El Poder Transformador de Cristo

El Poder transformador de Cristo
El poder transformador de Cristo es inconmensurable, sin embargo, no puede alcanzar a todos. ¿Por qué? Lo veremos según la Palabra de Dios.
Cristo no puede llegar a la vida de alguien sin transformarlo, es imposible, porque todo lo que Cristo toca tiene que ser necesariamente cambiado, modificado o convertido, porque su poder es infinito. Es el poder transformador de Cristo.
La mujer del flujo de sangre, por ejemplo (Mateo 9:20-21), solamente tocó el borde de su manto y fue curada, y también por su fe fue salvada. Ella dijo: “Yo sé que si tan solo pudiera tocar el borde de su manto, seré sana”, y su convicción fue tal, que en verdad fue sanada.
¿Pero por qué fue curada con tan solo tocar el manto de Jesús? Porque ella estaba firmemente convencida del poder de Cristo y de que Él podía curarla, simplemente con tocar su ropa, y al creerlo le fue concedido por Dios. Fue su enorme fe la que activó el poder de Dios.
Sin embargo, y muy a pesar del inconmensurable poder de Cristo, no todos pudieron ser transformados, ni en aquel tiempo ni tampoco ahora. ¿Pero por qué? ¿Si el poder de Cristo es infinito, entonces por qué no todos pueden ser transformados?
El punto es que Dios determinó, que para que su poder fuera efectivo, es necesario contar con la fe de las personas y su disposición para ser transformadas. Es obvio que no todos son transformados porque no todos están dispuestos a seguir a Cristo, a morir al yo ni a dejar el mundo.
Todos quieren los beneficios y las bendiciones de Dios, pero no todos están dispuestos a renunciar a los placeres del mundo; todos quieren salvación, pero pocos asumen la santificación, porque recordemos que dice la Biblia que sin santidad nadie verá a Dios. Todos quieren perdón, pero pocos quieren dejar de pecar.
Dice en 2 Corintios 5:15 que “Cristo por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”, de tal manera que si es que en realidad somos cristianos, y si en realidad queremos la Salvación y todos los beneficios del Señor, debemos dejar el mundo y renunciar a todo por Él, porque es algo que Él mismo nos exige: “ Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”, Lucas 14:33.
Pero además dice la Biblia que “quien es amigo del mundo, es enemigo de Dios”, (Santiago 4:4), y no podemos pretender seguir en al mundo y seguir a Dios al mismo tiempo, porque no es así como funcionan las cosas con Dios. Con Dios es todo o nada, y es lo menos que puede exigir, después de haber dado su propia vida santa e intachable por miserables pecadores como lo somos todos en el mundo.
Es tan grande la exigencia de Cristo por nuestra entrega total a Él, que en Mateo 10:37-38 dice lo siguiente: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.
Significa entonces que quien no renuncia a todo por Él, simplemente no tendrá salvación. Es así de simple.
El Poder Transformador de Cristo
¿Entonces que necesitamos para poder ser transformados por Cristo? Para ser transformados por Cristo es necesario estar dispuestos a entregar por completo nuestra vida a Dios; someternos a su santa Voluntad, dejando el mundo y cumpliendo a cabalidad sus mandamientos; morir al yo y pedir encarecidamente al Espíritu Santo que nos ayude a alcanzar la victoria sobre el pecado, porque es de la única manera que en verdad el poder transformador de Cristo pueda ser efectivo en nosotros y nos prepare para la eternidad.
Aquí no se trata de si Cristo pueda o no hacer la obra en nosotros. Aquí se trata de que seamos nosotros quienes le permitamos a Cristo obrar en nosotros para transformarnos, porque Él no hará nada a menos que nosotros estemos dispuestos a permitir que lo haga.
Como saber si estamos siendo transformados por Cristo
La manera más simple de saberlo es si ya odiamos el pecado, y antes de hacer algo que sabemos no agrada a Dios, decidimos no hacerlo porque le ofende. Es el Espíritu Santo quien nos guía, quien nos da la convicción de pecado (Juan 16:8).
Ya no desperdiciamos el tiempo en cosas vanas, cosas mundanas que no edifican, sino que por el contrario, tenemos sed de Dios, de conocer su Palabra, de aprender cada vez más sobre ella para prepararnos para la eternidad y de compartirla con otros para que no se pierdan.
Si nada de esto está pasando en tu vida, es por en realidad no conoces a Cristo, y cuando tengas que enfrentarte a Él, será Cristo quien te diga:”No te conozco, apártate de mi hacedor de maldad, porque no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”, Mateo 7:21-23.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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