Señales del Crecimiento En Cristo

Señales del Crecimiento en Cristo (Imagen de Dina Dee en Pixabay)
Las señales del Crecimiento en Cristo, son las mismas señales que determinan si alguien es salvo o no y las veremos a continuación.
Cuando hablamos de Salvación tenemos que hablar de crecimiento espiritual y de transformación de vidas, de todos aquellos que deciden por voluntad propia seguir a Cristo, entregando por completo su vida a Él.
Sin embargo, a veces cuando hablamos de transformación y aun de crecimiento espiritual como que no alcanzamos a percibir cómo sería dicha transformación, o cómo podemos reconocer esos cambios radicales en la vida de una persona.
Es por eso que nos hemos puesto a la tarea de definir algunas señales que nos pueden ayudar a reconocer el crecimiento en Cristo de una persona que tenemos cerca, o aun si nosotros estamos creciendo o no.
Señales del Crecimiento En Cristo
A continuación hablaremos de algunas señales que pueden medir de manera tangible el crecimiento espiritual de un cristiano:
1. Una vida nueva en el Espíritu: Partamos de la base de que una vida nueva en el Espíritu, es una vida muy diferente a la vida de la gente del mundo, y esa vida espiritual solo comienza al nacer de nuevo, y se llama vida nueva porque el Espíritu Santo entra a morar en nosotros.
Pero para que esto suceda, tenemos que quebrantar nuestro corazón ante Dios, reconociendo nuestros pecados, humillándonos, doblegándonos, y muriendo al viejo hombre para poder vivir de nuevo, para renacer a la vida que Cristo quiere que vivamos. A una vida sin pecado.
Es entonces el Espíritu Santo el que comienza a guiarnos a través de los principios de Dios y a toda verdad (Juan 16:13), es decir a Cristo quien es la Verdad, haciéndonos entender la Voluntad Divina mediante las Sagradas Escrituras, que debemos estudiar constantemente.
Pero el Espíritu Santo también nos trae convicción de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7-8). Esto significa que cuando como cristianos comprometidos, nacidos de nuevo, vamos a hacer algo que no agrada a Dios, es el Espíritu Santo el que nos muestra que eso no está bien, haciéndonos desistir de hacerlo.
Aprendemos a rechazar la antigua manera de vivir, porque entendemos y sentimos que esas viejas costumbres ofenden a Dios y dañan nuestra íntima relación con Él.
Es a través del poder transformador del Espíritu Santo que nos convertimos en hijos de Dios y que Cristo mismo mora en nosotros, y como una consecuencia necesaria de su Presencia, vamos reflejando el carácter de nuestro Salvador.
Si antes mentíamos, ahora ya no; si antes decíamos malas palabras o chistes obscenos ahora ya no; si el enojo se apoderaba de nuestra vida generando contienda, nos volvemos más tolerantes y comprensivos ante las cosas que nos molestan y ofenden, porque es ahora el Espíritu Santo el que nos guía.
2. Una vida de unidad con Cristo y de amor al prójimo, porque al reconciliarnos con Dios a través de Cristo nos reconciliamos también con el resto de la humanidad. Las brechas que se abren entre las relaciones interpersonales, son consecuencia del pecado, tales como el odio, el resentimiento, la ira, que sentimos contra alguien que de algún modo nos ha afectado, y que no solo afectan nuestra relación con el prójimo sino con Dios.
Pero al reconciliarnos con Dios, esa sensación de malos sentimientos contra otros desaparece porque albergamos el amor de Cristo en el corazón, y las ofensas, aunque nos puedan molestar de momento y hacernos sentir mal, pronto son desechadas y olvidadas.
3. Una vida de estudio de la Palabra de Dios: Así como el crecimiento físico requiere de una muy buena nutrición, del mismo modo nuestro crecimiento espiritual depende de una especial nutrición del alma y del espíritu. Es la alimentación que nos eleva a Dios, y solo la encontramos en la Sagradas Escrituras, porque son ellas las que nos conectan con el conocimiento y la comunión íntima con Dios.
Dice en Hebreos 4:12 que “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Porque es a través de la Biblia que no solo conocemos la Voluntad de Dios sino que nos enseña, nos redarguye, nos corrige, y nos instruye en los caminos del Señor, haciéndolo con amor, en la intimidad de nuestro encuentro con Él.
4. Una vida de Oración: La oración es esa parte activa de nuestra comunión con Dios, la que junto con el estudio de las Escrituras establecen y mantienen nuestra estrecha relación con el Señor. Mientras que la Palabra de Dios es el alimento, la oración es el oxígeno que nos mantiene vivos y firmes en el Señor.
Estar en constante dependencia de Dios a través de la oración, es esa savia que nos da el poder necesario para vivir en santidad y no sucumbir ante el pecado; pero es también el escudo que nos protege de satanás.
Las palabras de Jesús fueron muy significativas cuando dijo: “Separados de mi nada podéis hacer”, Juan 15:5. Y es cierto, sin Cristo nada podemos hacer, al menos nada que pueda agradar a Dios, porque nuestro principal objetivo como cristianos que somos, tiene que ser el de agradar siempre a Dios.
5. Una vida de servicio a Dios. Porque una vez Cristo nos ha salvado, es nuestro deber primero, y una obligación, llevar a otros a los pies de Cristo para que ellos también sean salvos. Pero no solo eso, sino también ayudar y servir al prójimo.
6. Una vida con frutos. En realidad una vida con frutos, es el resultado de todas las anteriores mencionadas, porque una persona que ha podido desarrollar todo lo anterior, la dependencia completa del Señor; el amor, el respeto la tolerancia y la empatía hacia el prójimo. el estudio permanente de la Palabra de Dios y la estrecha comunión con el Padre a través de la oración, es una persona que lleva mucho fruto, es decir, una persona que está creciendo en el Señor.
De tal manera que si nosotros vemos esos cambios o señales en otros y aun en nosotros mismos, podemos decir, que estamos creciendo en el Señor, porque estas son las señales del crecimiento en Cristo dentro del proceso de santificación que todos tenemos que desarrollar, si queremos ir al cielo.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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