
Cómo Podemos Glorificar a Dios (Foto Pixabay)
Fuimos creados para la Gloria de Dios, pues ese fue el propósito al crearnos. ¿Pero cómo podemos glorificar a Dios? Veamos qué dice la Biblia.
El ser humano fue la máxima obra de la Creación de Dios, porque a diferencia del resto de las criaturas, Dios nos creó con sus propias manos y nos hizo a su imagen y semejanza (Génesis 1:26).
Este solo hecho demuestra el infinito amor que Dios puso al crearnos y aunque nos dio también el poder de elección, su intención fue crearnos para su gloria y para su honra.
En principio el hombre vivió en perfecta armonía con los principios de Dios, glorificando al Padre Celestial con cada uno de sus actos, gracias a su pureza y perfección; pero pronto todo eso cambió porque el pecado llegó, y con él la maldad de la humanidad.
Desde entonces, en vez de glorificar, el hombre comenzó a deshonrar a Dios, guiado por sus pecaminosos instintos y rebeldes comportamientos.
Se rompió la estrecha relación del hombre con Dios (Génesis 3:23), y su condición caída le impedía volver a su inicial estado de pureza y perfección.
Pero por el sacrificio de Jesús, Dios nos abrió de nuevo la puerta para la reconciliación con El, y la Salvación (Juan 3:16).
Cómo Podemos Glorificar a Dios
Pero entonces ¿cómo podemos ahora glorificar a Dios? Cristo después de resucitar y antes de volver al Padre nos prometió enviarnos al Espíritu Santo, quien sería el que haría la obra de transformación en nosotros.
Es el Espíritu Santo el que implanta en nuestro corazón los principios divinos para desarrollar los atributos de Dios. Atributos con los que fuimos creados pero que entonces perdimos gracias al pecado.
Una vez reimplantados tales atributos, el carácter de Cristo comienza a brillar a través de nosotros, glorificando nuevamente a Dios e iluminando el camino sobre las tinieblas de este mundo, porque esa es la obra del Espíritu Santo que permite que el carácter de Cristo, brille en nuestro interior y fluya a nuestro alrededor.
Cristo inicialmente dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida», Juan 8:12. De tal manera que hoy nosotros que somos sus seguidores recibimos esa luz y tenemos que irradiarla al resto del mundo.
Es por eso que después nos dice: «Vosotros sois la luz del mundo», Mateo 5:14. «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).
Asi pues la misión que Cristo nos ha encomendado, consiste en seguir iluminando el camino que nosotros ya conocemos y que lleva a El, en medio de la oscuridad espiritual que envuelve a este mundo que está pereciendo, sin amor y sin esperanza.
Glorificamos a Dios Llevando su Palabra
Los cristianos somos la luz del mundo y nos corresponde llevar al mundo la luz del evangelio de Cristo para anunciar que a pesar de las tinieblas en las que se sume, hay salvación para los quebrantados y los dolientes.
Glorificamos a Dios Con las Buenas Obras
Por todas partes se escuchan los lamentos de tristeza y de dolor de tantos y tantos que sufren sin esperanza. El mundo está lleno de afligidos cuyas necesidades y falencias incluyen las materiales, físicas y espirituales y a nosotros nos toca ayudarlos a suavizar las durezas y miserias de la vida.
Nuestra obra práctica tendrá entonces mucho mas efecto que la de dar un sermón. Tendremos que alimentar al hambriento, vestir al desnudo, hospedar al que no tiene hogar y asistir al enfermo.
Y estas obras de caridad son las que abrirán los corazones de aquellos para recibir la luz de la verdad, porque solamente el amor de Cristo puede satisfacer las necesidades del alma.
Si No Hay Buenas Obras No Hay Gloria Para Dios
La gloria de Dios está en nuestras buenas obras producidas por la obra del Espíritu Santo, de tal manera que si no tenemos buenas obras no hay gloria para Dios.
Los hijos de Dios han de manifestar su gloria como una revelación de lo que la gracia de Cristo ha logrado producir en sus vidas y en su carácter, es decir, esa perfecta transformación para alcanzar la eternidad.
Ese es el aceite extra del que habla el Señor en la parábola de las diez vírgenes y no es más que la transformación de nuestro carácter al carácter de Cristo como requisito fundamental para poder ser aceptados en el cielo.
La obra del Espíritu Santo tiene que transformar nuestra vida para que el Señor pueda iluminar a través de nosotros al mundo en tinieblas. Y son esas buenas obras, producto de la obra del Espíritu Santo en nosotros las que nos permiten glorificar a Dios.
Es por eso que primero tenemos que ser transformados por el Espíritu Santo, para recuperar esa santidad y perfección con la que fuimos creados, para actuar en obediencia y fidelidad a sus principios y poder entonces glorificar a Dios con nuestras buenas obras.
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