
Cuando El Enojo Me Quitó Lo Que Más Amaba (Image by Henryk Niestrój from Pixabay)
Esta es una muy triste historia para reflexionar acerca del enojo y el rencor que afectan nuestra vida al punto de perder lo más valioso.
Una fábula para corazones que aún están a tiempo.
Había una vez un lobo llamado Kael. Fuerte y valiente, pero con el alma herida. Siempre estaba enojado. Siempre a la defensiva. Su pareja, una dulce loba llamada Alía, lo amaba con todo su ser. A pesar de los gritos, a pesar de sus silencios. Esa noche discutieron, una vez más. —¡Nunca entiendes nada! —gritó Kael, con los ojos llenos de rabia. —¿Y tú cuándo dejarás de pelear por todo? —respondió Alía, cansada.
Esa noche se durmieron sin hablarse. No hubo abrazo, no hubo perdón, solo orgullo. Y al amanecer, el corazón de Alía ya no latía. Había partido en medio de la noche. Silenciosa y frágil, como si el bosque se la hubiese llevado sin previo aviso. Kael cayó de rodillas, aullando de dolor. El mundo se detuvo para el, y en ese instante entendió todo. Pasaron los días, pero el dolor no pasaba. Y entonces, un viejo búho, sabio y sereno, descendió de un árbol y se posó junto a él diciéndole:
—¿Por qué lloras, pequeño lobo? Kael, con lágrimas en los ojos, apenas pudo hablar: —Me la pasé discutiendo con ella por cosas que hoy ya no recuerdo. Y ahora se fue y nopude despedirme. No le dije “perdóname”. No le dije “te amo”. Me acosté creyendo que tendría tiempo, pero no despertó. El búho lo miró con compasión y dijo: —Dime, Kael ¿Valía la pena tener la razón esa noche? ¿Valía la pena guardar silencio, solo por orgullo?
El lobo cerró los ojos, roto por dentro, y susurró: —No. Hoy cambiaría mil razones por un solo minuto más con ella, para abrazarla y para pedirle perdón. El búho, antes de volar, le dejó un consejo: —Ama con paciencia y perdona con el corazón, porque nunca sabes cuál “buenas noches” será el último.
A veces nos pasamos la vida dicutiendo por cosas que ni valen la pena, desperdiciando así los mejores momentos con los seres que amamos, sin entender que la vida es demasiado corta y el tiempoo también. Por eso tal vez es que la Palabra de Dios nos dice: «Airaos pero no pequéis. Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo», Efesios 4:26-27. Porque en toda discusión grande o pequeña el único que gana es satanás, mientras que nosotros siempre perdemos.
El diablo sabe que le queda poco tiempo y es por eso que trabaja arduamente con nosotros, elevando nuestro orgullo para dañar así las relaciones de pareja, entre padres e hijos, y demás. No permitamos que esto suceda y mas bien pidamos a Dios que nos ayude a dejar todos esos sentimientos malos que no solamente dañan a los seres que amamos, sino que también ofenden a Dios y nos robarán la eternidad.
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