Quiénes Son los Escogidos

Quiénes Son los Escogidos
Cristo dijo: Muchos son los llamados y pocos los escogidos. ¿Quiénes son pues los escogidos? Lo veremos de acuerdo a la Palabra de Dios.
Dios nos invita a ser parte de su familia y no solamente nos mandó a su propio Hijo para pagar por nuestros pecados sino que nos pone todas las herramientas necesarias para poder ser parte de ella, porque hay ciertos requerimientos para serlo.
Sin embargo, son muy pocos los que están dispuestos a asumir esa condición de hijos de Dios, porque como hijos suyos, pueblo escogido, linaje santo, ya no podemos vivir como el resto del mundo lo hace, pues al escoger a Cristo, tenemos que renunciar al mundo.
Quiénes Son los Escogidos
Ahora bien, si muchos son los llamados, por qué solo unos pocos serán los escogidos? La respuesta es muy simple; porque la Salvación es una carrera, y también comparada con una batalla en la que solo los persistentes ganan, según palabras del apóstol Pablo al final de sus días:
“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”, 2 Timoteo 4:6-8.
Es por eso que Cristo también dijo: “El que persevere hasta el fin será salvo” (Mateo 24:13). Cristo busca campeones, campeones en santidad, campeones en entrega y sometimiento a su Voluntad, campeones en obediencia a sus mandamientos, en espíritu de sacrificio y de servicio a su obra.
Dios escogerá solamente a aquellos que le permitan al Espíritu hacer la obra de transformación del viejo hombre, al carácter de Cristo, porque es con base a ese modelo que entraremos al cielo.
Cristo lo dijo: “Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”, y Dios también afirma en muchas partes de la Biblia: “Sed santos porque yo soy santo” (Levítico 11:44-45, 19:2, 20:26, 1 Pedro 1:15-16, solo por mencionar algunos).
Sí, Dios nos exige perfección y santidad, pues sin ese requisito, nadie podrá entrar al cielo (Hebreos 12:14). Pero para lograr alcanzar ese nivel que nos exige, Él nos ha dejado al mejor entrenador de todo el universo, quien es el Espíritu Santo, y el mejor manual de estudio, que es su Santa Palabra.
Dios sabe que esta carrera no es fácil, sobre todo teniendo en cuenta todas las distracciones que el diablo nos pone en el camino para desviarnos, pero no podemos perder nuestra vista del objetivo que es Cristo y de la meta que es la eternidad con Él.
Tenemos que estar bien arraigados en Cristo porque Él no aceptará la tibieza espiritual. Veamos lo que Él mismo afirma acerca de los tibios: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente !Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, Apocalipsis 3:15-16.
¿Y quiénes son los tibios? Los tibios no son precisamente los escogidos, porque los tibios, son aquellos cristianos que tienen un pie con Cristo y el otro bien aferrado al mundo. Los tibios son aquellos que no son ni de aquí ni de allá, y ay de ellos, porque recordemos las palabras de Jesús cuando dijo: “El que no está conmigo, está contra mí”, de tal manera que el que es tibio, se convierte en enemigo de Cristo.
Es por eso que en el versículo 19 y 21 nos advierte: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.
Así pues, todas las condiciones están dadas, y las cartas puestas sobre la mesa, de tal manera que cada quien decidirá que camino tomar, porque aunque Dios nos ha dado libre albedrío, solo hay un camino por el cual entrar al cielo, y es ese camino angosto hacia la eternidad, que pocos están dispuestos a tomar.
Cristo dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”, Mateo 7:1-14.
Debemos tener cuidado, porque esa puerta ancha y ese camino espacioso es el mundo con sus afanes, diversiones y entretenimientos que nos pone satanás para mantenernos bien ocupados, entretenidos, y también dormidos.
¿En qué estás ocupando tu tiempo? Facebook, Instagram, YouTube, cine, televisión, juegos de video y toda clase de entretenimiento y diversión, son las tretas de satanás para mantenernos ocupados después de un pesado día de trabajo, haciéndonos creer que nos merecemos eso.
¿Pero y la preparación para los días finales, la tribulación y los juicios de Dios que muy pronto comenzarán a caer sobre la tierra? Esta pandemia del coronavirus no es más que el principio de cosas aterradoras que vendrán, o principio de dolores como lo llamó el Señor (Mateo 24:8).
Ocupémonos en las cosas de Dios, que son las únicas que nos prepararán, no solamente para sobrevivir en el gran tiempo de angustia que muy pronto vendrá, sino para ser parte de los escogidos de Dios y poder pasar con Él toda la eternidad.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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