Un Ángel en la Tierra

Un ángel en la tierra (Foto Pixabay)
Dios pone ángeles en la tierra, pero hay un ángel muy especial que Dios ha mandado a la tierra desde el principio, y veremos cuál es.
Dios es inmenso en sabiduría, y en su sabiduría puso un ángel en la tierra, que sería desde siempre el eje de la sociedad. Un ángel, que por sus innumerables características, podía establecer el balance perfecto, entre el amor, la fuerza y la estabilidad. A continuación veremos una corta pero interesante historia que nos muestra quien es ese ángel en la tierra, como regalo de Dios.
Un Ángel en la Tierra
“Cuenta la leyenda que un angelito estaba en el cielo, cuando Dios, lo llamó y le encomendó una misión. Con dulce voz le dijo: -tendrás que ir a la tierra y nacer como los humanos, serás un pequeño niño y crecerás hasta llegar a ser un hombre. Espantado el angelito, preguntó, pero Señor, ¿cómo haré para vivir tan pequeño e indefenso, quien me cuidará?
-Entre muchos ángeles escogí uno para ti que te está esperando y te cuidará.
-Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso me basta para ser feliz.
-No te preocupes, tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
-¿Cómo entenderé lo que la gente habla si no conozco el idioma de los hombres?
-Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
-¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
-Tu ángel juntará tus manitas y te enseñará a orar y podrás hablarme.
-He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿quién me defenderá?
-Tu ángel te defenderá a costa de su propia vida.
-Pero estaré triste ya que no te veré más.
-Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado durante todo el tiempo que estés entre los hombres.
El angelito ya empieza a escuchar las voces que venían de la Tierra y atemorizado y con lágrimas en los ojos, dijo:
-Dios mío, dime por lo menos el nombre de ese ángel que me cuidará.
Y el Señor le dijo: Su nombre no importa, tú le llamarás MAMÁ”.
Dios ha puesto una importante tarea en nosotras como madres y esa tarea es la de no solamente cuidar y educar bien a nuestros hijos, sino así mismo, inculcarles el respeto y el amor a Dios.
Dice en Proverbios 22:6, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”, pero también dice la Palabra de Dios que “si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican”, Proverbios 127:1.
Debemos educar a nuestros, es verdad, en todas las disciplinas del saber, incluyendo buenos modales y valores éticos, sin embargo, de nada sirven tan altas disciplinas, si Dios no es la autoridad en nuestro hogar.
Nadie es bueno sin Dios, y nuestros hijos no serán la excepción, porque Cristo dijo también en Juan 15:4-5, “Permaneced en mí, y yo en vosotros, porque como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer”.
Está más que claro, porque así como la hoja al ser arrancada de la planta irremediablemente se seca, al dejar de recibir el alimento a través de la savia, así mismo nosotros sin Cristo estamos muertos, secos por dentro sin el amor y la sabiduría de Cristo, y sin el amor ni la sabiduría de Cristo es imposible que podamos educar hombres de bien.
Dios nos ha dado esa gran responsabilidad a nosotras las madres, y solo si permanecemos en Cristo y bajo la autoridad y sumisión al Padre, que podremos llevar a cabo la magna tarea de establecer una sociedad pura y sin mancha como lo exige Dios.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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