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Qué Nos Puede Robar la Eternidad

Qué Nos Puede Robar la Eternidad

Qué Nos Puede Robar la Eternidad (Image by Sofia Shultz from Pixabay)

Cristo viene por una iglesia sin mancha y sin arruga. Si es así entonces qué nos puede robar la eternidad? Lo veremos de acuerdo a la Biblia.

Sabemos que Jesús es el que nos da la Salvación gracias a su incalculable sacrificio. Sabemos también que Dios nos exige llevar una vida santa, porque dice la Palabra de Dios que “sin santidad nadie vera a Dios”, Hebreos 12:14. ¿Pero qué significará llevar una vida santa?

Vivir en santidad no solamente es guardar los mandamientos que ordena el Señor, sino dejar todos aquellos vicios y hábitos que no le agradan a Dios, porque de una u otra manera afectan al prójimo y por ende ofenden también a Dios. Y esos malos hábitos que no agradan a Dios nos pueden robar la eternidad. ¿Pero cuáles son? Los veremos a continuación.

Qué Nos Puede Robar la Eternidad

En realidad existen muchos malos hábitos que no agradan a Dios que nos pueden robar la eternidad, pero hoy hablaremos específicamente de uno bastante común no solamente en el mundo, sino también aun entre nosotros los cristianos, y es la murmuración.

Es tan grave la murmuración para Dios que en Números 12, María la hermana de Moisés fue castigada por el Señor con lepra, por haber murmurado contra su hermano. Dice además en Santiago 4:11-12:

«No murmureis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la Ley y juzga a la Ley; y si juzgas a la Ley, no eres hacedor de la Ley sino juez. Uno solo es el dador de la Ley que puede salvar y perder; ¿pero tú quién eres para que juzgues a otro?».

Estas palabras dan a entender que cuando juzgamos o murmuramos contra el prójimo, estanos queriendo usurpar el lugar de Dios quien es el Unico que nos puede juzgar cuando quiera. Dice también la Palabra de Dios en Efesios 4:29: «que ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación del oyente».

Si vamos al diccionario vemos que la palabra corrompida es aquella que daña, adultera o pervierte. De tal manera que cualquier comentario u opinión que denigre de un ser humano aunque sea cierto, es un comentario ocioso y corrompido que ofende directamente a Dios también, y nos deja mal librados ante nuestro Hacedor.

Porque una palabra corrompida es una palabra ociosa y por toda palabra ociosa tendremos que rendir cuentas a Dios en el día del juicio», según dijo Jesús en Mateo 12:36. Dios nos ha dado el don de pensar con inteligencia y hablar con bondad.

Veamos ahora el comentario en Testimonios para la iglesia Tomo 1, pag 445 de Ellen de White: «Cuando los creyentes consagrados se reúnen, su conversación no debe versar sobre las imperfecciones de la gente, ni tener sabor a murmuraciones o quejas; sino que por el contrario, la caridad, o amor, que es el vínculo de la perfección, los rodeará”.

No debemos acariciar ni fomentar ningún sentimiento de altiva supremacía, considerándonos mejor que otros, y al murmurar de los hermanos lo estamos haciendo. Recordemos las palabras del apóstol Pablo cuando dijo en 1 Corintios 10:12: «El que piensa estar firme, mire que no caiga».

Y en un artículo del Review and Herald del 1 de Mayo de 1888, párrafo 9 ella también dice: “No pronuncien una sola palabra de queja contra Dios ni contra sus hermanos. Hablar contra sus hermanos es hablar contra Cristo. Cristo identifica sus intereses con los intereses de la humanidad doliente. ‘En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis’.

Hagamos un pacto con Dios de que no diremos ni una sola palabra de envidia o de crueldad. No permitáis que vuestros labios deshonren a Dios con palabras irritantes de queja e insatisfacción. Educad vuestros labios para alabar a Aquel de quien fluyen todas las bendiciones”.

Creo que la murmuración es uno de los vicios más comunes entre nosotros, algo que traemos como carga de nuestra antigua vida mundana. Pero es algo que bajo toda circunstancia tendremos que dejar por completo si queremos ir al cielo, porque definitivamente, y aunque parezca sin importancia, con seguridad que eso nos robará la eternidad.

Todos tenemos defectos y debilidades que tendremos que ir superando en el camino de la santificación, de tal manera que como seres imperfectos que somos, no tenemos ninguna potestad ni derecho a juzgar o criticar a otros por los suyos.

Clamemos pues al Espíritu Santo para que nos ayude a superar ese vicio tan abominable para Dios. Recordemos entonces que el Señor nos ha dado el don de pensar con inteligencia y hablar con bondad. Hagámoslo entonces a partir de hoy.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.

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Esta entrada fue publicada en agosto 15, 2024 por en Dios habla hoy y etiquetada con , .
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