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Hijos de Dios por Adopción

Hijos de Dios por Adopción

Hijos de Dios por Adopción (Image by Aaron Cabrera from Pixabay

Muchos piensan que todos somos hijos de Dios. Pero en realidad solo algunos lo somos por adopción y lo veremos de acuerdo a la Biblia.

Quisiera comenzar este artículo aclarando algo muy importante, y es acerca de la relación que tiene Dios con su Creación. La gente suele decir que todos somos hijos de Dios, pero no es así.

Todos somos criaturas de Dios porque fuimos creados por El, pero no todos somos hijos de Dios. ¿Por qué? Porque a raíz del pecado, se rompió el lazo de unión entre Dios y el hombre, y por el pecado pasamos de ser hijos de Dios puros y santos, para ser súbditos de satanás y esclavos del pecado, en otras palabras, hijos del diablo ¿Bastante fuerte esta afirmación? Si, pero es real porque lo afirma la Palabra de Dios en 1 Juan 3:8.

Existen solamente dos poderes en el mundo o dos corrientes que son el bien, que viene de Dios y el mal, comandado por satanás, y desde que apareció el pecado, el hombre le dio la espalda a Dios, y al darle la espalda, por defecto se unió con el enemigo de Dios que es satanás, porque no existe un tercer bando. Cristo dijo: «El que no está conmigo, está contra mí», Mateo 12:30. Entonces todos sin Cristo estamos con satanás.

Hijos de Dios por Adopción

Pero el amor de Dios es tan grande que quiso rescatarnos y para eso fue que Cristo vino al mundo. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna», Juan 3:16.

Dios a pesar de nuestra rebeldía no se ha desentendido de nosotros; como el buen Padre que es, nunca quiso desentenderse de nuestra condición caída, y siempre ha querido salvarnos a todos, porque por medio de Cristo todos tenemos entrada por el Espíritu Santo al Padre, (Efesios 2:18) aunque no todos quieran responder a este llamado.

Pero para quienes hemos querido responder a su llamado, «Dios nos escogió en Él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad», Efesios 1:4-5.

Esa es una maravillosa promesa de Dios, aceptarnos nuevamente como sus hijos, a pesar de todo nuestro pasado lleno de pecado y de maldad. Porque a Dios no le importa nuestro pasado, sino nuestro presente y nuestro futuro si permanecemos en Él. Dice el Señor:

«Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana», Isaías 1:16-18.

El amor de Dios por nosotros es tan grande que «volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados», por amor de su nombre (Miqueas 7:19).

Pero Dios quiere un arrepentimiento genuino y un cambio radical de vida. Dios no nos perdonará si seguimos acariciando pecados que no queremos dejar. Dios no puede hacer eso, porque por encima de todo es Dios Justo y no puede consentir la maldad.

Por eso dice: «Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo», Isaías 1:16. El perdón y la reconciliación con el Padre se dan cuando entendemos nuestra maldad, reconocemos que por ella hemos ofendido a Dios, nos arrepentimos y estamos dispuestos a dejar todo pecado atrás, no de otra manera.

Porque cuando no estamos dispuestos a cambiar, es porque no nos hemos arrepentido genuinamente, ni tampoco hemos entendido la gravedad de nuestro pecado ante Dios, y por lo tanto, el Señor no nos aceptará como sus hijos adoptivos. ¿Qué padre va a querer adoptar a un hijo rebelde? Por supuesto que nadie, y mucho menos Dios.

Hijos de Dios por Adopción

Dice la promesa de Dios: «Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad (derecho) de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de varón sino de Dios», Juan 1:12-13.

¿Quiénes son los que lo reciben? ¿Y quiénes son los que creen en Cristo? Los que creemos y lo recibimos, somos todos aquellos que lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador, quienes lo aceptamos como nuestra máxima autoridad después de haberle confesado nuestros pecados con sincero arrepentimiento y quienes estamos dispuestos a dejar de pecar, obedeciendo fielmente sus principios y ordenanzas.

Porque no podemos decir que Cristo es nuestro Señor si no le obedecemos. De hecho El mismo lo declara cuando expresa: «Por qué me llamáis Señor y no hacéis lo que yo digo?», Lucas 6:46. Tiene que haber concordancia entre lo que decimos y lo que hacemos, y si decimos que Cristo es nuestro Señor, es porque estamos dispuestos a obedecerlo, y a someternos a su santa voluntad, porque solo de esa manera seremos aceptados como hijos de Dios por adopción.

Actuemos pues como de manera irreprensible, como verdaderos hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación maligna y perversa como la actual, para que resplandezcamos como lumbreras, (Filipenses 2:15), en medio de tanta oscuridad.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar el evangelio a todo rincón.

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Esta entrada fue publicada en mayo 24, 2022 por en Conociendo a Dios, Vida Eterna y etiquetada con , , .
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