Enemigos de la Convivencia Familiar

Enemigos de la convivencia familiar
Los enemigos de la convivencia familiar son muchos, pero con amor y esfuerzo se pueden superar. Aprenda a convivir con alegría en el hogar.
La convivencia familiar no es fácil, porque ninguna convivencia lo es, pero lo más interesante de todo es que podemos aprender a vivir y compartir en el hogar, porque la sana convivencia no es gratuita sino que requiere compromiso y debe construirse diariamente. Convivir es como su palabra lo indica, vivir con otros, compartir espacios, es conocer y respetar los límites, es relacionarse, es formar parte de un conjunto o círculo social, y el primer círculo social al cual todos pertenecemos es la familia.
La familia es como un equipo cuyos objetivos en común deben orientarse hacia el bien de todos y cada uno de los integrantes de la misma, con el fin de generar un clima de armonía y es precisamente en la familia donde todos aprendemos a desenvolvernos como parte de una sociedad, y cuyos nexos o lazos se fundamentan principalmente en el amor y el respeto mutuos.
Enemigos de la Convivencia Familiar
¿Cuáles son los enemigos de la convivencia en el hogar? A continuación hablaremos de ellos y de cómo evitarlos o superarlos.
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La falta de comunicación: La falta de comunicación en la convivencia puede ser fatal porque nos conduce a malos entendidos. Es necesario expresar de manera sana y respetuosa lo que se siente, lo que se quiere y espera dentro del contexto familiar. La comunicación implica expresar tanto lo bueno como lo malo, sin caer en excesos de ninguno de los lados. Así pues es necesario expresar amor cuando sea necesario. Estimular a través de palabras y también de acciones cuando se presentan buenos comportamientos, pero también es importante expresar aquellas situaciones que pueden producir malestar o incomodidad, pero dentro de un marco de absoluto respeto.
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El resentimiento, puede ser el resultado o la consecuencia de una comunicación deficiente. El resentimiento se genera cuando hay situaciones confusas y estas no son aclaradas a tiempo. En toda relación habrán de existir roces y aun conflictos por diferencias de opinión, gustos o intereses, pero todos ellos deben resolverse con premura y de una manera sana y respetuosa, porque de no hacerlo a tiempo pueden desembocar en problemas aún mayores.
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La falta de respeto: El respeto es definitivamente la base fundamental para el desarrollo de cualquier relación, porque cuando faltamos al respeto a nuestro prójimo estamos vulnerando sus derechos y a la vez lo autorizamos a que vulnere los nuestros, trayendo como consecuencia necesaria el deterioro de la convivencia, puesto que nadie quiere ser maltratado o abusado.
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La intolerancia, es la incapacidad de aceptar a mi hermano con sus diferencias. No todos somos iguales, ni mucho menos perfectos. Probablemente haya muchas cosas del otro que no nos agradan, pero debemos aceptarlas, pues seguramente habrá cosas nuestras que no agraden a otros y también necesitaremos que sean aceptadas por ellos. Sin embargo, es importante aclarar que nuestros malos hábitos no deben afectar a los demás y en ese caso habrá que hacer los cambios necesarios, pues cuando se trata de vivir con otros en ocasiones todos tienen que ceder, con el fin de no afectar la convivencia
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El egoísmo jamás puede formar parte de un entorno social y menos de la familia, porque al convivir debemos pensar en el bien de todos.
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La crítica destructiva es muy perjudicial porque afecta la autoestima de quien la recibe. Es necesario expresar las cosas inadecuadas de las personas y que afectan a la comunidad, pero debe hacerse en las condiciones y el momento adecuados, dentro de un estricto respeto y de ser posible jamás frente a terceras personas.
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La indisciplina afecta el entorno familiar. La disciplina es importante y necesaria en grado sumo, como requisito para una sana convivencia en el hogar, porque es la que enseña que todos tienen responsabilidades y la falta de ella genera un caos total.
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Pero yo diría que la raíz de todo lo anterior es definitivamente como padres, estar alejados de Dios, porque quien pretenda hoy, establecer una familia sin la dirección de Dios está rotundamente destinado al fracaso, porque como dice en el Salmo 127:1, «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican».
Una familia firme se construye con amor, respeto, dedicación y esfuerzo y para alcanzar todo lo anterior debemos estar muy comprometidos, determinados y dispuestos a luchar contra esos enemigos que de no enfrentarlos y superarlos estarán ahí para entorpecer el sano desarrollo de la vida familiar, convirtiéndolos a todos en seres infelices.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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