Cómo Debe Ser la Autoridad En el Hogar

Cómo debe ser la autoridad en el hogar (Foto Foter)
La autoridad en el hogar debe establecer el equilibrio entre la firmeza y el amor, sin perder el control ni dar castigos excesivos.
La autoridad debe basarse en el amor y su objetivo principal debe ser el de guiar, orientar, corregir, ayudar y respaldar a los hijos pero sin menoscabar su libertad, ayudándolos a conquistar de manera paulatina y progresiva la verdadera responsabilidad, hasta que logren el pleno desarrollo de sus capacidades y su total crecimiento integral.
Cómo Debe Ser la Autoridad En el Hogar
La autoridad implica jerarquía, mas no abuso de poder. Somos padres pero no verdugos. Con nuestra autoridad debemos ganarnos el respeto de nuestros hijos, pero jamás su miedo. Es necesario encontrar el equilibrio con respecto a los límites que establezcamos los cuales deben darse con amor pero con firmeza, porque si bien es cierto que no debemos caer en el autoritarismo, tampoco debemos ser demasiado complacientes. Los niños, aun los más pequeños están siempre probando nuestra firmeza o nuestra flexibilidad, pero en el fondo lo que ellos buscan es disciplina como sinónimo de amor.
Autoridad es equilibrio entre amor y firmeza
Dependiendo del tono de voz con el que impartamos la orden, el niño puede saber que tan convencidos y seguros estamos de lo que estamos exigiendo, y de esto mismo dependerá también, si él estará dispuesto a obedecer o no.
Si el niño nota cierto tono de inseguridad, puede que no obedezca o aún peor, que diga abiertamente que no lo quiere hacer. Pero si recibe la orden con un tono firme y seguro (sin necesidad de gritar), las probabilidades de éxito serán mucho mayores.
El Dr. Guillermo Ballenato, sicólogo, docente y especialista en Sicología Educativa, expone en su libro “Educar sin gritar” lo siguiente acerca de la autoridad: “Es necesario precisar que al hablar de autoridad, no nos referimos a ella como sinónimo de dominio, superioridad, fuerza o prepotencia. En realidad estamos haciendo alusión a un verdadero poder de influencia positiva sobre nuestros hijos”.
Si a pesar de todo se rebela, basta con repetir la orden con la misma firmeza y el comprenderá entonces que debe obedecer. Si aún su negativa persistiera, podríamos castigarlo quitándole algo que le guste mucho, como ver la televisión o salir a jugar, o algo semejante.
Nunca perder el control
Como padres no debemos perder el control, si por algún motivo el niño se enojara al escuchar el castigo, porque eso sería como ponernos al nivel de él, lo que menoscabaría nuestra autoridad, y entonces habremos sucumbido a sus caprichos.
En ese caso podemos terminar el desagradable asunto diciéndole con voz tranquila pero firme: “En este momento no voy a discutir contigo. He dicho que no verás televisión y así se hará, y no se hablará más”. Con seguridad que el niño cederá.
Cumplir los castigos prometidos
No cumplir los castigos que impongamos, es mucho peor que permitir la desobediencia de nuestros hijos. Es muy importante no dar el brazo a torcer en este sentido, aunque nos duela o aunque nos arrepintamos. Muchas veces los niños tratan de manipularnos haciéndonos sentir mal al poner esa carita de inocencia.
En estos casos debemos armarnos de valor, sobre todo las mamás, que tenemos ese corazón de azúcar y que nos derretimos ante esa miradita tierna. El castigo se cumple porque se cumple o de lo contrario, el niño sabrá que siempre que quiera se portará mal y luego con su actuación tendrá su recompensa.
No dar castigos excesivos
Los castigos en realidad no tienen que ser excesivos. Los niños son muy inteligentes y no necesitan de la agresividad física ni sicológica de los padres para corregir sus comportamientos equívocos. La agresividad solo genera miedo y afecta la autoestima del niño, deteriorando además la confianza y el respeto hacia sus padres.
Dar órdenes claras y precisas
A veces los niños desobedecen, no porque no quieran o por rebeldía, sino tal vez, porque las órdenes no son claras y precisas, o por falta de comprensión de lo que se les está exigiendo. Los niños pequeños suelen ser muy distraídos e inquietos. En esos casos lo mejor es llamar su atención y decirles lo que queremos que hagan, mirándolos directamente a los ojos, con firmeza pero con mucho amor. Este acto establece una profunda conexión entre ambos de respeto y un compromiso por parte del niño a cumplir lo que se le ha pedido.
Humberto Maturana en su libro «Niñez y Democracia» expresa lo siguiente: “Vivamos nuestro educar de modo que el niño aprenda a aceptarse y a respetarse a sí mismo al ser aceptado y respetado en su ser, porque así aprenderá a aceptar y a respetar a los otros».
El hogar no debe convertirse en un campo de batalla donde gane el más fuerte; por el contrario debe ser un sitio apacible en el cual todos sus integrantes puedan convivir en armonía, amistad, y bienestar, y manteniendo la alegría, propiciados por el aprendizaje y el enriquecimiento mutuos.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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