La Fe Sin Obras Es Muerta

La Fe sin obras es muerta (La Fe sin obras es muerta)
Si desobedecemos a Cristo, nuestro Salvador, entonces nuestra fe no es genuina, y tampoco somos salvos, porque la fe sin obras es muerta.
La Fe es poner una creencia en acción de tal manera que si no hay obras es obvio que tampoco existe la fe. Todos somos salvos por fe y asumimos esa Salvación cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y nos sometemos a la Voluntad de Cristo obedeciendo sus mandamientos y dejando el pecado atrás, lo que significa que creemos en Él, y lo ratificamos con nuestras obras de obediencia.
Del mismo modo que si no obedecemos la Voluntad del Señor quien es nuestro Salvador, significa entonces que nuestra fe no es genuina, y que por lo tanto no somos tampoco salvos, porque son precisamente la obras las que determinan nuestra fe.
Veamos un fiel ejemplo de lo que esto significa con la historia de Abraham. Abraham era un hombre común que Dios escogió para formar su Pueblo Escogido, siendo ya un hombre mayor y su esposa, Sara, mujer estéril.
Dios le prometió una gran descendencia, y Abraham le creyó al Señor, aún a pesar de sus circunstancias. Dios le dijo que saliera de su tierra, dejando atrás todo, y que se fuera con Sara, su mujer a donde Él le indicaría. Y Abraham lo hizo.
Después de muchos años de espera, por fin Abraham tuvo a su hijo, cuyo nombre fue Isaac. Era el hijo de la promesa, a través del cual Dios le daría esa gran descendencia. Pero un día, estando el niño ya grandecito, Dios le dijo a Abraham:
— Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, a Isaac, dirígete a la región de Moriá y, una vez allí, ofrécemelo en holocausto, en un monte que yo te indicaré”, Génesis 22:2.
Y Abraham obedeció. Tomó a su hijo y junto con dos de sus criados se dirigió al lugar que Dios le había indicado, y donde se suponía que debía ofrecer a su hijo en holocausto, e hizo todo como el Señor le había ordenado. Entonces, cuando estaba a punto de matar al muchacho para ofrecerlo a Dios en holocausto un ángel del Señor le gritó:
–“Abraham, Abraham. No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que obedeces a Dios y ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo”, Génesis 22:12.
Abraham creía ciegamente en el Señor y por eso ante su pedido, no lo pensó dos veces. Él simplemente obedeció, porque sabía que le debía todo lo que tenía, aun a su hijo, que había sido un milagro. Él creía verdaderamente en Dios y también creía en la promesa de una gran descendencia, aún a pesar de esta extraña petición.
Como vemos, fueron las obras de Abraham las que determinaron su fe, y como creyó el actuó. Esa fue tal vez la más grande prueba que se cuenta en la Biblia, y dice también que por ese acto de obediencia, le fue contado por justicia a los ojos de Dios, (Génesis 15:6). Esa es la fe que nos exige Dios.
La Fe Sin Obras Es Muerta
Lo mismo pasa con nuestra Salvación. La Biblia dice que somos salvos por fe y esa fe la demostramos a través de una obediencia ciega a nuestro Salvador Jesucristo. La gente dice que ya no hay que cumplir los mandamientos porque no somos salvos por obras, pero es que las obras nuestras no son para alcanzar la Salvación sino para demostrar que ya somos salvos y que como consecuencia somos obedientes a nuestro Salvador porque Él dijo:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”, (Juan 14:15); “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”, (Juan 14:21).
Si los mandamientos hubieran sido abolidos Jesús no habría dicho esas palabras. Además sería irreverente que porque no somos salvos por obras, y después de ese invaluable sacrificio de Cristo para perdonar nuestra enorme cuenta de pecados pasados para empezar desde cero con Él, siguiéramos pecando descaradamente.
Pero para eso Dios tiene la respuesta en Hebreos 10:26-31, donde muy claramente expresa que el que siga pecando después de conocer la verdad que es Cristo y pisoteando su sacrificio, solo queda para él el fuego eterno. Te invito a que leas esos versículos, que terminan con esta frase “Horrenda cosa es caer en manos del Dios Vivo”.
Podemos entonces decir que “la fe actúa junto con las obras, y que la fe se perfecciona en las obras, de tal manera que el hombre es justificado por las obras también y no solamente por la fe”, Santiago 2:22-24, porque la fe sin obras, es muerta. Más claro no puede estar.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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