La Obediencia Que Nos Exige Dios

La obediencia que nos exige Dios
Dios nos exige obediencia y esa obediencia es la clave de nuestro caminar con Cristo. Ahora hablaremos de la obediencia que nos exige Dios.
En 1 Samuel 15:22 dice así: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención a la Palabra de Jehová, mejor que la grosura de los carneros”.
Si queremos entrar al cielo tenemos que ser obedientes a todo lo que Dios demanda de nosotros, es decir, ser fieles a su Santa Voluntad. Cristo nos ha prometido la Salvación y de hecho nos la ha dado, pero para nosotros hacerla efectiva después de arrepentirnos y decidir seguirlo, tenemos que vivir en obediencia a su Palabra, porque la promesa de la Salvación está condicionada a nuestra obediencia.
Veamos ahora cual fue la condición que Dios puso a los israelitas para poder recibir la Tierra Prometida: “Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da”, Deuteronomio 4:1.
Luego en Deuteronomio 6:17-18 lo repite: “Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres”.
Y en Deuteronomio 8:1 el Señor persiste diciendo: “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres”.
La Obediencia Que Nos Exige Dios
Dios es persistente en cuanto a que seamos obedientes y del mismo modo que fue persistente en recordar una y otra vez a los israelitas del cumplimiento de sus mandamientos, para poder entrar en la Tierra Prometida, con mayor razón hoy nos exige obediencia a sus preceptos para poder entrar al cielo que será nuestra morada eterna, si clasificamos para alcanzarla.
Es obvio que Dios no puede permitir pecadores en el cielo, porque Él es Santo y también lo es su morada. Es por eso que Él dijo: “Sed santos porque yo soy Santo”, 1 Pedro 1:16. Y en Hebreos 12:14 dice que “sin santidad nadie verá a Dios”.
Dios nos exige obediencia pero también nos exige santidad y perfección para entrar al cielo, y eso solo podemos lograrlo a través de Cristo. Jesús vino a morir por nuestros pecados y es a través de su sangre que entramos en un Pacto Sagrado con Dios, y en los pactos hay dos personas o dos partes que intervienen, que se comprometen a hacer algo.
En este caso el Pacto es entre Dios y nosotros. La parte de Dios es perdonar nuestros pecados pasados y el perdón de los futuros siempre y cuando estemos dispuestos a dejar de pecar, para poder entrar al cielo. Y la parte nuestra es separarnos para Dios, dejando el mundo y viviendo en santidad.
Y Dios nos advierte de no olvidarnos de su Pacto: «Guardaos, no os olvidéis del Pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso», Duteronomio 4:23-24.
Pero además Dios nos amonesta como les amonestó a ellos diciendo:
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”, Deuteronomio 8:11-14.
Egipto siempre representa en la Biblia el pecado y la maldad, como lo fue Egipto en aquel tiempo. Los israelitas fueron esclavos de Egipto pero nosotros somos esclavos del pecado (Egipto), antes de conocer a Cristo.
Hoy no tenemos a los profetas de Dios advirtiéndonos a cada paso esto, y gracias a las grandes distracciones y placeres del mundo se nos puede hacer algo difícil, pero Dios nos ha dejado su Santa Palabra, y es solamente a través del estudio concienzudo de ella que podemos permanecer firmes en el Señor.
Esta advertencia, y todas las advertencias que han quedado plasmadas en la Biblia son para que hoy nosotros también las asumamos, porque nada de lo que hay en la Palabra de Dios es fortuito o casual sino bien planeado por Dios como testimonio para todas las generaciones pasadas presentes y futuras.
Somos el Pueblo Escogido de Dios hoy y son también para nosotros estas palabras en Deuteronomio 26:18-19: «Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos, a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho».
Debemos recordar que Dios será implacable en su venida, y no habrá ninguna justificación para aquellos que no quieran vivir de acuerdo a sus principios. No habrá ninguna excusa, ni podremos decir que no sabíamos porque Él nos dejó ese maravilloso manual de vida no solamente para conocer lo que Él quiere de nosotros, sino también para prepararnos para la eternidad (2 Timoteo 3:15-16).
Cristo es Nuestro Salvador, y aunque Él no puede estar con nosotros de cuerpo presente, nos ha dejado su Santo Espíritu, pero también su testimonio de vida a través de las Sagradas Escrituras (Juan 5:39), mandándonos a escudriñarlas no solo para conocerle sino también para estrechar nuestros lazos afectivos con Él.
Cada cristiano verdadero tiene que tener una intima relación con Dios y tiene que caminar con Él diariamente, separando día con día, tiempo para orar y para leer la Palabra de Dios, porque ahí está la clave de la obediencia que nos exige Dios.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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