
Nueva Vida en Cristo (Foto Pixabay)
Todos los seres humanos queremos y tenemos derecho a una buena vida, y Dios nos ofrece una Nueva Vida en Cristo ¿Cómo? Lo veremos ahora.
A veces las dificultades de la vida, nuestros desaciertos y equivocaciones, y todos los altjibajos del diario vivir, nos hacen sentir cansados y tan estresados que muchas veces queremos tirar todo por la borda y salir corriendo dejando todo atrás.
Estamos en un mundo que nos da muchas cosas materiales que nos ayudan a vivir cómodamente, pero que también nos trae mucha ansiedad, preocupación y estrés.
El problema principal radica en que por vivir detrás de todo ese materialismo, nos hemos olvidado de nuestra propia esencia y hemos dejado de lado a Dios, el principio fundamental de nuestra existencia.
Fuimos creados a semejanza de Dios (Génesis 1:26), y es por eso que tenemos una naturaleza espiritual pero que el diablo ha logrado adormecer en nosotros, utilizando sus artimañas para olvidarnos de eso y de nuestro Creador.
Nueva Vida en Cristo
Y aun con todo eso, Dios no se ha desentendido de nosotros y muy a pesar de nuestra rebeldía y de llevar una vida de pecado lejos de El, su amor es tan grande que nos quiere devolver lo que el diablo nos ha robado.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna», dice en Juan 3:16. Esa es la promesa de Dios, la de darnos una Nueva Vida a través de Cristo, su hijo amado, y nuestro Salvador.
Después de la desobediencia de Adán y Eva (Génesis 3:6), se cortó ese lazo de unión entre Dios y el hombre y nuestra voluntad quedó sometida a las artimañas de satanás. Pero Cristo vino para limpiarnos de todo pecado (1 Juan 3:5) y para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8).
Cristo vino para liberarnos de la esclavitud del pecado. Cristo vino para darnos una nueva vida. Él dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para predicar libertad a los cautivos y para poner en libertad a los quebrantados», Lucas 4:18.
El quebrantamiento de corazón es el común denominador de hoy, pero lo era también en los tiempos del Señor y lo ha sido siempre desde que el hombre comenzó a pecar, porque el quebrantamiento de corazón es la consecuencia del pecado y de la maldad en la que está sumido el mundo desde entonces.
Dios a través de Cristo ha comprado por un gran precio, el corazón, la mente y el alma de cada ser humano sobre la tierra, para que le sirvamos a Él. Es su Santo Espíritu el que produce una nueva vida que conduce nuestros pensamientos y deseos a la obediencia a sus principios.
Al ser liberados del yugo de satanás y ponernos bajo el control de Dios, nuestra voluntad es habilitada para actuar bien y hacer el bien. Nuestro corazón es limpiado de todos los malos sentimientos que provienen del pecado y del egoísmo, para ser llenado con el puro amor de Cristo ¿Y en qué se basaba el amor de Cristo? En servir y ayudar a los demás. Esa fue su bandera siempre y su principal enseñanza: «Amad a tu prójimo como a ti mismo», Mateo 22:39.
La base fundamental del cristianismo es amar a Dios con todo y al prójimo como a nosotros mismos, y si nosotros no estamos cumpliendo con eso, ni somos cristianos ni tampoco obtendremos esa vida abundante que Cristo nos promete.
Significa que tampoco tenemos una nueva vida en Cristo, porque la nueva vida en Cristo se caracteriza precisamente por el amor y el servicio a los demás, aun a nuestros enemigos. El dijo:
«Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos», Mateo 5:44-45.
Vida Abundante en Cristo Jesús
Jesús dijo: «El ladrón (el diablo) no viene sino para hurtar y matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia», Juan 10:10. Una vida abundante en Cristo es una vida sin miedo, sin angustia, sin depresión, sin tristeza y sin dolor, porque Cristo ya pagó por todo eso con su sangre, y por nuestros pecados también.
Gracias a su amoroso sacrificio, los seres humanos recuperamos esa esencia en Cristo con la cual fuimos creados, y el sometimiento de nuestra voluntad a Dios se convierte en un placer, y la obediencia a sus leyes y principios en un gran privilegio.
De tal manera que la nueva vida en Cristo es unir nuestra voluntad a la voluntad del Creador a través de Jesús, nuestro Salvador, convirtiéndose juntas en una unidad inquebrantable para vivir como nuevas criaturas (2 Corintios 5:17) y actuar bajo su completa autoridad.
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