
Cómo Pudo Jesús Vencer el Pecado
Jesús tenía que vencer el pecado como hombre para poder salvarnos. Pero cómo pudo Jesús vencer el pecado? Lo veremos a continuación.
Jesús vino al mundo para salvarnos: 1. Pagando la deuda que teníamos con Dios por el pecado y 2. Enseñándonos a vivir en santidad para entrar al cielo, pues dice en Hebreos 12:14, que sin santidad nadie verá a Dios.
La venida del Señor fue profetizada cientos de años antes, y el pueblo judío era el encargado de saber el momento exacto para transmitirlo al mundo. Pero ellos estaban tan perdidos en el pecado que no pudieron reconocerlo.
El Nacimiento de Jesús
La profecía decía que el Mesías nacería en Belén de Judea (Miqueas 5:2), de una joven virgen llamada María. «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido significa: Dios con nosotros», Mateo 1:23.
El nacimiento de Jesús no fue un acontecimiento importante en su tiempo; de hecho nació en un establo rodeado de animales. Fue así porque a quienes correspondía ser anunciado no estaban listos para tan magno evento. Solo a unos humildes pastores (Marcos 2:8-16), y a unos magos extraños de Oriente les fue anunciado su nacimiento, pues nadie más mereció saberlo (Mateo 2:1-2).
Así pues que cuando llegó el momento que estaba escrito, Jesús vino a la tierra, asumiendo el papel de hombre, con una naturaleza pecaminosa como nosotros, pero sin pecar. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo», Juan 1:1-9. Jesús vino a traer luz y esperanza a un mundo lleno de oscuridad, tristeza y dolor, pero su pueblo, el Pueblo Escogido de Dios, no estaba preparado para recibirlo.
«En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron», dice en Juan 1:9-11. Cristo vino a salvar a los judíos, el pueblo escogido, pero ellos no lo recibieron, nunca lo aceptaron como el Mesías, y además, lo mataron.
Es por eso que Dios nos ha abierto la puerta de Salvación a todos, y hoy el pueblo de Dios somos todos los que creemos en Jesús. Por eso dice luego: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios», Juan 1:12-13.
¿Pero cómo era el carácter de Jesús? ¿Por que Él nunca pecó, si tenía también una naturaleza pecaminosa como la nuestra? Tenemos que conocer al Señor para poder entenderlo y también imitarlo, y solo estudiando su carácter de manera consistente, aprenderemos las cualidades que tendremos que adquirir nosotros también para vencer el pecado como Él lo hizo, y para ser aceptados en el cielo, porque con base en ese modelo es que seremos juzgados.
Cómo Pudo Jesús Vencer el Pecado
Jesús nunca pecó pero no por ser Dios, porque Jesús tenía que vencer el pecado y a satanás, en su naturaleza humana para poder salvarnos. Cristo es esa perfecta norma de conducta que nos exige Dios para pasar la eternidad con Él, porque Cristo no solo vino al mundo para pagar la larga deuda de pecado que tenemos con Dios, sino para darnos ejemplo de cómo vencer el pecado y vivir en santidad para poder entrar al cielo, ya que ningún pecador será aceptado allá. Veremos qué hizo Jesús para vencer el pecado.
Jesús siempre obedeció al Padre. Él decía: «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió», Juan 6:38. «Yo no hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me da mandamiento sobre lo que he de hablar», Juan 12:49. Jesús vivía en completa dependencia del Padre y jamás hacia nada por su propia cuenta sino que siempre hacia la Voluntad de Dios. Eso mismo exige Dios de nosotros hoy, y si Cristo fue obediente, cuanto más tenemos que serlo nosotros.
Jesús oraba a diario: «Pero con frecuencia El se retiraba a lugares solitarios y oraba», Lucas 5:15-16. «Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo», Mateo 14:23. «Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba», Marcos 1:35.
El oraba a mañana, tarde y noche ¿Y por qué oraba tanto Jesús? Porque sin el poder de Dios, Jesús no hubiera podido enfrentar las tentaciones de satanás, por tanto, El necesitaba abastecerse espiritualmente para fortalecerse y no sucumbir ante satanás.
Jesús conocía muy bien la Palabra de Dios, y esa fue su arma mas poderosa contra las asechanzas de satanás. «Vino el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Y le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás. El diablo entonces le dejó», Mateo 4:3-11.
De tal manera que la mejor manera de enfrentar al diablo es a través de la oración y la Palabra de Dios. Jesús tenía que ser como uno de nosotros, con tentaciones y debilidades, pero las venció todas, porque jamás se soltó del brazo poderoso de Dios para que lo mantuviera firme ante las dificultades y tentaciones que le ofrecía este mundo caído.
Las luchas de Jesús no fueron menores que las nuestras, pero por amor a nosotros todas las venció. Hoy Él nos ofrece el mismo poder que recibió entonces del Padre para fortalecernos y ayudarnos a vencer también las nuestras, pero tenemos que estar dispuestos a recibirlo, renunciando a tantas distracciones que nos ofrece el mundo para alejarnos de nuestro destino final con Cristo.
Hoy muchas personas siguen viviendo su vida como si Jesús no fuera a regresar, pero El mismo lo anunció: «Vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra». Es por eso que debemos estar alerta para que no nos tome por sorpresa como les pasó a los judíos.
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