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Dios Quiere un Corazón Arrepentido

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Mas que sacrificios, Dios quiere un corazón genuinamente arrepentido y obediente a sus principios. Veamos cómo lo plantea la Biblia.

«Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios», Salmo 51:17. Mas que sacrificios, Dios quiere arrepentimiento genuino y obediencia a sus principios.

En los tiempos antiguos, la forma en la que se perdonaban los pecados era a través de sacrificios de animales; pero eso se volvió un mero formalismo porque no había arrepentimiento genuino ni conversión. Los hombres sacrificaban al animal en honor a Dios, pero seguían viviendo una horrenda vida de pecado como si nada hubiera pasado.

Por eso Dios muy enojado decía a su pueblo: «Para qué me sirve, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. Mas bien, lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras; dejad de hacer lo malo y haced el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda», Isaías 1:11, 16-17.

Lo mismo quiere hoy de nosotros: verdadero arrepentimiento y genuina conversión, porque hoy está sucediendo lo mismo con el pueblo de Dios, el Israel Moderno. La mayoría de los cristianos en la actualidad, creen que por haber repetido una oración, invitando a Cristo a entrar en su corazón, sin un genuino arrepentimiento ni confesión de sus pecados a Dios, clamando por su perdón y misericordia, ya son salvos, y ya ganaron el cielo, pero no es así.

En primer lugar, Cristo no va a entrar a un corazón que no acepta su condición de pecado y que no está dispuesto a cambiar, porque Cristo no es un alcahuete. Cuidado!! No confundamos bondad y misericordia con falta de autoridad o carácter. Recordemos lo que dice en Números 14:18:

«Jehová, es tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación».

Es tardo para la ira y grande en misericordia, porque nos ama tanto que nos tiene mucha paciencia, pero que cuando su paciencia se agota por nuestra persistente rebeldía tiene que castigar, y lo hace sin misericordia.

La Biblia muestra como tuvo que castigar a su pueblo amado, y aunque le dolió mucho, los castigó de todas formas destruyendo por completo la ciudad amada y el majestuoso templo de Dios. Porque si bien es cierto que Dios es amor, también es fuego consumidor; la misma Biblia lo declara en Hebreos 12:29 y Deuteronomio 4:24.

Dios Quiere un Corazón Arrepentido

Dios no nos pide mucho para perdonarnos, Él solo quiere un corazón arrepentido. Pero Dios quiere un arrepentimiento genuino y una verdadera disposición para dejar de pecar, poniendo nuestra fe en Jesús. ¿Pero por qué poniendo nuestra fe en Jesús? Porque es solo a través de Cristo, nuestro Salvador que podemos ser justificados.

Nadie puede ser considerado justo ante los ojos de Dios por sus propios méritos, porque por mas buenas intenciones que tengamos de ser buenos y justos, nuestra naturaleza carnal nos traicionaría una y otra vez. Es imposible ser buenos por nosotros mismos.

¿Y qué significa ser justificados? Ser justificado significa hacer justo y sin ninguna culpa al culpable. Significa en este caso, hacer justo al pecador, por el sacrificio de Jesús, limpiándolo de toda transgresión y reconociéndolo como inocente de todo pecado y maldad. Sin importar cual haya sido la magnitud de su pecado, es perdonado por Dios.

Pero hay un requisito que el pecador debe cumplir. Y ese requisito consiste en reconocer de corazón sus pecados, arrepentirse genuinamente de ellos, confesarlos a Dios y estar dispuesto a no volverlos a repetir poniendo la fe en Cristo para lograrlo.

El Corazón Arrepentido y la Disposición de Cambio

Es ahí donde comienza el proceso de santificación que requiere de nosotros una disposición de cambio y de transformación para nuestra vida. Es cuando decidimos de corazón empezar una nueva vida, porque estamos cansados de la vida que llevamos hasta entonces.

Es cuando verdaderamente comenzamos de nuevo de la mano del Señor, dejando atrás nuestra vida de miseria y de dolor, de pecado y de maldad para caminar hacia adelante, hacia la victoria, hacia esa transformación que nos hará libres de la esclavitud del pecado, dando un paso a la vez y sometiendo todo a la Voluntad de Dios.

Parece muy difícil si lo hacemos por nosotros mismos, pero no lo es si vamos de la mano del Señor. Recordemos lo que dijo Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», Filipenses 4:13.

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Esta entrada fue publicada en marzo 6, 2022 por en Vida Eterna y etiquetada con , .
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