
La Fe que Obra
La Fe verdadera es la Fe que obra. Es la fe que se activa con el poder de Dios para obedecerle. Lo veremos a continuación según la Biblia.
La fe de Jesús es la que nos reviste de poder; un poder que se activa por el amor para purificar el alma. Porque ese inconmensurable amor de Cristo al haber dado su vida por mí, siendo aun pecador, activa dentro de mi también un infinito amor de agradecimiento y de deuda impagable hacia Él.
«Nosotros le amamos porque El nos amó primero», (1 Juan 4:19). Y con base en ese amor de Jesús, es que construimos la fe que nos mantendrá unidos a Cristo, si es que la fomentamos, la cuidamos y la hacemos crecer.
Porque ese inconmensurable amor de Cristo hacia nosotros, nos hace sentir tan agradecidos que nos aferramos mas y mas a Él. La fe genuina es la que nos salva porque nos da el poder y la capacidad plena para obedecer la Ley de Dios cuando nos hacemos responsables de decidir hacer su Voluntad,(Filipenses 4:13). Y cuando lo decidimos, el Espíritu Santo nos fortalece y nos lleva un paso mas adelante en el proceso de santificación.
La Fe que Obra
La verdadera fe obra en nosotros cuando hacemos uso del libre albedrío para someternos a Dios, obedeciendo fielmente sus preceptos. Porque la fe no nos exime de obedecer la Ley, sino que por el contrario, la fe nos capacita para cumplirla.
¿Por qué? Porque por fe yo estoy creyendo, o mejor, estoy convencido que a través de Cristo lo puedo hacer, entendiendo que si yo me dispongo a hacerlo, su poder me habilita para lograrlo, porque es por su poder, no por mis fuerzas.
Nuestra verdadera fe como creyentes se fundamenta en el hecho de creer en el sacrificio de Jesús y de estar plenamente convencidos de que su poder puede transformarnos hasta hacernos semejantes a Él. ¿Y cómo era Jesús? Un ser abnegado, que vivió siempre en función de servir a los demás.
Pero no basta solo con su poder, porque el proceso de santificación y transformación es una tarea conjunta entre el poder divino de Cristo y nuestra disposición humana para cooperar con Él en la obra de controlar nuestras tendencias heredades y cultivadas hacia el mal, con el fin de que el pecado no nos domine.
Dios quiere salvarnos pero nosotros tenemos que estar dispuestos a obedecerlo, a someternos a su Voluntad y a dejarnos guiar por Él. Muchos se perderán aunque anhelaban la salvación, por no haber actuado; por no haber decidido rendir su vida por completo a Dios.
Qué es la fe?
¿Pero, que es la fe? Veamos lo que dice en Hebreos 11:1: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Fe es tener la certeza de recibir lo que Dios nos promete en su Palabra.
Es creer firmemente sus maravillosas promesas, sin permitir que la duda asalte nuestras convicciones. Por lo tanto la fe en Cristo y en su promesa de Salvación, es la obra de Dios en nuestras mentes y nuestros corazones.
Dice la Biblia que somos salvos por Gracia, mediante la Redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24), es decir, que la Salvación no es por buenas obras. Es la Gracia de Cristo, su amor y su misericordia la que nos perdona al arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados, estando dispuestos a dejar de pecar, y nos justifica ante Dios, como si jamás hubiéramos pecado antes.
Pero también dice que somos justificados por la fe (Romanos 5:1). Eso significa que al ser justificados por su Gracia ante Dios, nosotros debemos creerlo en nuestro corazón, confiando plenamente en que si Dios dice que hemos sido perdonados y justificados, es porque es así, porque El lo ha declarado.
Y también por la fe recibimos la promesa del Espíritu Santo (Gálatas 3:14), que es quien nos capacita para dejar de pecar. Es pues esa la fe que obra; es la fe que actúa en concordancia con la Voluntad de Dios.
Si Dios dice que ya soy salvo, por fe tengo que actuar como un hijo de Dios. Y el apóstol lo ratifica cuando dice: «Así que, hermanos, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios», 2 Corintios 7:1.
Y significa que si yo creo que a través del Espíritu Santo puedo ser transformado al carácter de Cristo, debo hacer lo que a mi me corresponde para que esa promesa se cumpla en mi vida, porque recordemos que la santificación es una obra conjunta entre Dios y nosotros.
La Biblia dice que «sin santidad nadie verá a Dios», Hebreos 12:14. Y yo tengo que trabajar junto con el poder divino para alcanzar tal santidad, requisito fundamental para entrar al cielo. Así que no nos desanimemos en el proceso.
Vendrán tiempos difíciles y tal vez dudas, pero cuando nos sobrevenga todo esto, aferrémonos a Cristo, y a las promesas de Dios plasmadas en su Santa Palabra que nunca miente. Estudiarlas nos fortalecerá día a día, para no sucumbir ante las artimañas de satanás.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar el evangelio a todo rincón.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes