
Qué Necesitamos para Ser Santos
La santidad es un requerimiento de Dios para entrar al cielo. ¿Pero qué necesitamos para ser santos? Veremos qué dice la Biblia al respecto.
1 Pedro 1:15-16 dice: «Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». Dios no aceptará nada que no sea pureza y santidad, pues el más pequeño defecto de carácter nos dejará por fuera del cielo para siempre.
La santidad es un atributo de Dios que nos ha legado desde la Creación, y que aunque perdimos por la transgresión, nos es devuelto a través de los méritos de Cristo que tenemos que reclamar por su obra redentora. La santidad nunca será negociable, “porque sin santidad nadie podrá ver a Dios” (Hebreos 12:14).
El tema fundamental de la Biblia es la santidad, pues desde Génesis hasta Apocalipsis vemos como el Señor llamó a hombres a salir de sus entornos para que se dedicaran a Dios, llevando una vida de santidad y separados para Él. Y vemos también como destruyó a muchos por falta de santidad, como los hijos de Aaron (sacerdote, en Levíticos 10:2), y a los hijos de Elí (1 Samuel 4:10-11) y en el Nuevo Tesmamenro mató a Ananías y a Safira por mentir (Hechos 5).
También en Éxodo 33:1-3 el Señor expresa su descontento con el pueblo de Israel por su terquedad y rebeldía. Dice así el texto: «Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo (a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino».
Y aunque al fin, Dios no los destruyó porque Moisés intercedió por ellos, Dios sí estaba bastante enojado. Porque una de las cosas que nos alejan de Dios es la rebeldía y el corazón duro y terco, llevado de su parecer. La terquedad nos aleja de Dios porque nos impide someternos. Un corazón terco no puede aceptar los designios de Dios. Y al estar desconectados de Dios, nuestra vida se vuelve un caos porque quedamos a expensas de satanás.
Qué Necesitamos para Ser Santos
¿Entonces que es lo que en realidad necesitamos para er santos y poder entrar al cielo?
1- Reconocer a Dios en nuestras vidas como la única opción para la eternidad. Esto significa que tenemos que someternos por completo a la Voluntad de Dios. Significa que nada ni nadie, podrá hacernos salir del camino que Dios ha trazado para nosotros. Aunque parezca difícil, aunque no lo entendamos, nada nos hará desistir de seguirlo a El.
Ya lo decía el apóstol: «Nada nos separará del amor de Cristo, por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro», Romanos 8:38-39. ¿Estamos nosotros en esa misma condición? Pues si no, tendremos que alcanzarla.
2- Obedecer fielmente sus principios con la ayuda del Espíritu Santo quien es el que nos capacita y nos rmpodera para lograrlo.
3- Alejarnos del mundo. No significa que nos debamos ir a vivir a un monasterio, no. Significa entonces, que debemos abstraernos del mundo y separarnos para Dios. Porque los hijos de Dios aunque vivimos en el mundo, no somos del mundo, como Jesús tampoco era del mundo.
El dijo en su oración al Padre: «No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal. Así como yo no soy del mundo, ellos tampoco son del mundo. Conságralos a ti mismo por medio de la verdad; tu Palabra es verdad». Ser Santos significa separarnos para Dios y nos santificamos a través de su Palabra.
4- «Ser sobríos y velar», dice en 1 Pedro 5:8. Aquí habla el versículo acerca de tener dominio propio, con respecto a todas las cosas que no le agradan a Dios, y para eso tenemos que estar autoexaminándonos ante Dios para saber si en realidad estamos listos para recibirle.
Debemos dejar pot ejemplo, el orgullo, el egoísmo, la codicia, el amor al mundo, el odio, el resentimiento, la envidia, la murmuración, la falta de perdón, y todos los malos sentimientos derivados de nuestro amor al yo, porque de lo contrario, cuando el Señor venga seremos descalificados.
Todos esos defectos de carácter deberán ser puestos a los pies de Cristo para que su sangre purificadora nos limpie y nos transforme para ser recibidos por Dios en el cielo. Necesitamos una transformación real y vivificadora que nos permita odiar el pecado de manera absoluta, pues sólo así tendremos la oportunidad de pasar la eternidad con Cristo.
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