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La Ley de Dios es la Ley del Amor pues al guardarla reconocemos su autoridad y agradecemos su misericordia. Veremos lo que dice la Biblia.
En Éxodo 20:6 dice el Señor: «Y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos». Cuando un hijo obedece a sus padres les demuestra, consideración, respeto y amor. Es el amor y la convicción de que lo que ellos le ordenan es por su bien, y por eso obedece; no por temor al castigo aunque también haya uno cuando desobedece.
Del mismo modo hay leyes que obligan a los padres a no maltratar a los hijos porque al hacerlo acarrearán un problema legal. Sin embargo, los padres no cumplimos con esas leyes por temor al castigo, sino que lo hacemos por el infinito amor que tenemos a nuestros hijos.
La Ley de Dios Es la Ley del Amor
Así mismo, los verdaderos hijos de Dios obedecemos sus mandamientos por el infinito amor, respeto y consideración que le tenemos a nuestro amado Salvador, quien dio su sangre gota a gota por nosotros sin merecerlo. Qué siente un padre cuando un hijo le desobedece? Lo has sentido alguna vez?
Claro que los que somos padres lo hemos sentido, y es muy triste. Cuánto más puede sentirse Cristo, quien después de semejante sacrificio por nosotros, muchos dicen que ya no hay que guardar su ley.
Para Cristo Obedecer sus Mandamientos es Señal de Amor
Para Cristo, la obediencia a sus principios es una señal del amor que le tenemos. Él mismo lo dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos», Juan 14:15. Y agrega: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor», Juan 15:7.
Cristo guardó fielmente los mandamientos de su Padre, y por eso hoy nos insta a nosotros a guardarlos también, si es que en verdad le amamos. Pero veamos también lo que dice el apóstol en 1 Juan 2:4-5 «El que dice yo le conozco, y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él».
Negar y desobedecer las leyes de Dios es negar el sacrificio de Jesús, desconociendo su amor y su autoridad sobre nosotros. Al decir que no queremos obedecer a sus mandamientos, nos estamos saliendo del plan de Salvación y estamos desechando la maravillosa Gracia que nos redime. En una palabra, estamos perdidos.
El apóstol Pablo resume de manera magistral cómo la Ley de Dios, es la Ley del amor, y dice así: «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Pues: ‘No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor», Romanos 8:10-13.
Pero ese mismo puro y sincero amor que recibimos de Dios por el sacrificio de Jesús, es el que nos impide ofender a Dios con nuestros actos. Porque recordemos que cualquier acto de maldad, antes que al prójimo, a quien primero ofende es a Dios. Concluyendo acerca de todo lo anterior, podemos por tanto decir, que la Ley de Dios es la Ley del Amor.
Termino con estos hermosos versículos. Dice el Salmista:
«Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos. Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.», Salmo 119:10-16. Creo que esta es la mayor expresión de amor de un hombre hacia Dios, y ojalá todos pudiéramos expresar estas mismas palabras acerca de su Ley, al Dios del Cielo.
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