
Cómo Será el Cielo (Image by Felipe from Pixabay)
¿Alguna vez te has preguntado cómo será el Cielo? Tal vez no, pues es difícil de imaginar tanta belleza. Veremos un poco cómo será el cielo.
Es muy interesante que quienes somos cristianos y decimos querer pasar la eternidad con Cristo poco pensamos en el cielo. Hoy vamos a hablar de cómo será el cielo y para hacerlo no pretendo decir que el Señor me llevó hasta allá en visión, sueños o algo parecido porque no es así; pero si quiero hablar de algunas pautas que nos da la Biblia para hacernos una idea de cómo será el cielo.
Pensad mas en el Cielo
Tenemos que pensar más en el cielo para cuidar de nuestra Salvación y abstraernos de este mundo que tanto daño nos hace. El apóstol Pablo nos dice: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios», Colosenses 3:1-3.
¿Cuántos cristianos hoy pensamos más en las cosas de Dios que en lo que estamos viviendo aquí en la tierra? No muchos, verdad? Aun ahora que estoy escribiendo sobre esto tengo que reconocer que me cuesta pensar en el cielo y en cómo sería mi vida allá, pero estoy pidiendo mucho al Señor que me ayude a pensar más en las cosas de arriba que en las de la tierra. Porque tenemos que recordar que nuestra verdadera morada está en el cielo, que este mundo es apenas temporal y que muy pronto acabará.
Como Será el Cielo
¿Pero entonces cómo será el cielo? Sabemos que es un sitio maravilloso donde no habrá llanto ni dolor, no existirá el pecado ni tampoco la muerte. Dice en Apocalipsis 21:4 «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».
Porque Dios nos ha prometido cielos nuevos y tierra nueva, que en nada se parecerán a lo que hoy conocemos: “Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria”, Isaías 66:17.
Y estaremos con Cristo y el Padre por toda la eternidad. Jesús lo prometió cuando dijo: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis», Juan 14:2-3.
Qué maravilloso privilegio que el mismo Jesús haya ido a preparar un lugar para nosotros y después volver para llevarnos. Ese hecho tan significativo debería mantenernos firmes en el camino al cielo, y un serio compromiso con nuestra Salvación; algo que por seguir los lineamientos del mundo podríamos llegar a perder.
La Nueva Jerusalén
Según la Biblia, en el cielo viviremos en una gran ciudad que es la Nueva Jerusalén y la describe de la siguiente manera, según una visión que le fue dada por Dios al apóstol Juan: “La ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio”, Apocalipsis 21:18.
“Tenía un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”. Apocalipsis 22:1-4. Y continúa diciendo:
“Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”, Apocalipsis 21:12-14.
“No habrá templo en ella porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”, Apocalipsis 21:22-23.
En esta ciudad viviremos con el Señor por mil años, después de los cuales la ciudad bajará del cielo y se establecerá en la tierra nueva creada por Dios (Apocalipsis 21:2), porque con la venida del Señor esta tierra y el cielo que conocemos serán por completo destruidos (2 Pedro 3:12-13).
Cuán grande y poderosa es la gloria de Dios que ella nos bastará para iluminar la Gran Ciudad de Dios. Como vemos no son muchas las descripciones que el apóstol nos da en la Biblia acerca del cielo. Pero es apenas comprensible, pues es de esperarse que tanta belleza y hermosura de un mundo nuevo prometido por Dios a sus fieles escogidos, sea casi imposible de describir con palabras.
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