vencer las tentaciones. Y es también esa Gracia, la que nos da la fortaleza para superar las difíciles pruebas de este mundo tan caótico.
Pero el poder está entre la Gracia de Cristo y nuestra Fe porque la Gracia en si misma no tendría ningún valor para nosotros si no la potenciamos a través de nuestra fe.
Por eso el apóstol dice en Hebreos 4:16 lo siguiente: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».
Cada día debemos buscar esa maravillosa Gracia de Cristo que viene a ser la que nos impulse a mantenernos firmes en el Señor. Porque la Gracia viene a ser esa fuente inagotable que viene de Cristo, y de la que tenemos que tomar cada día, para alimentarnos y para nutrirnos espiritualmente. Jesús dijo:
«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él», Juan 7:37-39.
Esa es la inagotable Gracia de Dios, que a través de su Santo Espíritu obtenemos esa fuente sobrenatural de vida y de poder para hacer lo que por nosotros mismos jamás lograríamos.
Cómo Alcanzar el Poder de la Gracia
¿Pero cómo podemos alcanzar el maravilloso poder de la Gracia? Solo hay una forma, y es a través de nuestra íntima comunión con el Señor. Pero veamos lo que significa la palabra comunión.
Según el diccionario, comunión significa «unión de dos o más cosas en lo que tienen en común«. Por ejemplo, dos personas deciden casarse y empiezan a tener una íntima comunión, porque están compartiendo sus vidas, los hijos que vienen y muchos gustos y deseos en pro de su relación.
Todas esas cosas tienen en común. Ahora bien, tener comunión con Dios significa entonces que nosotros compartimos con El sus ideas, filosofía, doctrina y creemos en sus principios para obedecerlos como El nos demanda.
Cuando llegamos a tener esa comunión con Dios que la alimentamos y fortalecemos con la ferviente oración y el estudio constante de su Palabra, entonces esa Gracia de Cristo que es la fuente de vida, nos hace crecer interiormente y nos empodera para enfrentar lo peor de este mundo que perece, mientras nos prepara para nuestro destino con Cristo en el cielo.
Todo eso lo podemos lograr solamente si permanecemos en Cristo porque sin Él nada somos, y nada bueno podremos lograr. Él mismo lo dijo en Juan 15:4-5:
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer».
Es cierto que podemos vivir sin Él, como siempre lo habíamos hecho antes, pero algo si es bien cierto también, y es que la vida sin Cristo es un verdadero caos, porque sin Él no vivimos, sino que apenas subsistimos dando tumbos, como la pobre gente que no lo conoce.
Pero con Cristo tenemos verdaderamente una vida abundante en todo el sentido, de la palabra, gracias al poder de su Gracia. Maravilloso no?
Jesús quiere ser parte activa de nuestras vidas y Él, aunque no nos promete una vida color de rosa, sí nos garantiza que con su ayuda y su poder, unido a nuestra fe, vamos a alcanzar todas sus promesas. Recordemos sus propias palabras cuando dijo:
«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas», Mateo 6:33. Aferrémonos a las promesas de Dios y tomados de la mano de Cristo, vivamos todo lo bueno que Él nos ha prometido.
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