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Qué Es la Gracia

Qué es la Gracia

Qué es la Gracia (Image by Nicholas Demetriades from Pixabay)

La Gracia es el amor de Dios hacia nosotros, que aun siendo pecadores, Cristo decidió pagar nuestra deuda para salvarnos, y lo veremos ahora.

La Gracia es el amor de Dios hacia nosotros, que aun siendo pecadores y culpables, y teniendo en cuenta que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), Cristo decidió pagar nuestra incalculable deuda de pecado, para rescatarnos y salvarnos. La gracia de Dios nos perdona por haber violado su Ley y la Gracia de Dios nos capacita para guardarla de ahora en adelante.

¿Cuál es la motivación que yo debo tener para obedecer la Ley de Dios? Obedecemos la Ley no por un vano intento de ser justificados por ella, ya que por las obras de la Ley nadie será salvo, y solo por medio de la Ley es el conocimiento del pecado, sino como resultado de la Salvación que recibimos con tanta Gracia porque Cristo dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos».

Es por eso que el fundamento de nuestra Salvación se basa en el amor de Dios hacia nosotros, que nos regala el perdón de pecados sin pagar por ellos; y en nuestro amor hacia Dios que en agradecimiento a su misericordia obedecemos sus mandamientos porque el amor y la obediencia van de la mano.

Es una obediencia que surge de manera natural en nuestro corazón como resultado de una relación de Pacto con Él. Así que cuando veamos la Ley la entendamos desde el punto de vista del amor sincero que le profesamos a Dios, y el hecho de obedecerla simplemente fluirá de nosotros de manera natural.

Dios dice en todo el libro de Deuteronomio que significa repetición de la Ley: Recuerda todo lo que yo he hecho por ti así que sé agradecido, entra en una relación de amor conmigo y como consecuencia necesaria obedecerás mis mandamientos porque ellos estarán en tu corazón, en tu mente y formarán parte de ti.

Qué Es la Gracia

La Gracia representa el amor de Dios, hacia una humanidad pecadora e impura. Es a través de la Gracia que el Espíritu Santo nos transforma si entregamos a Dios nuestra voluntad. En Tito 2:11-13 dice: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo».

La Gracia nos enseña que si renunciamos a toda maldad y a todo deseo pecaminoso, Cristo nos redime, es decir, que nos saca del abismo del pecado en el que hemos estado hundidos durante toda la vida, nos limpia, nos purifica de toda impureza y nos santifica para poder ser dignos de vivir con El toda la eternidad. Eso significa que por su Gracia Jesús nos perdona de nuestros viejos pecados pero también nos capacita para dejar de pecar. Qué maravilloso, no es verdad?

Se trata de tener un nuevo corazón puro y santo, libre de pecado por la Gracia de Dios. Es la Gracia la que nos transforma, y puede vivificar esas facultades muertas por el pecado, y hacerlas nuevas, para la gloria y honra de Dios, y para prepararnos para la eternidad.

El rechazo de la Gracia

Rechazar la Gracia de Dios es creer que después de recibirla, es decir, que después de ser perdonados por Dios podemos seguir pecando.

El decir de muchos cristianos hoy, es que no guardan la Ley porque no estamos bajo la ley sino bajo la Gracia; y quien no guarda la ley la está transgrediendo, es decir, que está pecando, porque el pecado es la transgresión de la ley (1 Juan 3:4).

Pero la Gracia, que es un regalo de perdón inmerecido sin haber pagado por el pecado, no significa que despues de haberla recibido podemos seguir pecando como si nada, porque si lo hicieramos, estaríamos afrentando a Dios, y eso es terriblemente ofensivo para Él. Veamos lo que dice en Hebreos 10:26-31:

«Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. ¿Cuánto castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!».

Significa entonces que si una vez hemos recibido la maravillosa Gracia de Dios, y seguimos sin la firme intensión de dejar de pecar, para Dios es como si estuviéramos pisoteando el sacrificio de Jesús en la cruz. Y es que al hacerlo en verdad pisoteamos, minimizamos y subvaloramos lo que hizo Cristo por todos, y Dios entonces se vengará de nosotros.

No podemos creer que por el infinito amor de Dios hacia nosotros, nos perdonará tan grande afrenta de quienes con esto rechazan el regalo de la Gracia, como lo expresan los versículos citados. Cristo está dispuesto a liberarnos del pecado a través de su Gracia, pero el no obliga a nadie. Y si persistimos en pecar, llegará un momento en que nuestra voluntad por naturaleza se va a inclinar al mal, trayendo como consecuencia nuestra propia e inexorable destrucción. Recordemos que la misericordia de Dios tiene un límite.

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Esta entrada fue publicada en febrero 9, 2022 por en Vida Eterna y etiquetada con , .
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