
Paz que Cristo Puede Dar
Existe una paz permanente y duradera que solo encontramos en Dios. Es la paz de Cristo que tal vez pocos conocen, y veremos cómo alcanzarla.
En medio del frenesí y el bullicio de las grandes ciudades o en lo íntimo y profundo del corazón atribulado, no tan solo es posible sino también necesario, descubrir el invaluable secreto de la paz espiritual.
Cuando tratamos de encontrar paz y sosiego a nuestras tribulaciones en las cosas mundanas, probablemente la hallemos de manera temporal pero jamás permanente.
Muchos buscan calmar su ansiedad yendo de compras por ejemplo, viajando por el mundo, tomando licor o sedando sus problemas con cualquier otra cosa. Pero después de un tiempo se dan cuenta que todo sigue igual o aun peor.
La Paz que Cristo Puede Dar
Jesús dijo: «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden», Juan 14:27. Esa paz ofrecida muchos siglos atrás por Jesucristo, demuestra la disposición y el poder que solo Él puede tener para establecer la paz en el corazón humano.
Porque así como Él pudo calmar las tormentas naturales con el solo poder de su Palabra, puede quitar la ansiedad del alma acongojada; puede aquietar el espíritu agresivo y pendenciero, apaciguando también toda actitud vengativa y rencorosa.
Es la paz, que sobrepasa todo entendimiento, para aquellos que no tienen una íntima relación con Dios. Que además guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús, Filipenses 4:7.
Y es la única paz que permanece, la que nos calma minimizando la importancia del dolor o la tristeza, pero añadiendo además una profunda sensación de gozo.
Es la paz que puede llegar hasta lo más profundo y escondido, arrasando a su paso con un poder indescriptible todo sentimiento negativo que destruye el alma. Y no quiere decir con ello que los problemas desaparezcan como por arte de magia, no, para nada.
Pero sí que nuestra actitud frente a ellos es diferente porque sabemos que no estamos solos. Porque entendemos que alguien muy superior a nosotros nos acompaña y nos apoya en nuestro dolor. Jesús también dijo: «En el mundo tendreis aflicción, pero confiad porque yo he vencido al mundo«, Juan 16:33.
Jesús nos comprende en nuestras dificultades y tristezas porque Él también tuvo que vivirlas y las venció. Ahora puede desde su trono acompañarnos y ayudarnos a salir adelante. No te desanimes por las vicisitudes de la vida, más bien aférrate a Dios y podrás vencer cualquier cosa.
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