Cómo Crecer En Cristo
Cuando nos encontramos a las puertas de la Venida del Señor, debemos preguntarnos si estamos creciendo en Cristo. ¿Y cómo se logra? Lo veremos ahora.
Cuando nos encontramos a las puertas de la Venida del Señor porque todas las señales están dadas, la pregunta que nos tenemos que estar haciendo todos los cristianos es si estamos creciendo en Cristo, porque es con base al carácter de Cristo que seremos juzgados.
El Señor mismo lo dijo en Apocalipsis 22:12 al expresar lo siguiente: “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa conmigo para dar a cada uno según sea su obra”.
Y en Efesios 5:27 dice que Cristo viene por “una iglesia gloriosa, que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa e inmaculada”, y para poder llegar a ese punto de santidad y perfección tenemos que crecer en Cristo.
Crecer En Cristo
Ahora bien, si crecer en Cristo es la clave para la eternidad, tenemos que preguntarnos si estamos en verdad trabajando en eso, es decir, si como cristianos y como pueblo de Dios, estamos creciendo en Cristo. Es esa la tarea que debería estar ocupando nuestra rutina diaria, mediante la búsqueda intima de Dios y el estudio concienzudo de su Palabra.
Pero todo tiene que partir del hecho de que el Espíritu Santo entre a morar en nosotros, porque es a través del Espíritu Santo que podemos alcanzar ese crecimiento espiritual.
Es el poder regenerador del Espíritu Santo el que da comienzo a nuestra vida cristiana, el que nos guía y nos mantiene en Cristo, haciéndonos comprender la Voluntad de Dios plasmada en las Sagradas Escrituras, y haciéndonos crecer en el proceso de santificación.
Porque así como una planta no puede crecer por si misma sino que es por el poder de Dios que le da vida y desarrollo, así mismo nuestra santificación y crecimiento en el Señor solo puede producirlos el Espíritu Santo en nosotros.
Sin embargo, si no tenemos al Espíritu Santo, tampoco puede darse esa obra de transformación, imprescindible para alcanzar la eternidad. Recordemos que la presencia del Espíritu Santo se da como resultado de nacer de nuevo, pero lamentablemente el mundo está lleno de cristianos que no han nacido de nuevo, que no son transformados y que como consecuencia, tampoco son salvos.
La maravillosa noticia es que Cristo no ha llegado aun y podemos ponernos en marcha para crecer en Cristo cuanto antes, porque de todas formas el tiempo se acorta cada vez más.
Cómo Podemos Crecer En Cristo
¿Pero cómo podemos crecer en Cristo? Antes de saber cómo podemos crecer espiritualmente en Cristo, tenemos que nacer de nuevo, porque es imposible crecer sin haber nacido. Las palabras de Jesús fueron muy claras cuando dijo: “El que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”, Juan 3:5.
Tenemos que nacer primero espiritualmente, y ese nacimiento viene cuando nos arrepentimos genuinamente de nuestros pecados, decidimos dejar el pecado atrás y nos sometemos a la Voluntad de Cristo, obedeciendo sus mandamientos.
Una vez hecho esto, nos bautizamos, porque el bautismo es el acto por medio del cual nos comprometemos a ser fieles al Señor y a morir al pecado. Ahora bien, si estos actos fueron genuinos y nuestro arrepentimiento es sincero, es ahí y solo ahí, cuando el Espíritu Santo entra a morar en nosotros, para ayudarnos a crecer en Cristo, a dejar de pecar y a prepararnos para la eternidad. Es ahí cuando nacemos de nuevo.
Veamos lo que dice el apóstol: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”, 1 Juan 3:9.
El Espíritu Santo es la simiente de Dios en nosotros, y es a través de Él y a partir de ese nuevo nacimiento que tiene que comenzar nuestro crecimiento espiritual, o nuestro crecimiento en Cristo.
Pero hay que entender que el Espíritu Santo no lo hace todo, sino que nosotros también tenemos que trabajar para ese propósito, porque del mismo modo que en el reino vegetal hay que preparar la tierra y abonarla para que dé fruto, así mismo nosotros tenemos que alimentarnos diariamente a través de la Palabra de Dios, para que el trabajo del Espíritu Santo pueda darse, y podamos dar el fruto que Dios espera de nosotros.
Y cuando trabajamos fervientemente con Él, ese fruto se va formando, va creciendo y va madurando en Cristo Jesús. Comenzamos a pensar diferente y a sentir diferente, rechazando aquellas costumbres que teníamos y que gracias al Espíritu Santo, sabemos que ofenden a Dios, porque Él nos da convicción de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7-8).
Aprendemos a ser pacientes y tolerantes, evitando la contienda. Aprendemos a perdonar, olvidando todo rencor. La preocupación y el estrés, son reemplazados por la paz, la serenidad y la entera confianza en Dios. Aprendemos a ver al prójimo con otros ojos, a amarlo y a ayudarlo, y el gozo en el Señor se convierte en un estado permanente, a pesar aun de cualquier adversidad.
Si nada de eso está pasando en tu vida, detente por un momento y analízate para tomar los correctivos de rigor. Pero en realidad todos debemos estar analizándonos de manera constante para saber específicamente en qué estamos fallando y cómo resolverlo, porque de ninguna manera seremos aceptados en el cielo, si no corregimos nuestras debilidades de carácter.
Dice en Colosenses 3:12 lo siguiente: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, para crecer en todo, en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo», Efesios 4:15.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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