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Qué Debo Hacer Para Ser Salvo

Qué debo hacer para ser  Salvo

Qué debo hacer para ser  Salvo

Qué hacer para ser salvo es la pregunta que le hicieron a Jesús,  algunos, y veremos la respuesta a continuación, según la Palabra de Dios.

“Al salir Jesús para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.  Los mandamientos sabes: No adulteres.  No mates.  No hurtes.  No digas falso testimonio.  No defraudes.  Honra a tu padre y a tu madre”, Marcos 10:17-19.

En la actualidad, la mayoría de los cristianos dicen que ya no hay que guardar los mandamientos, sin embargo aquí Cristo afirma lo contrario. Transgredir los mandamientos de la Ley de Dios es lo mismo que pecar, y el hecho de ser salvos de ninguna manera nos da licencia para pecar, porque el pecado y la Salvación no son afines.

Qué Debo Hacer Para Ser Salvo

Pero guardar los manfdamientos solamente no nos puede dar la Salvación, y por cierto que nadie puede guardarlos. ¿Entonces qué debo hacer para ser salvo?

Parece confuso pero en realidad no lo es. En primer lugar si tenemos que guardar los mandamientos, pero no para alcanzar la Salvación sino mas bien para mantenerla, porque el guardar los mandamientos no nos da la Salvación. Quien nos da la Salvación es Cristo.

La Salvación es un regalo de Dios, pero hay condiciones para recibir ese regalo y son: Arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados por haber ofendido a Dios con ellos, someternos a la voluntad de Dios y a la obediencia a sus principios, y estar dispuestos a dejar de pecar, es decir, estar dispuestos a guardar sus mandamientos.

Pero decíamos que nadie puede guardarlos, entonces? Es cierto, ningún hombre en su capacidad humana puede guardar los mandamientos, sin embargo, una vez hecha la confesión de fe, arrepintiéndose genuinamente de sus pecados, estando dispuesto a obedecer, y sellando el Pacto con Cristo a través del bautismo, entonces el Espíritu Santo, entra a morar en él y lo  capacita para dejar de pecar.

En el libro de Hechos 2, después de un discurso que el apóstol Pedro dio a los israelitas reunidos allí sobre  Cristo  y lo que vino a hacer, algunos le preguntaron: Qué haremos (para ser salvos)? Y Pedro les contestó:  Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

Eso es lo que Cristo llama nacer de nuevo, y significa que Dios implanta en nosotros su simiente, haciéndonos nuevas criaturas, “porque el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”, dijo el Señor en Juan 3:5. Al nacer de nuevo, la semilla de Dios implantada en nosotros, cambia nuestra naturaleza pecaminosa y nos da una nueva naturaleza.

No podemos dejar de pecar en nuestras propias fuerzas, y Dios sabía eso desde el principio. Es por eso que Dios nos da la maravillosa oportunidad de nacer de nuevo, y aunque es una oportunidad para todos, no todos la toman.

Una vez nacidos de nuevo, es en esa nueva naturaleza espiritual, que sí podemos guardar los mandamientos, y si podemos dejar de pecar.

Dice el apóstol en 1 Juan 3:9 lo siguiente: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido”.

¿Está más claro ahora? Al nacer de nuevo, ya no nos dejamos llevar por las cosas materiales, ni nos guiamos por los designios de la carne, sino que ya nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, y ese mismo Espíritu es el que nos da la convicción de pecado para alejarnos de él.

“Porque los designios de la carne son enemistad contra Dios, por cuanto no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. Pero todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”, dice en Romanos 8. Es por eso que al nacer de nuevo, nos convertimos en hijos de Dios.

Es a partir de ese nuevo nacimiento que tenemos que andar pegaditos de la mano de Cristo, no solamente en oración constante sino, en la lectura y estudio de su Palabra, para prepararnos para la Eternidad. Es también a partir de ese momento que comienza nuestro proceso de santificación, sin el cual está escrito, que no estaremos con Dios (Hebreos 12:14).

Entonces resumiendo lo que debo hacer para ser salvo, es que tengo que nacer de nuevo del agua y del espíritu como dijo el Señor, y para la santificación, estudiar la Palabra de Dios y andar aferrados del Señor en oración, porque separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).

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Esta entrada fue publicada en enero 10, 2020 por en Vida Eterna y etiquetada con , .
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