La Fidelidad Que Nos Exige Dios

La fidelidad que nos exige Dios (Foto Foter)
Mucho se habla sobre la fidelidad de Dios que es inquebrantable, pero poco de la fidelidad que nos exige Dios. Lo veremos a continuación.
Como creyentes nos encanta hablar de la fidelidad de Dios y de cuán grandes son sus misericordias para amarnos y perdonarnos a pesar de nuestra condición imperfecta y pecadora, pero cuando se trata de hablar de la fidelidad que Dios nos exige, ya el asunto no nos parece tan agradable.
Queremos bendición pero no compromiso, queremos Salvación pero no santificación y todo porque queremos siempre recibir pero no estamos dispuestos a dar.
Jesucristo cargó con todos los pecados de la humanidad y los llevó a la cruz, para morir por nosotros y evitarnos el terrible castigo que debíamos enfrentar, y lo hizo por amor. Luego resucitó para darnos la Vida Eterna.
Pero las cosas no se quedan ahí, porque si bien es cierto que recibimos la Salvación por Gracia y no por obras, quien quiera obtener este beneficio, adquiere un serio compromiso con Dios de sometimiento y entrega a su santa voluntad, o dicho de otra manera, tiene que comenzar a vivir para Dios.
Como lo dice su Palabra en Romanos 14:9 “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”, y Señor significa, Amo, Dueño, o dicho de otra manera, significa que tiene el título de posesión de nuestra vida. Así pues con su sacrificio, Jesús nos da la Vida Eterna y nosotros al aceptarla, pasamos a pertenecerle. Es simple, quien quiera Salvación le debe sometimiento y total fidelidad a Dios.
La Fidelidad Que Nos Exige Dios
¿Pero entonces en qué consiste la fidelidad que nos exige Dios? En obediencia y total sometimiento a su voluntad, a guardar fielmente sus mandamientos y a comenzar el proceso de santificación, sin el cual no hay Salvación, porque justificación y santificación van de la mano. En Deuteronomio 10:12-13 está muy claro: “Ahora, pues, Israel, qué pide Jehová tu Dios de ti?, solamente que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad”.
Estas fueron palabras de Moisés al pueblo de Israel con referencia al compromiso de ellos dentro del Pacto con Dios (el antiguo pacto). Pero esta exigencia de Dios nos incluye hoy a nosotros dentro del Nuevo Pacto con Dios, sellado con la preciosa sangre de Cristo.
Dios nos exige fidelidad y esa fidelidad es la que determina si somos salvos o no, y son nuestros frutos los que lo demuestran. No podemos creer que somos salvos, si nuestra vida no ha sido transformada, aunque el pastor de tu iglesia lo asegure. Existen muchas iglesias en el mundo cuyos líderes ni siquiera conocen a Dios, mucho menos la Palabra de Dios ni sus exigencias.
Es por eso que debemos estudiar la Palabra de Dios, no solo para conocerlo a Él sino lo que tiene para nosotros y demanda de nosotros, pero sobre todo, para no dejarnos engañar. En Oseas 4:6 dice el Señor: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.
Jesucristo dio su vida pero para ser el dueño de la nuestra y eso implica total fidelidad a Dios. Él lo dijo en Mateo 16:24 de manera muy clara: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame», y en Lucas 14:33 dijo: «Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo». Jesucristo lo dio todo por nosotros, y por eso nos exige todo.
Esa es la fidelidad que nos exige Dios. Por favor, no juegues con tu eternidad, el tiempo se acorta. Jesucristo viene pronto y para entonces, ya no habrá tiempo de arrepentimientos.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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