Cómo Se Logra la Santificación que Nos Exige Dios

Cómo se logra la santificación que nos exige Dios (Clker-Free-Vector-Images en Pixabay )
Siendo la santificación un requisito determinante para ir al cielo, cómo podemos lograrla? Lo veremos a continuación de acuerdo a la Biblia.
Sabemos por la Palabra de Dios que sin santidad nadie verá a Dios (Hebreos 12:14), es decir, que nadie que esté en pecado podrá entrar al cielo, porque Cristo viene por una iglesia pura y sin mancha (Efesios 5:27).
Esto significa que para poder entrar al cielo y pasar nuestra eternidad con Cristo, tenemos que alcanzar la victoria sobre el pecado, porque es obvio que Dios no va a permitir pecadores en el cielo, de tal manera que si queremos en verdad estar allá, tendremos que vencer el pecado por completo.
Si Dios expulsó del cielo a Lucifer por desobediente y transgresor de la Ley, y expulsó a Adán y Eva del jardín del Edén por la misma razón, crees que será más benigno con nosotros si seguimos persistiendo en pecar? No, claro que no. Dios es Dios y aunque es misericordioso, Él también es justo y no puede transigir con el pecado.
Suena drástico, verdad? Pero es así, porque cuando el Señor regrese, ya no vendrá como Salvador sino como Juez, y no habrá misericordia en el juicio de Dios. Es ahora, en el tiempo de Gracia que aun tenemos, y que Jesús está intercediendo por nosotros ante Dios, que debemos aprender a vencer el pecado.
¿Pero cómo lograrlo? ¿Cómo podemos lograr la santificación que nos exige Dios si somos pecadores por naturaleza? Además la misma Biblia dice que no hay nadie bueno, ni siquiera uno (Romanos 3:10-18) ¿Entonces? ¿Se contradice Dios?
Cómo Se Logra la Santificación que Nos Exige Dios
Es cierto que Dios nos exige santidad, pero también es cierto que no hay nadie bueno ni justo en la tierra, y aunque ambas afirmaciones son ciertas, no hay contradicción alguna.
Dios en su sabiduría siempre piensa en todo, y es muy consciente de nuestras debilidades y limitaciones. Dios sabía desde el principio que en nuestra condición humana e imperfecta habría sido imposible alcanzar la eternidad a su lado en nuestras propias fuerzas. Además, como la paga del pecado es muerte según dice en Romanos 6:23, entonces todos habríamos tenido que pagar y la raza humana habría tenido que desaparecer por completo.
Pero el amor de Dios hacia nosotros fue tan grande que mandó a su propio Hijo a pagar tan incalculable deuda por todos nosotros. Un Santo y Justo por todos los pecadores del mundo incluyéndote a ti y a mí.
Al morir Cristo en la cruz del calvario, Él saldó la deuda que teníamos con Dios y nos justifica, es decir, que nos declara inocentes por completo de todas nuestras transgresiones pasadas.
Esa es la primera parte de la Salvación, y es que al arrepentirnos y confesar nuestros pecados ante Dios reconociendo el sacrificio de Jesús y sometiéndonos a su Voluntad, comienza nuestro camino hacia la eternidad.
Y por qué digo que es solo la primera parte de la Salvación? Porque seguimos viviendo en un mundo lleno de pecado, y es en ese mundo de pecado donde debemos demostrar si en verdad somos salvos o no, es decir que de ahí en adelante es cuando empieza el duro proceso, y es el proceso de la santificación, porque recordemos que no hay nadie bueno ni aun uno, y en esa condición estamos destituidos de la Gloria de Dios.
Pero veamos lo que dice el apóstol en 1 Juan 3:
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. Todo aquel que permanece en Él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
Hijitos, nadie os engañe. El que hace justicia es justo, como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en Él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.
Aquí está muy claro que si tenemos la esperanza de encontrarnos con Él debemos purificarnos a nosotros mismos, pero esa obra no la podemos hacer nosotros solos, sino que es a través de Cristo que lo logramos.
Por eso dice: “Todo aquel que permanece en Él (Cristo) no peca y todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido”. Es a través de Cristo, de estudiar su Palabra, de alejarnos de las cosas del mundo y de separarnos para Dios que podemos lograrlo, no de otra manera. Es cierto que Jesús hace la obra, pero nosotros tenemos que estar dispuestos a dejar de pecar.
Dice la Biblia que muchos son los llamados pero pocos los escogidos (Mateo 22:14), porque muchos están dispuestos a ser perdonados por Dios, pero muy pocos están dispuestos a hacer la Voluntad de Dios.
Muchos de los que tomaron la decisión de seguir a Cristo, se fueron quedando en el camino, al dejarse absorber por el mundo o al negarse a dejar las malas costumbres y pecados que ofenden a Dios, cerrando así la oportunidad de entrar al cielo.
Dios nos exige santidad. Él dijo: «Sed santos porque yo soy santo» (1 Pedro 1:16), pero Él nos da el medio para lograrla, y ese medio es Jesucristo nuestro Señor y Salvador; nosotros solo tenemos que someternos a su Voluntad y estar dispuestos a obedecerle, a hacer lo que Él diga, y a la hora que lo diga, sin importar si queremos o no, y entonces, Él nos capacita para vencer el pecado y estar listos para recibirle e irnos con Él al cielo.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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