La Sana Convivencia En El Hogar

La sana convivencia en el hogar (Foto Foter)
La sana convivencia en el hogar genera sanas relaciones y se construye con la participación de todos los integrantes de la familia.
La Sana Convivencia En El Hogar
Una sana convivencia en el hogar produce sanas relaciones, y como consecuencia una familia firme, pero esto no es un proceso gratuito, esto se construye con esfuerzo, dedicación y la participación activa de todos los integrantes de la familia. El proceso debe comenzar inicialmente en la pareja, cuyos integrantes deben tener unos lineamientos claros, precisos y unificados de lo que quieren construir en su hogar y estar dispuestos a sembrar en sus hijos lo que en un futuro querrán cosechar, porque todo empieza por ellos, de tal manera que deberán siempre comenzar con el buen ejemplo.
El hogar, ese sitio maravilloso, apacible y tranquilo que anhelamos siempre cuando nos enfrentamos al estrés de un largo y agitado día, debe significar además alegría, gozo y disfrute de compartir con la familia, con la pareja, con los hijos. El hogar no es solamente un espacio, sino un lugar donde se construyen vivencias, se producen recuerdos, se conciben principios y valores, y se establecen raíces, que nos garantizan la seguridad y confianza de saber que pertenecemos a algo, a una institución, la más importante de todas que es la familia.
Cómo establecer una sana convivencia en el hogar
Pero todo lo anterior no es más que el resultado de tener una sana convivencia, en un ambiente amable y de respeto mutuos, donde todos se sientan cómodos, tranquilos, seguros y felices. Aunque parezca algo utópico, no es tan difícil lograrlo si se tienen en cuenta los siguientes aspectos:
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Buscar la dirección de Dios: En Proverbios 29:18 dice lo siguiente, «Cuando la gente no acepta la dirección divina, se desenfrena» (NVI), porque donde no hay dirección de Dios no hay sabiduría, y es la sabiduría la que nos permite mantener el equilibrio.
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El amor: Compartir tiempo en familia para crear lazos afectivos de unión y conocimiento mutuo.
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El respeto: Aceptar y comprender las diferencias en cuanto a ideas, gustos y pensamientos de cada uno y valorarlos, sin minimizarlos ni menospreciarlos.
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La disciplina: Entender y asumir el rol de cada cual dentro del contexto familiar asumiendo sus responsabilidades y deberes.
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La empatía: Sentir como propios los problemas y dificultades de los demás integrantes del grupo familiar, para poder comprenderlos y ayudarlos en los momentos difíciles. Ponerse en el lugar del otro y ayudarse mutuamente. Aquí cabe la frase del famoso escritor y novelista Alejandro Dumas: «Todos para uno y uno para todos».
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La buena comunicación: Con base en los anteriores aspectos, poderse expresar abiertamente y sin dañar al otro; decir lo que se piensa y se siente, aun en aquellas situaciones molestas o desagradables que todos tenemos, pero siempre en pro del sano desarrollo de las relaciones y el progreso de la convivencia familiar. Esto es, teniendo en cuenta el amor, el respeto y la empatía hacia el otro.
Recordemos que las relaciones se construyen a través de experiencias y vivencias, de compartir tiempo juntos, de expresarse y escuchar al otro y de interesarse mutuamente, con el fin de estrechar lazos afectivos y crear un ambiente sano y de confianza para desarrollar el buen vivir.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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