
Cómo Podemos Ser Transformados (Image by Ric Sti from Pixabay)
La transformación es un proceso paulatino que muchas veces no percibimos. Pero cómo podemos ser transformados? Lo veremos según la Biblia.
No podemos medir la espiritualidad porque es intangible, pero si podemos percibir sus frutos, que se traducen o se manifiestan en comportamientos de integridad y principios éticos y morales, en comparación con la vida de otros.
Cristo vino a morir por nosotros para salvarnos. Pero El vino también a enseñarnos cómo vivir por fe; vino a enseñarnos cómo depender por completo de Dios, y cómo vivir en santidad. El propósito y la promesa de Dios ha sido siempre el que sus hijos, nosotros los cristianos, reproduzcamos el carácter de Cristo.
Es decir, que la misma santidad, la misma justicia, la misma perfección y el mismo poder de Dios que se manifestó en Jesucristo cuando estuvo aqui en la tierra, se manifestara también en cada uno de nosotros, (Romanos 1:16-17). Sin embargo, el enemigo quiere que nos enfoquemos en los frutos del pecado y no en la raíz que está en el yo.
Porque cuando nos enfocamos en la raíz de un problema, vamos a encontrar una fácil solución para resolverlo. El diablo nos quiere hacer creer que no podemos vencer la transgresión, gracias a nuestra naturaleza pecaminosa, y que por lo tanto no podemos llevar vidas de justicia, afirmando que estaremos pecando hasta el final.
Esta retórica es la que muchos cristianos asumen, porque tienen sus vidas tan enredadas en el mundo y las cosas que este ofrece, que es obvio que nunca podrán vencer el pecado, y ese es el éxito de satanás. Porque si alguien está convencido que no puede hacer algo, es lógico que no pueda, porque jamás estará dispuesto ni siquiera a intentarlo.
Cómo Podemos Ser Transformados
Recordemos la promesa de Dios que fue dada desde el principio que dice que la simiente de la mujer le aplastaría la cabeza a la serpiente (es decir, que vencería a satanás, Génesis 3:15). Y esta promesa no sólo hace referencia a Cristo sino también a nosotros los cristianos.
Dios quiere y viene por una iglesia sin mancha y sin arruga (Efesios 5:25), pero El no nos deja solos en el proceso sino que a través del Espíritu Santo nos empodera para lograrlo. Sin embargo nuestra tarea es alejarnos del mundo, porque aunque estamos en el mundo, no pertenecemos al mundo, pues somos los escogidos de Dios y como escogidos de Dios tenemos que renunciar al mundo y sus banalidades.
Dice la Palabra de Dios: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre», 1 Juan 2:15-17.
Que versículos tan claros y precisos que nos llevan a una sola conclusión y es que si seguimos aferrados al mundo, jamás lograremos ser transformados. Dios nos ha dado la promesa de ser partícipes de su naturaleza divina a través del conocimiento de Cristo (2 Pedro 1:3-4), y es esa naturaleza divina la que nos empodera para ser semejantes a nuestro Salvador.
Pero si no estamos dispuestos a enfocarnos en Jesús, en nuestra eternidad con El, y vencer los obstáculos que nos impiden alcanzarla, entonces el Espíritu Santo no podrá trabajar en nuestro carácter. Y sólo los que alcancen el carácter de Cristo, tendrán un lugar en el cielo.
Mi consejo es que no desechemos la maravillosa Gracia de Dios que todavía nos ofrece. Contemplemos a Jesús a diario ahora que todavia nos queda tiempo, para que podamos ser semejantes a El (1 Corintios 3:18), y poder estar con Él para siempre.
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