
Acerca del Pecado (Image by Engin Akyurt from Pixabay)
Muchos dicen que es imposible guardar la Ley, sin embargo ningún pecador entrará al cielo, y lo veremos a continuación según la Biblia.
El pecado es la transgresión de la Ley y aunque el cristiano moderno diga que ya no hay Ley que cumplir, Dios no aceptará a ningún pecador en el cielo.
Lo que Piensan Muchos Acerca del Pecado
A través de la historia el hombre ha tratado de excusar el pecado, afirmando que es imposible guardar la Ley. Pero todo el que afirma tal cosa, lo afirma no porque no puede sino porque no quiere dejar el mundo ni las cosas del mundo que le producen placer, porque Cristo ha hecho provisión suficiente para que cada uno de nosotros pueda ser obediente, y si lo creemos y actuamos en concordancia a sus principios, Él nos dará la victoria.
Porque no solo hay que creer sino también actuar de acuerdo a la Voluntad de Dios. En el libro de Hebreos 3:12-13 dice el autor: «Mirad hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo, pues ese es un engaño del pecado».
Porque si Cristo ha dicho que a través de Él podemos vencer el pecado y aun así dudamos o negamos esa verdad, lo estamos tildando de mentiroso, y le estamos dando la espalda a Dios, alejándonos de su Presencia. Esa posición es grave y peligrosa ante nuestro Padre Celestial que nos está dando todas las herramientas para dejar de pecar y aun persistimos en seguir haciéndolo.
Por Qué seguimos Pecando
La pregunta entonces es, por qué a pesar de todo lo que nos ofrece Cristo para dejar de pecar, seguimos pecando? Porque esos que dicen no poder dejar de pecar no han nacido de nuevo; estos no han nacido en el Espíritu como Cristo le dijo a Nicodemo (Juan 3) que tenía que nacer para alcanzar la eternidad.
Quienes no nacen del Espíritu, siguen siendo carnales y es obvio que los carnales no pueden guardar los mandamientos de Dios, porque siguen sometidos al poder de satanás, y de alguna manera están cómodos donde están, sin querer salir de ahí. Veamos lo que dice el apóstol en Romanos 8:5-8:
«Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; y los que son del Espíritu piensan en las cosas del Espíritu Y el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios».
Los que viven según la carne siguen siendo esclavos del pecado y de satanás, y no pueden liberarse por si mismos de ese yugo. Tampoco son guiados por Dios, porque no tienen el Espíritu de Dios, sino que son guiados por las cosas materiales que rigen este mundo. Sin embargo, muchos de ellos siguen esclavos del pecado porque quieren, porque han preferido escoger el mundo en vez de Cristo.
Venciendo el Pecado
Pero si en verdad nos hemos arrepentido de corazón y estamos dispuestos a someternos a Cristo, El nos dará su Santo Espíritu para fortalecernos y capacitarnos para vencer el pecado; para crecer en obediencia cada día hasta que estemos preparados para que la plenitud del Espíritu Santo sea derramada en nosotros y pueda venir la lluvia tardía.
Dios nunca le dará todo el poder del Espíritu Santo, como lo dio a los discípulos el día de Pentecostés, a una persona que no es santa como El. Él solo nos dará el poder del Espíritu Santo cuando nuestro carácter sea limpio y puro, sin ninguna mancha de pecado.
Porque cuando el carácter de Cristo sea plenamente manifestado en nosotros, estaremos preparados y listos para que Cristo venga a reclamarnos como suyos, y para cumplir su promesa de llevarnos a vivir en las mansiones celestiales que ha preparado para nosotros, no de otra manera.
El vendrá en las nubes del cielo a tomar a su pueblo santo, puro y perfecto, porque El ha dado fortaleza a cada uno de nosotros para vencer el pecado. Para eso fue que Cristo vino al mundo y dio su vida perfecta por nosotros.
Lo hizo para salvarnos, para redimirnos y para purificarnos de toda maldad y para hacer del suyo un pueblo celoso y apto para buenas obras. Decidamos hoy y comprometámonos hoy a vivir para Cristo, y el Espíritu Santo vendrá en nuestra ayuda para poder cumplir esa maravillosa promesa.
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