Aprender a Perdonar

Aprender a perdonar
Aunque no sea fácil hay que perdonar porque Cristo lo dijo. ¿Pero cómo? A continuación veremos cuál es la clave para aprender a perdonar.
Cristo dijo: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”, Mateo 6:14-15.
El Señor está diciéndonos aquí que tenemos que perdonar, y no es opcional sino obligatorio, porque si no lo hacemos, Él tampoco nos perdonará. El punto es que aunque sabemos que tenemos que hacerlo, cómo nos cuesta lograrlo; y nos cuesta porque jamás podremos perdonar en nuestras propias fuerzas, sino que es a través de Cristo que logramos alcanzarlo.
El nos dice que perdonemos, pero Él no nos deja solos en esta ardua tarea. Es Cristo el que nos da la gracia y la fuerza necesarias para poder perdonar, porque Él está siempre ahí para brindarnos su apoyo en cualquier cosa que necesitemos.
El Perdón de Dios
Recordemos que para Dios, no hay pecado pequeño, porque pecado es pecado y tanto la mentira como el asesinato, el fraude o la violación física, son pecados grandes para Él, pecados todos que se encuentran al mismo nivel ante sus ojos, y que no solamente lo ofenden sino que dañan nuestra relación con Él.
Sin embargo, y a pesar de todas nuestras debilidades, falencias y pecados, Cristo nos ha perdonado, y aun estará dispuesto a perdonarnos siempre que arrepentidos, le busquemos para confesar nuestras faltas de todo corazón.
En el Salmo 25:11 dice así: “Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande”.
Es por eso que aunque nos cueste, tenemos que aprender a perdonar así como Dios nos perdona, y para eso tenemos que conocer a Cristo a través de su Santa Palabra y aferrarnos a su gracia, para ayudarnos en el proceso.
Aprender a Perdonar
Ahora veremos cómo aprender a perdonar y para comenzar definamos lo que significa perdonar según el diccionario:
“Olvidar la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni castigarla por ella; es no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella”.
Pero significa también, librar a un ofensor de su culpa, por algo que nos ha hecho, afectándonos de manera negativa, y liberarnos a nosotros mismos del dolor y la rabia por la ofensa, incluyendo además, restaurar la relación mediante la reconciliación.
Cristo siempre nos dio ejemplo del perdón. Veamos lo que dijo antes de morir en la cruz, sumido en el dolor físico y espiritual, refiriéndose a sus opresores: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, Lucas 23:34.
Debemos entender que somos humanos y así como otros nos ofenden, muchas veces también nosotros ofendemos, y es por eso que debemos ser condescendientes porque a veces muchas de esas ofensas se hacen aun sin intención y no vale la pena mantener el dolor, la rabia y el resentimiento causados por algo que puede ser trivial.
Pero aun en aquellos casos en los que alguien nos ha dañado profunda e intencionalmente, debemos también perdonar, porque ese perdón nos va a liberar de cargas y sanará nuestras heridas.
Una ofensa no perdonada genera en nuestro interior raíces de amargura, cadenas de opresión y ligaduras de impiedad, menguando nuestra espiritualidad, afectando nuestra paz y entorpeciendo nuestra relación con Dios.
Perdonar es soltar esa pesada carga que nos aprisiona, que nos imposibilita a avanzar. Lewis B. Smedes, teólogo norteamericano decía: “Perdonar es soltar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú”.
Y es cierto, porque la falta de perdón al único que daña es a uno mismo, convirtiéndonos doblemente en víctimas, no solamente cuando se dio la ofensa, sino por el resto de la vida cuando mascullamos y acariciamos persistentemente ese dolor. Dicen que recordar es vivir, de tal manera que si seguimos recordando aquel dolor, estaremos sufriendo constantemente y reviviendo el daño sin necesidad.
Pero el perdón no es una obra humana, el perdón es solamente una obra divina. Es en lo divino, en lo espiritual, en Cristo mismo, donde debemos buscar y encontrar esa consolación tan necesaria para poder superar la ofensa y perdonar; y al perdonar, seguir adelante con la vida.
Es nuestra fe y nuestra dependencia absoluta en Cristo la que nos va enseñando a perdonar, pero la decisión tiene que ser nuestra. Es cuando nosotros decidimos perdonar que el Espíritu Santo entra a trabajar en nosotros al entregarle nuestra carga y nuestro dolor a Él.
Hay que perdonar, no solo por nuestro bien sino porque es un mandato de Dios, si queremos alcanzar la eternidad. Veamos lo que nos enseña Jesús a través de una parábola en Mateo 18:
“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.
Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.
Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste, tuve misericordia de ti. Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”.
En otras palabras significa que quien no está dispuesto a perdonar a otros sus ofensas, tampoco merece el perdón de Dios.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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