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El Juicio del Pueblo de Dios

El Juicio del Pueblo de Dios

El Juicio del Pueblo de Dios (Image by VBlock from Pixabay)

El ya conocido juicio de Israel en el año 70, es el reflejo del inminente juicio del pueblo de Dios prontamente. Veamos qué dice la Biblia.

Todos sabemos lo que pasó con el pueblo de Israel en el año 70 de nuestra era, después de haber rechazado a Jesús como el Hijo de Dios y de haberlo crucificado. El orgulloso pueblo judío, que se preciaba de ser el pueblo escogido de Dios, con su persistente perversión y maldad, lograron rebasar la copa de la paciencia de Dios, quien gracias a su amor y misericordia, los perdonó una y otra vez, hasta no poder hacerlo mas.

Ellos entonces, después de haber rechazado a Jesús como el Mesías anunciado y haberlo asesinado, dejaron de ser el pueblo escogido de Dios, y fueron reemplazados por los seguidores de Cristo, es decir, los cristianos. Sin embargo, el castigo de Israel no es mas que una pequeña muestra de lo que será el juicio inminente para el actual Pueblo de Dios en el tiempo del fin.

«Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo», 2 Corintios 5:10. El

El Juicio del Pueblo de Dios

El pueblo judío de entonces, representa la incredulidad y rebelión del endurecido mundo de hoy, porque si el pecado de ellos fue rechazar y desconocer la autoridad de Cristo como el Mesías, el pecado de los cristianos de hoy es rechazar y desconocer la vigencia de la Ley de Dios que representa también la autoridad de Jesús sobre nosotros, y el fundamento de su gobierno.

De tal manera que el juicio del pueblo de Dios hoy va a ser tan grande o aun mayor que el de los judíos, y quien no esté dispuesto a arrepentirse y a someterse a la autoridad de Dios guardando sus mandamientos, será rechazado por Jesús e irremediablemente descalificado para entrar al cielo.

Así que como en aquellos tiempos, Dios no pudo perdonar más la rebeldía del entonces pueblo escogido, tampoco le pesará la mano para condenar a todos aquellos cristianos que rechacen la Gracia de Cristo hoy. Y rechazar la Gracia de Dios no es más que ser irreverentes dejando de lado su Ley que es la que determina su autoridad y Señorío sobre nosotros

El dijo: “¿Por qué me llamais Señor y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). O en otras palabras, por qué le llamamos Señor y no obedecemos sus mandamientos? Porque al Señor y dueño se le obedece, y si decimos ser cristianos significa que Cristo es nuestro dueño pues Él pagó por nosotros con su propia sangre.

Muchos se hallan convencidos de eso para las bendiciones, pero no lo aceptan cuando se trata de obedecer, y así no funciona con Dios ni con nadie, por cierto. Ahora nuestro amado Salvador se encuentra en el lugar Santísimo para perdonar a todos aquellos que estén dispuestos a arrepentirse y someterse a su autoridad, para ser transformados por el Espíritu Santo, y poder entrar al cielo.

Sin embargo, quienes no estén dispuestos a ser sumisos y obedientes, dejando el mundo y llevando una vida de santificación, tendrán que ser descalificados y rechazados por Jesús en su Segunda Venida cuando diga: «No os conozco. Apartaos de mí hacedores de maldad, porque no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos», Mateo 7:21-23.

Qué palabras tan horribles, dichas por Jesús, no te parece? ¿Estaremos nosotros dispuestos a escuchar eso al final de los tiempos? No creo que sea lo que como cristianos deseamos cuando el Señor regrese. Sin embargo, así será si no estamos dispuestos a dejar este mundo que nos aleja de Dios.

Dios nos exige entrega total, porque seguir a Cristo es renunciar al mundo por completo, ya que el mundo nos contamina. Por eso dice muy claramente la Biblia: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la Voluntad de Dios permanece para siempre», 1 Juan 2:15-17.

No podemos pretender seguir a Dios y también al mundo, porque Dios exige todo de nosotros y no comparte su gloria con nadie, ni tampoco acepta un corazón dividido. Con Dios es todo o nada, así que si te cuesta dejar el mundo por completo, tienes que entender que al no hacerlo, estás renunciando por completo a Cristo y a la vida eterna con El. ¿Crees que vale la pena el cambio? Reflexionemos al respecto y redirijamos nuestra vida, si es que en verdad queremos ir al cielo.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.

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Esta entrada fue publicada en agosto 25, 2024 por en Uncategorized, Vida Eterna y etiquetada con , .
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