
Por Qué Dios Destruye (Image by Pete Linforth from Pixabay)
Sí, Dios también destruye. ¿Pero por qué Dios destruye? Porque no le queda más opción, y lo veremos de acuerdo a las Sagradas Escrituras.
Sabemos que Dios es amor porque lo dice la Biblia, y también sabemos que es misericordia y bondad. Pero dice también la Biblia que Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:29) porque por encima de la bondad y la misericordia Dios es todo justicia, y cuando tiene que destruir lo hace sin miramientos. Sin embargo, Dios nunca destruye sin antes enviar muchas amonestaciones y advertencias y luego esperar con paciencia el resultado de ellas.
Por Qué Dios Destruye
La historia de los judíos lo demostró siempre y la Biblia está llena de esas historias, en los libros de Jeremías e Isaías de una manera fuerte. Aunque muchos otros escritores de la Biblia también plasmaron las advertencias de Dios para su pueblo.
Pero lamentablemente los judíos, nunca escucharon tales advertencias, lo que trajo como consecuencia la destrucción de la ciudad de Jerusalén y el Templo Sagrado de Dios, en dos ocasiones. Y esto demuestra aún más, la misericordia de Dios. Porque si fue destruida dos veces, es porque Dios después de la primera destrucción les permitió reconstruir, para después, y gracias a su persistente rebeldía, tener que volverla a destruir.
La Biblia dice en Números 14:18 lo siguiente: «Jehová, es tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos».
Dios no anda por ahí castigando a la gente por cualquier cosa. Dios observa, amonesta y espera. Si nada pasa vuelve a advertir y vuelve a esperar. Dios aconseja que por favor dejen de vivir en pecado, que se arrepientan y vuelve a esperar, porque «Dios no quiere que nadie se pierda sino que todos vengan al arrepentimiento», 2 Pedro 3:9.
Y pueden pasar muchos años, sin dejar de advertir ni dejar de insistir, hasta que su paciencia se agota. Y así como pasó con los judíos, que eran el pueblo escogido, pasará también con los cristianos, que somos ahora el pueblo de Dios. Desde la Venida de Cristo, primero fue Juan el Bautista quien advirtió acerca del arrepentimiento.
El dijo: «Enderezad el camino del Señor», Juan 1:23. Lo hizo después Jesús al expresar lo siguiente: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado». Y también advirtieron los discípulos: «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados», Hechos 3:19. Pero hoy, el pueblo de Dios tampoco está escuchando tales amonestaciones.
Por eso esta profetizado un día espantoso de castigo y destrucción para el mundo, y la Biblia lo llama el día del Señor. Veamos cómo lo describe Isaías 13:9-11: «He aquí, el día del SEÑOR viene, cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolación la tierra y exterminar de ella a sus pecadores. Las estrellas del cielo y sus constelaciones no destellarán su luz; se oscurecerá el sol al salir, y la luna no irradiará su luminosidad. Castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad; también pondré fin a la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los despiadados».
Esa es la razón por la cual Dios destruye, por nuestra arrogancia y rebelión, que nos impide someternos a su Santa Voluntad. Pero aún estamos a tiempo de rogar al Espíritu Santo que nos ayude a ser transformados.
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