
Sometimiento Completo a Dios
Para ir al cielo tenemos que someternos por completo a Dios, porque esa es la parte del Pacto que Dios nos exige. Veremos en qué consiste.
A través de los siglos, siempre ha habido sometimiento de algunas culturas sobre otras, y lo han hecho a través de conquistas aunque en realidad, no deberían llamarse conquistas sino más bien apoderamiento y usurpación de tierras, de ideologías y de recursos preciosos; y lo han hecho a través de la fuerza y la imposición de poder.
Ejemplos claros han sido la de traer en siglos pasados negros del pobre continente africano para esclavizarlos. También en la época de la colonia, tenemos registros de cómo los europeos vinieron a América y se apoderaron de tierras, oro y piedras preciosas, e impusieron su cultura, costumbres e idioma sobre los aborígenes que ya vivían aquí.
El Sacrificio de Jesús
Ahora bien, con referencia a Dios, cuando Jesús vino a la tierra, a morir por la humanidad, Él pagó el precio de cada pecador, y ese precio fue tan alto porque fue gota a gota con su propia sangre. Eso significa entonces que le pertenecemos. Eso significa que Jesús es nuestro Señor, nuestro amo y que nosotros no solo le pertenecemos, sino que nos debemos a Él.
En 2 Corintios 5:15 dice lo siguiente: «Jesús por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos». Significa que ya nuestra voluntad no nos pertenece sino que debemos someternos a la de Dios, con la gran diferencia que Él, a pesar de todo su sacrificio no nos exige, pues nos ha dado el poder de elegir.
Es por eso que nos hemos olvidado de lo que Él ha hecho por nosotros, y hemos minimizado el verdadero significado de su sacrificio y de nuestro requerido compromiso con Dios para alcanzar la Salvación. Tal vez por esa misma razón es que en Marcos 14:22-24 dice que derramó su sangre por muchos.
Y no es que la Biblia se contradiga, sino que aunque Jesús murió por todos, no todos estarán dispuestos a asumir lo que Él requiere para ser salvos, como someterse completamente a Dios. Ahora bien, el hecho de que no nos exija, no significa tampoco que Él va a aceptar a todo el mundo en el cielo. Claro que no, porque si Él dio su vida lo menos que podemos hacer es poner la nuestra en sometimiento y servicio a Él.
Sometimiento Completo a Dios
Porque cuando decidimos seguir a Cristo, Él nos ofrece entrar en un Pacto Sagrado, es decir, es un compromiso de ambas partes. El muere por nosotros para ofrecernos Vida Eterna y nosotros tenemos que comprometernos a obedecerle fielmente y cambiar de vida, dejando todas las viejas y malas costumbres pecaminosas que no le agradan a Dios, para ser santificados.
Sin embargo, muchos no están dispuestos a eso y por esa misma razón es que Jesús también dijo «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca», Lucas 6:46-48.
Y la roca en la vida cristiana es Cristo (Ver Salmos 18:31, 19:14, 31:3, 62:1-2, 5-6, 118:20-22, sólo por mencionar algunos versículos). Entonces para ser salvos necesitamos un sometimiento completo a Dios, conociéndolo a través del estudio de su Palabra y la oración ferviente lo que nos permite establecer una íntima relación con El.
Fortaleciendo también a través de esto nuestra fe para no sucumbir ante las asechanzas de satanás. Porque el sometimiento a Dios crea una barrera protectora contra él. Dice el apóstol en Santiago 4:7 «Someteos pues a Dios, resistid al diablo y el huirá de vosotros«. Eso es lo que tenemos que hacer, para que el poder de satanás no nos domine, porque si no estamos sometidos a Dios no habrá defensa terrenal que valga contra tan poderoso enemigo.
Así pues que para poder ser salvos y pasar la eternidad con Cristo debemos tener un sometimiento completo a Dios, basado en la obediencia de todos sus principios y mandatos, aunque muchos de ellos no nos gusten.
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