
Las Consecuencias del Pecado
El pecado produce una terrible degradación que trastorna los sentidos y la razón del ser humano. Veremos sus consecuencias según la Biblia.
El pecado produce una terrible degradación en el ser humano, trastornando sus sentidos y también su razón y su entendimiento. Puede que al principio la persona no se dé cuenta de ello, pero una vez vistas las consecuencias funestas de sus malos actos, viene el dolor de toda la destrucción que el pecado ha dejado a su paso.
Veamos un ejemplo:
Un hombre le es infiel a su esposa con una mujer mucho mas joven y bella, y esa infidelidad puede durar algún tiempo sin que su esposa lo sepa. Es obvio que este hombre a pesar de su fogosa aventura no quiere perder la estabilidad familiar que le ofrece su hogar, pero la aventura le produce placeres fuertes que tal vez hacía mucho tiempo no sentía, y eso lo mantiene atado a su desliz amoroso.
Está con su amante pero no quiere perder a su esposa y la seguridad familiar que ella le brinda, ni tampoco a sus hijos. Sigue entonces viviendo una doble vida, hasta que es descubierto. Su esposa al enterarse decide no perdonarlo y le pide el divorcio sin ninguna oportunidad de arreglo, pues ella es firme y tajante.
¿Qué pasa entonces? Tiene que dejar su hogar, pierde por lo menos la mitad de su fortuna o mas si es que la tiene, y se ha quedado solo. Podríamos pensar que ya le queda el camino libre para seguir con la otra, pero de una manera extraña, en la mayoría de los casos, el hombre pierde por completo el interés en la aventura.
¿Por qué? Porque el pecado y lo prohibido era lo que lo ataba a ella, y ahora su interés se pierde, quedando solo la desolación de haber perdido algo muy valioso: Su hogar y su familia. Ahora, en los casos en que el hombre se queda con la amante, sucede que la amante no le puede brindar lo que su esposa le ofrecía, porque esta mujer no puede actuar como tal, y pronto el hombre se desencanta y de todas formas la deja.
Las Consecuencias del Pecado
Las consecuencias del pecado siempre son funestas y arrastran a muchos inocentes a su paso. En el caso del ejemplo, los hijos son los que sufren las peores consecuencias de inestabilidad emocional. Así es como suele actuar el pecado en nuestras vidas, en cambiar todo lo bueno que tenemos por miseria y desolación.
Este fue solo un ejemplo pero los casos pueden ser innumerables. Son muchas las valiosas cosas que perdemos por nuestros malos actos, por no salir corriendo ante los primeros indicios de la tentación. El pecado no llega solo, el pecado es una tentación que acariciamos y por la cual nos dejamos llevar casi sin darnos cuenta.
Es por eso que ante ella hay que cortar definitivamente y acogernos a Dios, porque el puede darnos la fuerza para no caer. Por eso el Señor dijo en Mateo 26:41: «Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».
Recordemos que el diablo está al acecho viendo a quien devorar, y él sabe muy bien cómo manejar nuestras debilidades, sobre todo si no estamos con el Señor. Es por eso que Cristo nos advierte que estemos alerta y en oración, porque la tentación solo se puede vencer a través de Cristo.
Somos humanos y aunque el cuerpo es débil, el Espíritu de Dios nos puede hacer fuertes si le buscamos. Y aunque el estar con Dios no nos exime de las tentaciones, si nos garantiza que no permitirá al diablo que nos tiente más allá de lo que podamos soportar, y que nos dará la fuerza para resistir, y la salida para no caer en ella.
Porque no hay poder mas grande que el de Dios, pero Él solo nos puede auxiliar si se lo pedimos, y si lo hacemos, entonces el diablo no tendrá influencia alguna sobre nosotros. Por eso el apóstol dice en Santiago 4:7-8 lo siguiente: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros». Esto es más que una promesa.
La tentación puede que se presente en muchas ocasiones, pero de nosotros dependerá el caer o no, porque ya Cristo nos ha dado la clave para vencer, y en el día del juicio nos pedirá cuentas.
Porque si toda transgresión y todo pecado recibió la justa retribución en el pasado (Recordemos, Adán y Eva o el pueblo de Israel, solo por mencionar unos ejemplos), ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una Salvación tan grande? (Hebreos 2:2-3).
No nos hagamos tontos, porque si bien hoy estamos en el tiempo de la gracia, ese tiempo pronto acabará, y ya no habrá misericordia en el juicio de Dios.
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