Quiénes Serán Salvos

Quiénes serán salvos (Foto de Pexels en Pixabay)
La Salvación es un regalo para todos, pero no todos se salvarán. ¿Por qué? ¿Quiénes entonces serán salvos? Lo veremos a través de la Biblia.
Debemos comenzar aclarando que la Salvación no se obtiene por hacer una oración y nada más, como muchos piensan. También hay que aclarar que la Salvación es un proceso de santificación, que comienza cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y decidimos seguir a Cristo; y termina cuando morimos o un poco antes de la Venida de Cristo, cuando se cierre la puerta de la Gracia. De la santificación es que depende si se alcanza la Salvación o no.
Y finalmente debemos también aclarar que, que la Salvación, una vez obtenida, se puede perder. Tanto el Apóstol Pablo como Jesucristo comparan la Salvación con una carrera. Cristo dijo en Mateo 24:13, que “solo el que persevere hasta el fin será salvo”. ¿Pero hasta el fin de qué? Hasta el fin de los tiempos, es decir, hasta el cierre de la Gracia que precederá a la Segunda Venida del Señor, que por cierto será más pronto de lo que imaginamos.
El hecho de que se pierda o no, tiene que ver precisamente con ese proceso de santificación que consiste en la transformación de nuestro carácter hacia el carácter de Cristo quien es nuestro modelo, y a alcanzar la victoria sobre el pecado.
Quiénes Serán Salvos
Ahora definamos las características de quienes serán salvos:
Serán salvos quiénes alcancen la victoria sobre el pecado. La Biblia es muy clara cuando dice que ningún pecador entrará al cielo. Dice así: “No entrará ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”, Apocalipsis 21:27.
Es decir que los que estén inscritos en el libro de la vida, son aquellos que hayan alcanzado la victoria sobre el pecado. Y de aquí se desprende la siguiente característica.
Serán salvos quienes vivan en santidad. La palabra santidad no tiene que ver con perfección. Santidad significa separarnos para Dios, es decir abstraernos del mundo en el cuál tenemos que vivir, y vivir para Dios. Pero aclaro, no estoy diciendo que hay que dejar de trabajar o cosa por el estilo, como una vez me dijo alguien.
No, se trata de cambiar viejos hábitos de conducta, como la manera en la que ocupamos nuestro tiempo libre, por ejemplo, puesto que ya pertenecemos a la familia de Dios y por lo tanto no podemos seguir haciendo lo que antes hacíamos. Ninguna diversión o entretenimiento del mundo, porque el mundo es del diablo y nada de lo que hay en el mundo agrada ni glorifica a Dios.
Lo dijo el apóstol en 1 Juan 2:15-16: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Pero también lo dice en Santiago 4:4 “El que es amigo del mundo es enemigo de Dios”.
Las cosas del mundo solo satisfacen los deseos de la carne y no hay nada espiritual en ellas, además, no podemos glorificar a Dios con ellas, ni nos preparan para la eternidad. El proceso de santificación solo es posible cuando nos abstraemos del mundo y nos separamos para Dios.
Dice en Romanos 8:5-8 lo siguiente: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu, y el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Así pues, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios’.
Serán salvos quienes sean transformados al carácter de Cristo. Dios quiere y exige que seamos como Cristo, porque Cristo no solamente vino para salvarnos, sino para demostrarnos como debíamos vivir. Y si queremos ser salvos, nuestra prioridad debe ser trabajar duro, y con la ayuda del Espíritu Santo para acercarnos cada vez más al carácter de Cristo, a la vida que Él llevó a su paso por la tierra. Una vida de santidad, oración, ayuno, entrega a Dios y ayuda incondicional al prójimo. ¿Lo estamos haciendo?
¿Pero cómo será que podremos lograr todo eso? Estudiando la Palabra de Dios con constancia, estableciendo una intima relación con Dios a través de la oración diaria y ferviente y clamando al Espíritu Santo que nos ayude a superar todas nuestras debilidades y flaquezas que nos robarán la eternidad de manera inminente.
Pero para todo eso tendremos que estar dispuestos a dejar tantas cosas del mundo que nos agradan, porque al seguir en el mundo, le estamos dando literalmente la espalda a Dios y con ello rechazando nuestra Salvación.
Recordemos la palabras de Jesús en Lucas 14 cuando dijo: “El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo; y cualquiera que no renuncia a todo lo que posee, tampoco puede ser mi discípulo”. Cristo dio su vida por nosotros y así mismo nos demanda una entrega total. “Cristo por todos murió para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”, dice en 2 Corintios 5:15.
La Salvación no es un juego, así que no la tomemos tan frívolamente, porque al final, los únicos perdedores serán aquellos que no la tomen en serio.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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