
El Misterio de la Piedad (Image by Kerstin Kaufmann from Pixabay)
El misterio de la piedad es un misterio difícil de comprender aun para los cristianos; Lo veremos a continuación con la ayuda de la Biblia.
Solo Dios, ser santo y perfecto podía lograr restaurar al ser humano de su naturaleza caída y de la condición pecaminosa adquirida por el hombre en el Edén. Pero no podía hacerlo con una varita mágica, no porque no tuviera el poder sino porque eso iría en contra de sus inquebrantables principios.
Dios quería salvarnos, pero había una deuda que saldar y que no se podía perdonar así nada más. Es por eso que el Padre y Jesús se idearon el Plan de Salvación que consistió en que Cristo dejara su investidura en el cielo y se hiciera hombre para venir al mundo a vivir como uno de nosotros y a sentir en carne propia cada tentación y cada momento desagradable de un mundo de pecado.
En Filipenses 2:6-8 dice así: «Jesús siendo Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». Jesús por amor a la raza humana tuvo que venir al mundo tomando la forma de hombre, para sentir como hombre, sufrir como hombre y vencer las debilidades humanas y el pecado al ser tentado como hombre.
Jesús en su calidad de hombre tuvo que ser tentado y vencer todas las tentaciones para llevar una vida de perfecta santidad y obediencia al Padre para que al ser sacrificado, fuera un cordero perfecto y sin mancha y morir por los pecados de toda la humanidad, pagando una deuda que no era suya, pero que hizo suya por amor a nosotros.
«Al que no conoció pecado (Jesús), se hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él», 2 Corintios 5:21. Ese es el misterio de la piedad, y es un misterio porque es difícil de comprender para muchos, aún para nosotros los cristianos.
Porque es difícil de comprender para nuestra mente finita que Cristo, siendo Dios, dejara toda su majestad y su gloria al lado del Padre, para venir a vivir como hombre, sufrir todas las vejaciones que un ser humano puede sufrir, llevar una vida de perfecta santidad y además morir por una raza que lo único que ha hecho es ofenderlo y desconocerlo como Dios.
Yo diría que es también el misterio del amor, un amor también difícil de entender para nosotros los pecadores que solo pensamos en nuestro bienestar y disfrute. Es el misterio del amor incondicional, que hace lo que sea por el ser que ama, a pesar de todos los desplantes y ofensas que recibe.
Es el misterio del verdadero amor que menciona el apóstol en Corintios 13:4-7 que dice así: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
Solo al leer estas líneas podemos comprender un poco el infinito amor de Dios hacia nosotros, y el porqué de haber hecho lo que hizo. «Porque de tal manera amo Dios al mundo que dio a su Hijo unigenito para que todo aquel que en El crea, no se pierda sino que tenga Vida Eterna», Juan 3:16.
El Misterio de la Piedad
El apóstol Pablo habla del misterio de la piedad expresando lo siguiente: «Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria”.
Aunque Cristo fue siempre, desde antes de la fundación del mundo uno con el Padre, estuvo dispuesto, por su infinito amor a la humanidad, a descender a la condición de simple mortal dentro de un mundo caído, para poder llevar a cabo su plan de Salvación.
Se sometió a vivir en un mundo de pecado pero sin pecar, porque mantuvo firme la conexión con el Padre a través de la oración, y por su obediencia, el Espíritu Santo lo acompañó siempre. Es por eso que el misterio de la piedad es un maravilloso misterio que no tenemos que entender sino simplemente aceptar y agradecer, y la mejor manera de agradecerlo es honrando a Dios con nuestra obediencia a sus principios y el incondicional sometimiento a su Santa Voluntad.
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