
El Significado de Creer en Jesús (Image by jplenio from Pixabay )
Muchos dicen creer en Jesús pero viven una vida contraria a sus principios. Ahora veremos lo que en verdad significa creer en Jesús.
Cuando creemos en algo o en alguien le seguimos, le imitamos y nos dejamos guiar por lo que dice o hace. Un ejemplo muy claro es cuando estamos pequeños que escuchamos y obedecemos a nuestros padres, porque creemos fielmente lo que ellos nos enseñan.
El Significado de Creer En Jesús
¿Cuál es el significado de creer en Jesús? ¿Qué significa entonces creer en Jesús? Creer en Jesús es precisamente eso. Creer en Jesús es imitarle, seguirle, obedecerle y dejarnos guiar por sus principios, al punto de que nuestra vida sea por completo transformada.
Creer en Jesús es someternos a su voluntad; es dejar de hacer lo que nos gusta, si eso ofende a Dios, para hacer lo que le agrada, lo que lo honra y lo glorifica. Creer en Jesús es permanecer en Él, es guardar sus mandamientos, así como Él también los guardó cuando estuvo aquí en la tierra.
Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”, Juan 15:10.
Creer en Jesús Implica Transformación
No podemos decir que creemos en Jesús si seguimos pecando. No podemos decir que creemos en el Señor si nuestras costumbres y malos hábitos siguen siendo parte de nuestra vida diaria, porque si amamos a Jesús, tenemos que cambiar nuestra vieja manera de vivir.
Creer en Jesús implica acción y cambio. Cuando creemos verdaderamente en Cristo, dejamos de ser como somos, para acercarnos cada vez más al carácter de Cristo, para alcanzar la estatura del varón perfecto, es decir, de la plenitud de nuestro Salvador (Efesios 4:13), como lo exige Dios.
Es cuando tenemos que menguar nosotros para que Cristo crezca dentro de nosotros, y haga la obra perfecta de transformación y santificación si queremos pasar la eternidad con El, porque recordemos que dice la Biblia que “sin santidad nadie verá a Dios”, Hebreos 12:14.
Eso es lo que significa verdaderamente creer en Jesús, y el que cree en Jesús tiene vida eterna. Veamos lo que dice en Juan 3:36:“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre Él”
Y en Juan 3:18-19 lo expresa así: “El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron mas las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.
Lo que pasa en la actualidad es que la gente rehúsa creer en Jesús de verdad, aunque afirman creer, porque aman más las tinieblas que la luz. Aman más al mundo y sus placeres que lo que Cristo nos ofrece, porque se dejan absorber por el mundo que pronto pasará, y se olvidan de lo que pronto está por venir.
Dice el apóstol: “No améis al mundo, ni las cosas del mundo. Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre sino del mundo”, 1 Juan 2:15-16. Porque el que es amigo del mundo es enemigo de Dios
Es muy fácil dejarnos absorber por el mundo, pero tenemos que luchar por vencerlo porque Dios nos exige una entrega total. Los planes de Satanás consisten en mantenernos ocupados y entretenidos para que nos olvidemos de Dios.
Con mucha sutileza y astucia ha logrado invadir nuestro entorno, y además de las muchas actividades, tenemos tantas diversiones y pasatiempos que es muy fácil sucumbir ante ellos. Es por eso que hoy más que nunca, tenemos que permanecer aferrados a Dios y a su santa palabra.
Tenemos que establecer una estrecha relación con Dios a través de la oración constante y estudiar a diario su Palabra. Los seres humanos nos convertimos en lo que constantemente contemplamos, y solo siendo consistentes en la Palabra de Dios, es que podremos transformar nuestro carácter.
Pero si en vez de eso, ocupamos la mayor parte de nuestro tiempo en actividades mundanas no alcanzaremos la perfección que el Señor nos exige y estaremos literalmente perdidos.
Tenemos que prepararnos para la eternidad, porque nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde vendrá Cristo por nosotros (Filipenses 3:20), ya que lo que vivimos hoy es temporal y será destruido.
Sin embargo, el Señor no nos llevará consigo si al momento de su venida no hemos sido transformados al carácter de Cristo, porque ningún pecador será aceptado en el cielo, y ya no habrá entonces arrepentimiento ni ruego que valga. El Señor simplemente nos dirá: “No os conozco. Apartaos de mí hacedores de maldad”, (Mateo 7:23).
Es por eso que el tiempo de arrepentirnos y de cambiar es ahora, cuando todavía nos queda tiempo. Dejemos de perder el tiempo en redes sociales, youtube o televisión, y más bien dediquémonos a prepararnos para nuestro maravilloso encuentro con el Señor. No juguemos con nuestra eternidad.
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