
Cuál Es el Resultado de una Persona Convertida
La Conversión es lo que realmente nos hace salvos. ¿Pero cuál será el resultado de una persona convertida? Lo veremos según la Biblia.
Si la conversión es lo que realmente nos hace salvos, entonces ¿cómo saber si yo he alcanzado ese nivel? ¿Cuál sería el resultado de una persona convertida? ¿Cuáles serían los frutos en su vida y cómo actuaría? Cristo nos dejó una señal para no dejarnos engañar de personas o líderes que hablan de santidad. El dijo: «Por sus frutos los conoceréis» Mateo 7:16.
Los frutos son las obras, la conducta o el comportamiento en la vida diaria de una persona; es lo que define verdaderamente a alguien. Y es muy simple. Así como un árbol de uvas no puede producir naranjas, los frutos de una persona convertida, tienen que ser frutos de justicia, de amor y bondad hacía sus semejantes; y de respeto y obediencia a los mandamientos de Dios. Es decir, que no son las palabras sino los hechos los que determinan lo que alguien es, para bien o para mal.
Cuál Es el Resultado de una Persona Convertida
Si una persona ha sido ya convertida, si ha tenido un cambio real de corazón, se presenta una transformación en el carácter, al punto de ser semejante a Jesús. Desaparece el orgullo; el pecado se hace abominable y se evita a como dé lugar.
La persona convertida odia todo aquello que la depravaría moralmente; se hace más sensible al dolor ajeno y siente la enorme necesidad de ayudar y servir de manera desinteresada al prójimo. Nace en ella un enorme deseo de conocer a Dios, teniendo sed de su Palabra, y al conocerlo más y más se hace consciente de sus propias debilidades y falencias.
Puede entonces reconocer la gravedad de sus pecados y de cuánto ofende a Dios con sus malos hábitos. Entonces puede comprender que sin Cristo es incapaz de dejarlos, y que solo a través del amor del Salvador y del poder del Espíritu Santo puede dejar sus pecados atrás, para comenzar una nueva vida en Cristo Jesús.
Es Cristo y su Santo Espíritu el que puede transformarnos verdaderamente en criaturas nuevas. Por eso dice el apóstol en 2 Corintios 5:17 lo siguiente: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».
Y cuando habla de todas las cosas, significa que son todas, es decir, que la persona convertida piensa diferente, siente diferente, actúa diferente y habla también diferente, porque la simiente de Dios está en su interior y es esa simiente la que la guía. En 1 Juan 3:9 dice el apóstol: «El que es nacido o engendrado por el Espíritu de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar, porque es nacido de Dios».
Es la simiente de Dios la que comienza a dirigir a la persona convertida en los caminos del Padre, en el camino al cielo, en el camino hacia la eternidad con Él. Es cuando deja de pecar porque sabe que el pecado ofende a Dios. Es entonces cuando empieza a ver el mundo de manera diferente, entendiendo que las cosas mundanas no agradan a Dios, y se abstrae de ellas para no ofender al Salvador que dio su vida por él, porque las cosas del mundo no provienen de Dios (1 Juan 2:15-16).
Pero al abstraerse del mundo, no lo hace con tristeza o con pesar por dejarlo, sino que lo hace con gozo simplemente porque ha perdido el interés a tales cosas, y ahora ha aprendido a disfrutar de las cosas de Dios, de Su compañía y del estudio de su Palabra. Comienza a ver al prójimo de manera diferente. Ya puede verle a través de los ojos de Cristo con un amor y misericordia incalculables.
Es tolerante y muy paciente ante las debilidades humanas, viendo las cosas positivas de ellos y desechando las negativas como Cristo lo ha hecho con nosotros. Ya no juzga ni critica, solo sirve con amor e intercede incansablemente ante Dios, a través de la oración ferviente, por todos aquellos que tanto lo necesitan.
Siente un enorme dolor por las almas perdidas del mundo y como consecuencia siente la necesidad de compartir con todos, las buenas nuevas de Salvación. «No busca el bien propio sino el del prójimo» (1 Corintios 10:24) como Cristo lo hizo a su paso por la tierra. Y finalmente, la persona convertida comienza a amar y a disfrutar de las cosas de Dios mientras le desagradan ya las cosas del mundo que antes disfrutaba.
Ya no disfruta de las películas del mundo, ni de fiestas, ni de trago, ni tampoco de perder el tiempo en trivialidades mundanas que no edifican ni aportan beneficios para crecer. En resumen, una persona convertida, lucha incansablemente y a diario por parecerse cada día más a Cristo su amado Salvador.
Si tú ya tienes varias o todas las anteriores características, entonces vas por buen camino, pero recuerda que la carrera no termina ahí. El camino al cielo solo concluirá con la muerte o con la Venida del Señor si es que aún estamos vivos.
Pero si no te has identificado con lo anterior, comienza ahora y entrégale por completo tu vida a Dios, para que Él comience a trabajar en tu vida desde ya, porque queda poco tiempo, y no sea que por desdén o por dilación te quedes por fuera y te pierdas de la maravillosa experiencia, de pasar la eternidad con Cristo.
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