
Somos Embajadores de Cristo Ante el Mundo (Foto de Eduardo Braga en Pexels)
Los cristianos somos los embajadores de Cristo, pero estamos dando el peor testimonio con nuestra conducta, y lo veremos según la Biblia.
Dios escogió un pueblo que salió de Abraham, un hombre justo y recto, para que fuera el multiplicador de sus leyes y principios. La intensión de Dios al crear dicho pueblo es que fueran los representantes de Cristo en la tierra, y que a través de su conducta intachable, llevaran el evangelio al mundo.
Lo que fue Abraham en su peregrinación, José en Egipto o los cuatro hebreos, incluyendo a Daniel en Babilonia, era lo que esperaba Dios que fuera Israel, esto es que con su conducta, revelaran a Dios a los hombres.
Sin embargo, Israel fue un pueblo necio, que abusó descaradamente de la gracia y la misericordia de Dios, hasta agotar su paciencia que es bastante grande. Veamos una de las tantas advertencias de Dios para ellos, esta vez a través del profeta Isaías:
“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.
Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho”, Isaías 1:16-20.
Dios de muchas maneras buscó advertirles a través de los profetas, para que reaccionaran y se volvieran a Él para evitarles el sufrimiento; Dios quería evitarles el exilio; quería evitarles el inminente castigo que vendría por sus perversos actos, porque Israel se había alejado definitivamente de Dios. Pero Dios solo quería rescatarlos, redimirlos y salvarlos.
Sin embargo, ellos siempre hicieron oídos sordos a sus advertencias y más bien perseguían y dañaban a los profetas que Dios mandaba, para agregar más a sus pecados.
“Muchas veces el Señor los libró; mas ellos se rebelaron contra su consejo, y fueron humillados por su maldad”, Salmo 106:43.
Por eso Dios les dijo a través de Oseas 7:13 lo siguiente:“¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí; destrucción vendrá sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron mentiras contra mí”.
Finalmente y ante tanta maldad, Dios tuvo que castigarlos, retirando su protección, permitiendo su destrucción, y pasando la antorcha a los gentiles, después que ellos rechazaron a Cristo y lo mataron.
Somos Embajadores de Cristo Ante el Mundo
Hoy, los embajadores de Cristo somos nosotros, sus seguidores, los redimidos, es decir, los cristianos. Y hoy, como aquel entonces Dios quiere que seamos sus representantes aquí en la tierra, los multiplicadores de su gracia y los mensajeros de su Evangelio.
“Y Jesús les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”, Mateo 16:15. Tristemente el Israel Moderno, es decir, nosotros, no somos mejores aue aquellos. Y la gran prueba es que si un enorme porcentaje de la humanidad se considera cristiano, por qué existe tanta maldad en el mundo?
Si somos embajadores de Cristo no debería haber un cambio radical en nuestra sociedad actual? Lejos estamos de parecernos a Abraham, Moisés, José o los 4 hebreos en Babilonia. Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo para obedecer a Dios; José prefirió ir a la cárcel que ofender a Dios con sus actos; y los cuatro hebreos prefirieron morir antes que rendirse a dioses ajenos.
Los cristianos de hoy no adoramos dioses de piedra, oro o madera como los antiguos, pero Satanás se ha encargado muy bien de ponernos otros dioses falsos que ocupan nuestro valioso tiempo; tiempo que deberíamos usar en buscar el rostro de Cristo para que transforme nuestras vidas.
Los cristianos de hoy no somos mejores que la gente del mundo, porque vivimos como ellos y dando el peor testimonio que alguien pueda dar.
Pero es hora de hacer un cambio en nuestras vidas y tomar seriamente la antorcha de Cristo, demostrando con nuestra conducta, que realmente somos hijos de Dios. Es hora ya de tomar consciencia de lo que somos para poder dar un buen testimonio ante el mundo, y para ser dignos de alcanzar la eternidad (Lucas 21:36 RVR).
Aferrémonos pues a nuestro Salvador, y tomados de su mano poderosa, vivamos la vida santa que Cristo nos enseñó, porque recordemos que “sin santidad, nadie verá a Dios”, (Hebreos 12:14).
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