
La Espiritualidad del Hombre
La espiritualidad del hombre depende de una fuerza superior para ser guiado, sea de Dios para vida o del diablo para muerte. Lo veremos aquí.
Fuimos creados como seres espirituales, para diferenciarnos de los animales. Los animales actúan por instinto y cada uno fue creado con programas genéticos innatos que los llevan a actuar de manera mecánica pero siempre en pro de su supervivencia.
Las hormigas por ejemplo trabajan arduamente durante el verano preparándose para los fríos días de invierno. Ellas elaboran sus cuevas y almacenan cuidadosamente el alimento, sin que nadie se los tenga que decir o enseñar, porque fueron diseñadas para eso.
Gracias a su laboriosidad Dios nos las pone como ejemplo: «Ve a la hormiga, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento», Proverbios 6:6-8.
Y así, Dios dio a cada una de las especies su labor para la supervivencia. Nosotros en cambio fuimos creados con una esencia superior, porque fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:26).
La Espiritualidad Del Hombre
La naturaleza espiritual del hombre es parte de nuestro legado. Somos seres espirituales, y aunque Dios nos dio la capacidad de elegir o el libre albedrío, esa naturaleza espiritual debe depender también de una fuerza espiritual superior para ser guiados, sea de Dios para vida o del diablo para muerte.
Cuando fuimos creados, aunque el hombre tenía su propia individualidad, con sus propios gustos y capacidad para elegir, dependía por completo de Dios, y era muy feliz.
Pero al hacer mal uso del libre albedrío y pecar, se deslindó de la guía de Dios, y comenzó a ser guiado por sus propios instintos sometiéndose así al dominio de satanás porque el diablo siempre gobernará la voluntad de quien no esté bajo el control del Espíritu de Dios.
Nadie está dispuesto a creer que al pecar esta bajo el dominio de satanás, pero es así. ¿Por qué lo sabemos? Porque lo dice la Biblia: «El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio», 1 Juan 3:8.
«En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, no es de Dios», 1 Juan 3:10. El que practica el pecado, practica la injusticia y la maldad porque infringe la Ley, y la Ley es precisamente la norma de la justicia de Dios.
De tal manera que quien infringe la Ley no es de Dios como lo afirma el apóstol, y al no ser de Dios literalmente es un súbdito del diablo. Demasiado fuerte, verdad? Pero es cierto, porque Cristo lo dijo. Recordemos sus palabras en Mateo 12:30 al expresar lo siguiente: «Quien no está conmigo, está contra mi».
En el mundo solo hay dos opciones: el poder de Dios que representa el bien, y el poder del mal con satanás a la cabeza, así que como quiera que sea estamos en uno o en otro bando. Dios dijo:
«Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia».
Si decidimos escoger la vida eterna que es a la que se refiere el versículo, y el premio por obedecer a Dios y seguir a Cristo, El mismo estará con nosotros para ayudarnos a vencer el pecado y a satanás. Pero si no hacemos eso, literalmente y por defecto, ya estamos escogiendo a satanás.
Analiza por un momento de qué lado te encuentras hoy, porque dependiendo del bando que elijas, consciente o inconscientemente, será tu destino final. El fin se acerca a pasos agigantados y muy pronto se acabará ese tiempo de Gracia en el que podremos todavía escoger a Cristo y enderezar el camino que nos lleve hacia el cielo.
No juguemos con nuestra eternidad, más bien luchemos por alcanzar ese gran premio del cielo, por el cual Cristo dio su vida para que nosotros lo obtengamos.
Cristo ya hizo su parte al morir por nosotros en la cruz del calvario, ahora nos toca a nosotros mantenernos firmes bajo sus principios, para alcanzar la victoria sobre el pecado, y poder estar con él en el cielo por toda la eternidad. De lo contrario, su sacrificio habrá sido en vano para nosotros .
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