
Obras Dignas de Arrepentimiento
El arrepentimiento genuino se demuestra a través de las obras; obras dignas de arrepentimiento. Lo veremos de acuerdo a las Escrituras.
Juan el Bautista, primo de Jesús, fue el encargado de preparar el camino para la venida del Señor. Y así lo describe la Biblia: «En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado’. Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas’. Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados», Mateo 3:1-6.
Y les decía: «Haced pues frutos, dignos de arrepentimiento, porque todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego», Mateo 3:8, 10. Juan vino para dar testimonio de la luz que es Cristo para que todos creyesen en El (Juan 1:7).
Cuáles Son las Obras Dignas de Arrepentimiento
El mensaje de Juan era bien claro: «Arrepiéntanse y hagan obras dignas de arrepentimiento». Y Pablo también predicaba «que se arrepintiesen y que se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento» (Hechos 26:20).
¿Pero qué significan esas palabras? ¿Cuáles son las obras dignas de arrepentimiento? Es muy simple. Significa que las personas arrepentidas deben demostrar mediante sus acciones, sus obras y su conducta que su arrepentimiento es genuino y que están siendo transformadas. Cuando el Espíritu Santo toca el corazón de un pecador, este puede reconocer claramente la magnitud de su pecado, sintiendo la vergüenza de sus malvados actos y sintiéndose profundamente conmovido por haber ofendido a Dios.
Se da entonces un cambio de mente, de corazón y de actitud que lo motiva a odiar el pecado sintiendo una profunda decepción acerca de su propia miseria interior, que lo impulsa a elegir lo bueno y a desechar lo malo. Eso trae como resultado las obras dignas de arrepentimiento que mencionan Juan y Pablo, y quiere decir que hay un cambio rotundo de actitud.
Significa que la conducta de esa persona ya no será la misma, porque se da cuenta que lo que hacía no estaba bien y deja por completo de hacerlo. El que robaba, ya no roba mas; el que mentía ya deja de hacerlo; el que decía palabras obcenas, ya no se atreve a pronunciarlas, y así sucesivamente. Esas son las obras que demuestran que de verdad hay un arrepentimiento genuino. Son llamados también los frutos del arrepentimiento.
En Santiago 2:14 el apóstol habla de lo mismo pero con otras palabras. El dice: «La fe sin obras es muerta. ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?» Y la respuesta es no, porque son las obras las que determinan que sí hubo arrepentimiento y que sí es salvo.
Tanto Santiago como Juan y Pablo se refieren a lo mismo. Hablan del fruto que debe producir el creyente una vez convertido, porque árbol que no da buen fruto es cortado y quemado (Mateo 3:10). Pero esas obras no son para alcanzar la Salvación, porque la Salvación es un don, un regalo de Dios que aceptamos por fe. Las buenas obras y la obediencia a los principios de Dios son el fruto de la fe.
Es muy interesante porque dice la Biblia que es la benignidad de Dios la que nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4). ¿Pero si es así, por qué no todos llegan a alcanzar ese nivel de cambio y de crecimiento espiritual? ¿Por qué hay tantos cristianos que no demuestran fruto de arrepentimiento? Por su dureza de corazón. Son personas que ante tanta mundanalidad pierden por completo la sensibilidad, y no atienden al llamado del Espíritu Santo.
Están tan abstraídos con las cosas del mundo que no alcanzan a escuchar su llamado. Cristo lo dijo en su tiempo a los judíos: «Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado (insensibilizado) y no pueden oír; han cerrado sus ojos; y no entienden con el corazón, para que no se conviertan», Mateo 13:15. Son los afanes de este mundo por un lado, y las distracciones del mismo, por el otro, lo que mantienen al hombre alejado de Dios, y completamente infructuoso para la eternidad.
Este es el caso de la gran mayoría de cristianos que dicen ser salvos por haber repetido una oración invitando a Cristo a entrar en su corazón, pero sin ningún arrepentimiento por sus malos actos. Y quien no reconoce que es un pecador, es obvio que tampoco le interesa dejar de pecar, no será perdonado por Dios, seguirá perdido por el resto de su vida, y condenado por toda la eternidad.
Veamos entonces según la Biblia cuáles son la obras de arrepentimiento, que son también los frutos del Espíritu producidos por Dios en el hombre, una vez ha sido llamado por el Señor al arrepentimiento genuino: «Y el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza o dominio propio. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos«. Gálatas 5:22-24.
Quienes hayan logrado alcanzar este fruto o por lo menos que va en el camino de alcanzarlos todos, es alguien que ha nacido de nuevo, y que produce las obras que demuestran su verdadero arrepentimiento.
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Muy buena reflexión. Es triste en verdad ver cuantos que se llaman Cristianos continúan teniendo casi las mismas vidas de siempre y lo que es peor, están engañándose a sí mismos sin saberlo. El problema es la forma cómo se les presenta el evangelio no explicando bien por qué necesitan ser salvos. No se puede ser salvo hasta entender primero que estás perdido y por qué.
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