Cómo Tiene Que Ser Nuestro Amor Por Cristo

Cómo tiene que ser nuestro amor por Cristo
Nuestro amor por Cristo tiene que ser muchísimo más importante y más grande, que el que profesamos a cualquier ser amado en el mundo.
Como cristianos que somos, nuestro amor por Cristo solo lo demostramos a través de la obediencia y el sometimiento a su Voluntad y autoridad. Nadie puede decir que ama a Cristo o que es cristiano si no se somete a su autoridad, y someterse a la autoridad de Cristo es cumplir fielmente con sus mandamientos y su Palabra, es decir, someterse a su santa Voluntad.
Cómo Tiene Que Ser Nuestro Amor Por Cristo
Nuestro amor por Cristo tiene que ser muchísimo más importante y más grande, que el que profesamos a cualquier ser amado en el mundo, porque Dios es celoso, tan celoso que quiere la supremacía total, y no comparte su Gloria con nadie. Él mismo lo dijo en Mateo 10:37 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”.
¿Te suena algo pedante o egoísta? Puede ser, pero recuerda que Él dio su vida, su propia sangre gota a gota por nosotros, y si eso no le da plena potestad para exigirnos, entonces no sé que sí podría dársela.
Los cristianos hemos sido comprados a precio de sangre y de sangre divina e incorruptible. Míralo de esta manera: Dios es el dueño y Señor del universo, es el creador de todas las cosas, y sin embargo, no escatimó en despojarse de su divinidad, para humillarse al grado sumo y sacrificar su propia vida, por unos miserables pecadores como lo somos todos, para salvarnos.
Humillado, azotado y muerto en una cruz como el peor de los criminales, siendo perfectamente santo y sin pecado, quiso hacer todo eso por nosotros, para evitarnos el castigo, y con su resurrección darnos la vida eterna. Después de todo esto, creo que tiene todo el derecho a demandar de nosotros amor, fidelidad y entrega total e incondicional hacia Él, no lo crees?
El puritano Thomas Vincent describe perfectamente cómo tiene que ser nuestro amor por Cristo, cómo se conoce e identifica ese amor:
“Nuestro amor por Cristo se conoce por nuestra obediencia. Si amamos a Cristo, Él es Nuestro Señor. Demostramos la sinceridad de nuestro afecto por Él, sometiéndonos a su Voluntad. Si amamos a Cristo, tenemos cuidado de complacerlo; no le hacemos caso a la carne, y nos esforzamos por no obedecerla. Si amamos a Cristo, sentimos temor de ofender a los hombres, y especialmente de ofender y desagradar a Dios.
¿Se esfuerza usted por agradar a Cristo, a través de su obediencia total y sincera? ¿Obedece a Cristo de todo corazón? ¿Respeta todos los mandatos de Cristo? ¿Es su mayor anhelo obedecer plenamente a Cristo? Si puede decir en la presencia del Señor y de todo corazón (sea totalmente honesto) que se esfuerza conscientemente por no practicar el pecado, y por no pasar por alto ninguno de los deberes que Cristo ordena, esa es una evidencia segura de un verdadero amor por Jesucristo”.
Sin embargo, es muy poco usual ver cristianos que amen a Cristo de esta manera. Aunque Cristo debe ser nuestra prioridad por encima de todo lo demás, dentro del mundo llamado cristiano, Jesucristo no es más que una opción entre un sinnúmero de posibilidades en sus vidas.
Amar a Dios con todo lo que somos, sentimos y hacemos fue el principal mandamiento establecido por Dios (Mateo 22:37-38). Y amar a Dios con todo implica obedecerle. Jesucristo enfatizó mucho sobre esto:
“Si me amáis guardad mis mandamientos”, (Juan 14:15); “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”, Juan 14:23; “Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).
Y es verdad porque cuando amamos, complacemos, cuando amamos agradamos, cuando amamos respetamos en grado sumo a quien amamos, pero además, la prueba más grande de nuestro amor por Cristo, no es ni la devoción, ni el sentimiento, ni la emoción, sino definitivamente, nuestra obediencia.
John MacArthur dice en su libro un ‘Cristianismo Sencillo’ lo siguiente: “La obediencia a Dios es lo que demuestra un amor genuino por Él; cuando Él es la prioridad en nuestras vidas, estaremos dispuestos a obedecerlo, y de esa forma probar nuestro amor por Él”.
Un cristianismo sin obediencia es falso y no viene de Dios sino de todas esas falsas doctrinas que proliferan por ahí, y que les encanta a todos. Un cristiano que no obedece a la Palabra de Dios, no ama a Dios y sencillamente, no es cristiano, ni tampoco es salvo.
Un cristiano que no renuncia al mundo por Cristo, no lo ama, ni siquiera le conoce, porque si le conociera sabría cuál es su deseo. En Lucas 14:33 Jesucristo dice lo siguiente: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”, Lucas 14:33.
Y para terminar les dejo un maravilloso consejo para los cristianos de Thomas Vincent:
“Que el amor sea el estímulo y el aguijón que los impulse, no solo a caminar sino a correr en las sendas delineadas por los mandamientos de Cristo con un corazón fervoroso”.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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