
Estamos cumpliendo el Mandato de Dios (Image by StockSnap from Pixabay)
A veces que fuimos llamados solo para ser salvos, pero tenemos un mandato a cumplir ¿Estamos cumpliendo el mandato de Dios? Lo veremos ahora.
Estamos viviendo los últimos tiempos de la existencia de esta tierra, y nosotros como la generación final y pueblo de Dios, tenemos un enorme compromiso con el mundo que se pierde. Jesús dijo antes de partir: «Id y haced discípulos a todas las naciones», y hacer discípulos, es enseñar lo que nosotros hemos aprendido a través de la enseñanzas de Jesús en la Biblia, porque nosotros somos también discípulos del Señor ahora.
Y aunque las palabras del Señor no significan literalmentemente que tengamos que irnos al otro lado del mundo a compartir el evangelio, sí tenemos que hacerlo en nuestro entorno; con los que tenemos más cerca, con familiares, amigos, compañeros de trabajo o de escuela en general, y todo aquel que nos de la oportunidad de escuchar el mensaje de Salvación.
Porque somos el pueblo escogido de Dios pero no solamente para ser salvos y para recibir sus bendiciones, sino también para dar a conocer a todos la esperanza y el regalo de la Salvación a través de Cristo. Veamos lo que dice el apóstol en 1 Pedro 2:9 al respecto: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Estamos cumpliendo el Mandato de Dios
¿Pero estamos cumpliendo ese mandato de Dios? La verdad es que muy pocos nos preocupamos por hacerlo. Somos el pueblo remanente y tenemos que recordar siempre la misión que nos ha sido encomendada, de llevar este mensaje al mundo y nos queda muy poco tiempo.
Recordemos también las palabras de Jesús cuando estaba a punto de ser entregado, cómo Él sentía de apremiante su labor porque le quedaba poco tiempo. El decía: «Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo», Juan 9:4-5.
Eso mismo deberíamos estar pensando nosotros ahora, puesto que el tiempo también es demasiado corto, y tenemos que ser muy eficientes para llegar al mayor número de personas que aún no conocen esta verdad y que somos nosotros los heraldos que tendremos que proclamarlas.
¿Estamos trabajando ahora mismo en esto? ¿Cómo haremos para llevar este mensaje al mundo? Porque dice en Romanos 10:13-15, «que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Pero cómo, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Pues como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas».
¿Y quiénes han de ser los que anuncien el evangelio sino los que ya lo conocemos y lo vivimos? Somos los hijos de Dios, los que ya somos salvos quienes tenemos tan importante misión. Misión que no todos están dispuestos a hacer, pero por lo que todo discípulo de Cristo tendrá que rendir cuentas a Dios.
La gran comisión no es una opción, sino una obligación, así que dispongámonos pues a cumplir con ella si es que en verdad esperamos muy pronto estar con el Señor en el cielo. Además porque si nos disponemos a cumplir con la tarea que Jesús nos ha encomendado, Dios se encargará de hacer cumplir nuestros sueños y nuestros planes aquí en la tierra, siempre y cuando estén de acuerdo a su Santa y Perfecta Voluntad.
Por eso dice en Proverbios 16:3 lo siguiente: «Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán». Qué maravillosa promesa de Dios para sus hijos obedientes y amados, no te parece? Ánimo pues y a trabajar se dijo.
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