
El Amor Al Mundo (Foto Pixabay)
El Amor al mundo va en abierta oposición a Dios, porque quien ama al mundo no puede amar Dios. Lo veremos de acuerdo a la Biblia.
Es imposible amar al mundo y a Dios al mismo tiempo porque las cosas del mundo van en una abierta oposición a Dios. Cristo dijo: «El que no está conmigo está contra mí«, Mateo 12:30.
Existen dos grandes poderes espirituales que representan el bien con el Creador a la cabeza, y el mal dirigido por satanás; y todos estamos en un bando o en el otro porque no hay términos medios.
Es por eso que las palabras de Jesús son tajantes, profundas, radicales y sin lugar a discusión, de tal manera que quienes no están con Dios ya han escogido seguir a satanás. Es así de simple.
En 1 Juan 2:15-17 el apóstol nos exhorta diciendo: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».
Son muy claras esas palabras. El que ama al mundo no puede decir que ama a Dios, porque ninguna de las cosas del mundo provienen de Dios, sino del príncipe de las tinieblas que ha gobernado la Tierra desde el primer pecado de la historia de la humanidad.
Las cosas del mundo son cosas materiales creadas para el placer desmedido de los sentidos físicos del hombre, sin tener para nada en cuenta la Voluntad de Dios y sus principios.
Dios dejó de ser el referente espiritual del hombre desde comienzos de la humanidad. Es por eso que al no existir ese guía espiritual que nos ama y quiere lo mejor para sus criaturas, el hombre perdió el rumbo, guiándose por sus propios instintos carnales y quedando a expensas de los malvados propósitos de satanás, que lo único que busca es nuestra perdición.
Dice en Proverbios 29:18 que «donde no hay dirección divina no hay orden», (DHH). Y es por eso que hoy el mundo está en caos, sin dirección, sin principios, sin control y también sin orden.
El Amor Al Mundo
En la actualidad gran parte de la humanidad ama tanto el mundo y las cosas del mundo, guiados tan solo por sus placeres y deseos, que en su corazón no queda ni un pequeño resquicio para pensar, amar ni glorificar a Dios.
«Están siempre guiados por los deseos de la carne, que van en contra del Espíritu de Dios y que dan como resultado, adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas que quienes las practican no heredarán el reino de Dios», según dice el apóstol en Gálatas 5:16-21.
Todo lo arriba mencionado es característico de la sociedad en la cual nos desenvolvemos hoy, donde «a lo bueno se le llama malo y a lo malo bueno, haciendo de las tinieblas luz, y de la luz tinieblas» (Isaías 5:20). Algo que por cierto ya venía anunciado desde los tiempos del profeta, muchos cientos de años antes de Cristo.
El enemigo procura de todas las maneras posibles alejar nuestra mente de Dios llenándonos de entretenimientos y placeres mundanos que agotan no solamente nuestro tiempo sino también nuestras fuerzas y energías, negándonos toda posibilidad de compartir momentos valiosos con Dios y de recibir la luz divina para la vida y las bendiciones del cielo que son innumerables.
El Amor Al Mundo Nos Robará la Eternidad con Cristo
Es tanto el amor que muchos, aun cristianos tienen por el mundo, que tal vez por eso es que el Señor dice en Mateo 22:14 que «muchos son los llamados y pocos los escogidos«, porque son en verdad muy pocos los que están dispuestos a renunciar al mundo por seguirlo a Él.
Y también por eso en Mateo 7:13-14, el Señor nos exhorta diciendo: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan».
El camino ancho y espacioso que lleva a la perdición, es precisamente el camino del mundo, donde se da rienda suelta a los placeres desmedidos y egoístas de la complacencia propia. Es el camino donde se le hace el culto al YO, al orgullo y la arrogancia por encima de todo lo demás, sin tener en cuenta el servicio a Dios ni el bienestar de otros.
Dios no quiere que seamos infelices pero los verdaderos hijos de Dios no buscamos el placer en este mundo temporal y efímero que muy pronto acabará. Nuestro gozo está en el Señor y en las cosas del cielo donde recibiremos nuestra recompensa eterna.
Deslindémonos de una vez de las cosas mundanales que nos robarán la eternidad con Cristo. Gocémonos en su Palabra y clamemos al Espíritu Santo de Dios para que nos ayude en esa transformación tan necesaria para aprender a disfrutar de las delicias y bendiciones que nos ofrece Dios también aquí en la tierra.
Los cristianos no tenemos que ser aburridos, pero tampoco necesitamos de las frivolidades de este mundo temporal para ser felices, porque Dios tiene para nosotros todo un sinfín de cosas maravillosas para disfrutar en este corto peregrinaje mientras esperamos el glorioso día en que partamos con Cristo para vivir eternamente con El.
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