Justificación y Santificación, Necesarias Para la Salvación

Justificación y Santificación, Necesarias Para la Salvación (Foto Pixabay)
Necesitamos dos cosas para ser salvos, y son la Justificación y la Santificación. Veremos en qué consisten, de acuerdo a la Palabra de Dios.
Existe mucha confusión acerca de estos dos términos, pero para ser salvos necesitamos tanto la justificación como la santificación, porque ambas son exigencia de Dios para alcanzar la Vida Eterna. Definamos entonces estos conceptos:
La Justificación y la Santificación
Justificación: La palabra justificación significa hacer justo al pecador, es librarlo de la culpa de todos sus pecados pasados y dejarlo limpio como si jamás hubiera pecado. Es el perdón de Dios por su amor y misericordia, para todo aquel que se arrepiente de corazón por haberlo ofendido, porque cuando pecamos, al que ofendemos es a Dios. Por medio de la justificación, Cristo nos limpia de pecado y nos reconcilia con Dios.
Pero como Dios ante todo es justo, Él no podía pasar por alto nuestra maldad, y perdonarnos así como si nada, porque alguien de todos modos tenía que pagar. Es por eso que mandó a su Hijo Jesucristo a hacerse hombre, no solo para darnos a conocer la Voluntad del Padre, sino para pagar por los pecados de toda la humanidad, porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), y resucitar para darnos la Vida Eterna.
Jesús fue nuestro sustituto, porque al que no conoció pecado, por nosotros, Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él, 2 Corintios 5:21. Jesús pagó por nuestras faltas para que nosotros quedáramos limpios de pecado, reconciliarnos con Dios y recibir la Vida Eterna, (Efesios 1:7). Esa es la Justificación y no es por obras, porque ni viviendo tres existencias, ni haciendo nuestro mejor esfuerzo, hubiéramos podido saldar tan grande deuda de pecado con Dios.
La Justificación es el hecho de que por la obra de Cristo somos perdonados y limpios de pecado, de tal manera que sin hacer nada ni merecerlo, nuestros pecados pasados son borrados. La justificación es algo que nos da Cristo por Gracia, y para recibirla solo tenemos que arrepentirnos genuinamente de nuestras faltas y confesarlas ante Dios.
Ahora bien, una vez son borrados nuestros pecados al arrepentirnos y confesarlos, significa que comenzamos a caminar con Cristo a partir de cero, es decir, como si no hubiéramos pecado. Esa es la parte que Cristo hace por nosotros, y es a partir de ese momento en que nos corresponde a nosotros vivir para Él en santidad, obedeciendo sus mandamientos y guardando su Palabra. Ese es el proceso de santificación del que hablaremos a continuación.
Santificación: La santificación es el proceso por medio del cual crecemos espiritualmente para asemejarnos más a Cristo Nuestro Redentor (Efesios 5:1), porque es con base a nustra semejanza con Cristo y a nuestros frutos que alcanzaremos la Vida Eterna. Mediante la santificación, nos mantenemos libres de pecado, mientras fortalecemos y estrechamos nuestra relación con Dios (Efesios 5:27). Santificarse es apartarse para Dios. Una vez reconciliados con el Padre por el sacrificio de Jesús es cuando comienza el proceso de santificación, que viene a ser todo lo que pasa con nosotros a partir de ese momento, porque dice la Biblia que sin santidad nadie verá a Dios, Hebreos 12:14.
Al decidir seguir a Cristo, entramos en un Pacto Sagrado con Él, y en ese Pacto Cristo hace su parte al morir para pagar por nuestros pecados pasados, haciéndonos justos ante Dios y restableciendo nuestra relación con el Padre y nuestra parte es comenzar a vivir para el Señor dejando el pecado atrás y viviendo en santidad, porque seguir a Cristo es renunciar al mundo y a nuestras malas costumbres pasadas.
Esto significa que una vez perdonados y justificados, debemos vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios, obedeciendo su Palabra, la cual debemos comenzar a estudiar diariamente, y sometiéndonos a su Santa Voluntad, porque ya no podemos seguir viviendo como lo hacíamos antes, pues hemos sido perdonados y debemos en honor a tan inconmensurable regalo, vivir solo para Dios. En 2 Corintios 5:17, el apóstol Pablo dice así: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas todas nuevas”.
Si decimos ya estar en Cristo, tenemos que vivir de acuerdo a como Cristo vivió aquí en la tierra, porque Cristo es nuestro modelo y así como Él vivió en santidad, también nosotros tenemos que hacerlo. Dice en Efesios 5: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor, andad como hijos de luz”.
Pero además la santidad es un mandato de Dios como lo afirma 1 Pedro 1:15-16: “Así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO.”,
La justificación y la Santificación son necesarias para la Salvación
Muchos dicen que no somos salvos por obras y se escudan en esto para seguir viviendo en pecado, pero hay que aclarar, que no es lo mismo justificación que santificación, porque la justificación es la justicia de Dios imputada (es decir, atribuída por Dios sin merecerlo), que recibimos a través de la sangre de Cristo y nuestro arrepentimiento, pero la santificación es la justicia de Dios impartida por el Espíritu Santo, y que logramos a través de nuestra obediencia a sus mandamientos.
Nadie se salva solo con la justificación, porque después de esa justificación tiene que venir la santficación que consiste en nuestro caminar en obediencia y sometimiento a Cristo, además de alcanzar nuestra victoria sobre el pecado. Mientras que la justicia imputada (Justificación), cubre nuestros pecados pasados, la justicia impartida (Santificación), transforma nuestro carácter para dejar de pecar. La Justificación es el perdón de los pecados pasados, y la santificacición es la transformación del viejo carácter al nuevo, del carácter carnal y mundano que tenemos, al carácter de Cristo, nuestro Salvador.
Es por eso que el apóstol Pablo dice: «Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna». Creer que Dios permitirá la entrada de pecadores al cielo es irreverente, porque en Apocalipsis 21 :27 dice muy claramente que ninguna cosa inmunda entrará en él, porque «los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda» (Apocalipsis 21:8).
Pero dice también la Biblia que Dios es tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable», (Números 14:18), porque la misericordia de Dios tiene un límite, límite que con seguridad no nos convendrá conocer.
Dios es misericordioso y amoroso, tanto así que mandó a su único Hijo a morir para pagar por nuestros pecados, porque como Dios Justo que es, no podía perdonarnos sin que alguien pagara nuestra deuda, pero siendo entonces un Dios Justo, crees tú que pasará por alto nuestros pecados intencionales futuros? De ninguna manera y por eso en el libro de Hebreos 10:26-31 nos da una seria advertencia al expresar lo siguiente:
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios, pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. !!Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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