
Qué Testimonio Estamos Dando Ante el Mundo (Foto Pixabay)
Qué testimonio estamos dando los cristianos al mundo? ¿Somos ejemplo de integridad o estamos deshonrando a Cristo? Lo veremos según la Biblia.
Si somos cristianos ¿que testimonio estamos dando? ¿Estamos siendo un ejemplo vivo de integridad, pureza y santidad ante el mundo? ¿Estamos de verdad reflejando el carácter de Cristo en nuestro entorno? ¿O por el contrario estamos deshonrando a Jesús con nuestra conducta?
Dice en 1 Pedro 2:12 lo siguiente: «Mantengan siempre entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación».
Si nosotros como cristianos mantenemos una conducta intachable ante el mundo, el Señor será nuestro soporte en todo lo que emprendamos, protegiéndonos y siempre apoyándonos.
Porque en un mundo dominado por satanás no podemos estar exentos de ser calumniados, y muchas veces acusados de cosas que no hemos hecho.
Pero sí podemos por medio de nuestra conducta irreprensible desmentir cualquier clase de habladurías mal intencionadas sobre nuestro comportamiento, dando siempre un buen testimonio ante los demás. Además, con nuestro buen proceder atraeremos muchas almas para Cristo.
Qué Testimonio Estamos Dando Ante el Mundo
Lo que nosotros conservemos en el corazón es lo que será necesariamente reflejado en nuestro carácter, en la manera como nos comportamos y en cómo actuamos en nuestro diario vivir, ejerciendo una influencia positiva o negativa sobre aquellos con quienes nos asociamos.
Como cristianos, somos constantemente vigilados por el mundo acerca de cómo nos conducimos en nuestra cotidianidad, en los asuntos y negocios y en nuestro trato con los demás.
El mundo observa nuestro comportamiento con la familia, en el trabajo, en el vecindario y en la comunidad. Nuestra buena conducta y trato amable debe comenzar desde el hogar y extenderse a todas las instancias de nuestra vida.
Las palabras amables, el trato considerado y respetuoso, la cortesía, la gentileza, la hospitalidad y la inquebrantable honradez deben formar parte de nuestro diario vivir, porque a través de dicho comportamiento, honramos a Cristo y damos un buen testimonio de Él.
Jesús dijo: «Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas», Mateo 7:12.
Esto forma parte del segundo mandamiento en importancia enseñado por Jesús que dice: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», Mateo 22:39, y que evidencia que de verdad somos cristianos y que estamos obedeciendo a Dios.
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Pero si por el contrario somos agrios, irreverentes, mentirosos, fraudulentos y amadores del mundo, entonces qué testimonio estaremos dando? Podrían decir que somos peores que los no creyentes obstaculizando con ello a aquellos que deberíamos haber ganado para Cristo mediante un ejemplo irreprochable y admirable.
Porque recordemos que muchos de los no creyentes llegan a los pies del Señor al ver a alguien cuya conducta es un buen ejemplo a seguir. Cuando alguien ostenta un carácter de bondad y rectitud, muchos quieren ser como estos.
Si somos cristianos verdaderos, tenemos que llevar siempre el mensaje de amor, bondad y de todos los valores que Cristo mostró y enseñó a su paso por la tierra. No deshonremos a nuestro amado Salvador con un comportamiento contrario a sus enseñanzas y principios, porque tendremos un peor castigo en el día del juicio, que aquellos que se declaran completamente ateos.
¿Y por qué será peor? Porque los ateos desconocen todas las enseñanzas de Cristo, pero en cambio los cristianos tenemos un manual de principios que ha dejado Dios que es la Biblia, y no tenemos excusa para decir que no sabíamos tales cosas.
Dice la Palabra del Señor en 1 Pedro 4:17: «Porque el juicio comenzará por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?».
Pues que serán castigados mas duramente, al no tomar con la debida seriedad el sacrificio de Jesús ni el proceso de Santificación requerido por Dios para alcanzar la Salvación. Porque sin Santificación nadie verá a Dios (Hebreos 12:14).
Seamos pues consecuentes y cuidemos nuestra Salvación con temor y temblor (Filipenses 2:13), no sea que por indolencia y frivolidad nos perdamos nuestra eternidad con Cristo.
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